La canción habla del mar Kineret, de la Galilea y del desierto floreciente, no habla de ejército, ni de muerte, ni de venganza, ni de sangre; habla de dignidad, de la alegría de vivir, del pueblo que reza en Jerusalén y canta en Tel Aviv y que está hermanado desde siempre y por siempre y que ha vivido una continua y constante guerra, la cual para asombro de propios y extraños, la ha ganado siempre desde el día de la independencia hasta ayer.