Y el Centro Cultural Tijuana (CECUT) no olvidamos que fue una solicitud escuchada por doña Carmen Romano (tan criticada por algunos) comprendió la inquietud y cumplió su ofrecimiento, dotándonos de una institución soberbia.
A mí me tocaron las de la zona del Rio Tijuana; con puestos de comida, bebidas, juegos mecánicos y salones de baile. Asistían familias enteras a divertirse, con sombreros mexicanos, bigotes postizos, ruidosas trompetas; globos de colores, cascarones de huevo rellenos de confeti o harina, algodones de azúcar.
Lo alarmante para mí fue que de cada diez, sí, diez compañeros egresados de Guadalajara con los que iba platicando ocho tienen cáncer, unos operados al extirparles la próstata, otros en tratamientos agresivos como radioterapia, otros bajo tratamiento medicinal, y bueno, algunos de esos tratamientos u operaciones puede tener graves consecuencias si se operan...
La Ciudad de México es pionera en nuestro país en el mecanismo para asegurar que las personas puedan expresar sus preferencias sobre cómo desean que se les cuide y se les trate al final de su vida, pues habrá que recordar que en el 2008 fue promulgada la Ley de Voluntad Anticipada del entonces Distinto Federal.
AlEl vertiginoso avance de la inteligencia artificial (IA) ha desencadenado uno de los debates más intensos de la última década. Mientras algunas voces la presentan como una herramienta capaz de revolucionar la medicina, la educación y la investigación científica, otras advierten sobre riesgos que van desde la pérdida masiva de empleos hasta una hipotética amenaza para la supervivencia de la humanidad.
Para sorpresa quizá de los de Letras Libres, en la región de Altar, Sonora, se ubica la frontera de El Sásabe, cerca del Sáric; ahí, en el desierto de Altar, cruce de mojados y drogas, vivió de niño José Vasconcelos con su padre, el administrador de esa aduana a finales del siglo XIX. De ahí le nacieron frases tan ilustrativas como “En Sonora termina la civilización y comienza la carne asada”.
Los colegios que integran la FEDABO mostraron valentía al encarar a las autoridades y exigir un protocolo de protección. Ese gesto debe reconocerse. En un entorno donde muchas facultades de derecho y varios colegios han optado por una postura más prudente frente al poder político, la decisión de quienes sí alzaron la voz merece respeto.
Cada mañana, millones de personas salen rumbo a sus trabajos, las oficinas gubernamentales abren sus puertas, el transporte público se llena y las empresas —desde la más grande hasta la más pequeña— ponen en marcha sus operaciones. Sin embargo, nada de esta actividad formal sería posible sin un engranaje silencioso, no remunerado y sistemáticamente ignorado: la economía del cuidado.