“Que no sé nada...” Bien podría ser esta la frase que complete alguna respuesta de Claudia Sheinbaum ante un asunto peliagudo en el que, de plano no quiere “meter la pata”; no desea dar información o en el peor de los casos: de verdad ¡no está enterada!
La canción habla del mar Kineret, de la Galilea y del desierto floreciente, no habla de ejército, ni de muerte, ni de venganza, ni de sangre; habla de dignidad, de la alegría de vivir, del pueblo que reza en Jerusalén y canta en Tel Aviv y que está hermanado desde siempre y por siempre y que ha vivido una continua y constante guerra, la cual para asombro de propios y extraños, la ha ganado siempre desde el día de la independencia hasta ayer.
La vida de personajes como Carmelita, o el mismo Solzhenitsyn, son admirables por la fortaleza con que Dios les sostiene en el sufrimiento cotidiano ordinario. Con su propio dolor, el poeta tiene la capacidad de plasmar en el silencio y la soledad de lo que ha vivido y necesita compartir como una especie de desahogo y catarsis, sanación plena.
Los jóvenes nos identifican como ancianos y se escandalizan al compartir con ellos (hijos, sobrinos, nietos, etcétera) una inquietud política, que ellos no aceptan: en las próximas elecciones, votaremos por una persona de la iniciativa privada.
La degradación ambiental no es solo un problema ecológico, repercute en la salud, la economía y la justicia social. Por eso, el enfoque de “Madre Tierra como sujeto” es fundamental reconocerla como proveedora de recursos vitales y biodiversidad.
Por todo ello y por muchas razones más, en múltiples ocasiones me he sentido motivado a apoyar a personas y familias que han sufrido pérdidas derivadas de incendios.
A principios de 2026, los habitantes de los países más ricos reciben intereses en dólares que varían según el banco central, situándose las tasas de alto rendimiento entre el 3% y el 5% anual en EE.UU. para cuentas de ahorro, mientras que en Europa y en economías como Suiza son significativamente menores, reflejando políticas monetarias más restrictivas.
En ocasiones, el señor Ulises sorprendía a los cachanillas, viajando en el autobús a Tijuana para visitar a casi 40 seminaristas. Había fiesta al recibirlo, porque iba a disparar la comida china en Plaza Río.
Quien caminó por ese lugar, el pasado lunes 13 se pudo percatar que los botes para recoger la basura estaban derramando los desperdicios. Destacando botellas vacías de cerveza, cartones de empaque de las mismas. Y todo tipo de inmundicias. Es increíble cómo la gente puede ser tan agresiva con el medio ambiente.
El himno “La Marsellesa” fue creado para la zona de Marsella, Francia, como bandera de la Revolución Francesa y unió al pueblo galo contra los invasores que querían restaurar a la monarquía.