Además de que el propio Código Penal para la ciudad de México establece: “Los profesionistas, artistas o técnicos y sus auxiliares serán responsable de los delitos que comentan en el ejercicio de su profesión sin perjuicio de las prevenciones contenidas en la Ley General de Salud”.
Y en estos sistemas que han inventado y que todos hemos visto fracasar, se están perdiendo vidas o propiciando que los enfermos estén abandonados por el sector oficial. Admitiendo que los consultorios que han surgido en las farmacias, por lo menos cuentan con consultas médicas y medicinas a precios accesibles, pero solo para enfermedades que no requieran operaciones ni hospitalizaciones.
“Síganme, yo las llevo”. Ese ofrecimiento es mi primer recuerdo de Mexicali. (Excepcionalmente escribiré en primera persona, porque comentaré experiencias personales). Hace por lo menos 6 décadas, mi insustituible y único hermano Víctor Manuel, decidió vivir en la capital de Baja California. Ahí murió víctima del COVID 19.
El artículo 4 de la Constitución Federal dice que: “Toda persona tiene derecho a la protección a la salud, la ley definirá las bases y modalidades de acceso a los servicios de salud…”
“Que no sé nada...” Bien podría ser esta la frase que complete alguna respuesta de Claudia Sheinbaum ante un asunto peliagudo en el que, de plano no quiere “meter la pata”; no desea dar información o en el peor de los casos: de verdad ¡no está enterada!
La canción habla del mar Kineret, de la Galilea y del desierto floreciente, no habla de ejército, ni de muerte, ni de venganza, ni de sangre; habla de dignidad, de la alegría de vivir, del pueblo que reza en Jerusalén y canta en Tel Aviv y que está hermanado desde siempre y por siempre y que ha vivido una continua y constante guerra, la cual para asombro de propios y extraños, la ha ganado siempre desde el día de la independencia hasta ayer.
La vida de personajes como Carmelita, o el mismo Solzhenitsyn, son admirables por la fortaleza con que Dios les sostiene en el sufrimiento cotidiano ordinario. Con su propio dolor, el poeta tiene la capacidad de plasmar en el silencio y la soledad de lo que ha vivido y necesita compartir como una especie de desahogo y catarsis, sanación plena.
Los jóvenes nos identifican como ancianos y se escandalizan al compartir con ellos (hijos, sobrinos, nietos, etcétera) una inquietud política, que ellos no aceptan: en las próximas elecciones, votaremos por una persona de la iniciativa privada.
La degradación ambiental no es solo un problema ecológico, repercute en la salud, la economía y la justicia social. Por eso, el enfoque de “Madre Tierra como sujeto” es fundamental reconocerla como proveedora de recursos vitales y biodiversidad.
Por todo ello y por muchas razones más, en múltiples ocasiones me he sentido motivado a apoyar a personas y familias que han sufrido pérdidas derivadas de incendios.