Hasta finales de dos mil veintitrés, el empleo en Tijuana era abundante. Bastaba presentarse en Otay, por el puente de la planta Panasonic, donde había carpas y más carpas de parte de distintas empresas que podían contratarte casi al instante. Sólo era cuestión de que te llevaran a la fábrica para presentarte y luego-luego a trabajar, a lo mucho, al día siguiente.
Hoy, las circunstancias han cambiado bastante. En las maquiladoras suelen verse, digamos, unos trescientos aspirantes o prospectos, y solo habrá cupo para unos cincuenta espacios.
Muchos trabajadores comentan que los impuestos han aumentado al momento en que empresas como la Hyundai, ingresaran a los Estados Unidos los grandes “cajones” camioneros que se ensamblan o fabrican en Tijuana, de tal manera que la empresa tiene menos ingresos y aunque tal vez resulte “difícil de creer”, esas empresas tenderán, o ya tienden a migrar. Algunas, según la vox populi, se irán a Texas.
Ante estas disyuntivas, la clase obrera de nuestra sexta zona metropolitana de México ha visto mermados sus ingresos monetarios, aunque se parta el alma en la línea, no en la línea terrestre internacional, sino en el grupo de trabajo en qué místicamente se divide al total de jornaleros en la fábrica. Un amigo me comenta que al mes de noviembre del año pasado eran 60 trabajadores en su centro de trabajo, donde fabrican palets para servir de bases en grandes estibas. Al cerrar el año despidieron a 30, de un solo tajo; luego a quince y después a diez, quedando sólo cinco trabajadores.
Desde mi pequeño negocio de chorizo y carne enchilada, estilo Guerrero, en Tijuana, converso con unos y otros.
Algunos amigos comentan que han llegado muchos deportados del vecino país del norte, de los cuales un buen porcentaje viene calificado o con muy buen dominio en oficios como lozeteros, electricistas, pintores y maquinistas, amén de tener buen manejo del inglés. Ello hace más competitiva la oportunidad en el mercado laboral para las familias que de una u otra forma somos migrantes en Tijuana. Bueno, es menester recordar que en nuestras ciencias sociales hay un constante movimiento en la definición de conceptos como migración, inmigración y emigración. Algunos científicos sociales señalan que más tarda nuestra academia en acuñar un término o categoría conceptual, en qué la realidad se modifique.
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Algunos buscan oportunidades en los mercados sobre ruedas, que abundan en la ciudad; otros son Uber, y así por el estilo.
¿Volverá Tijuana a ser el “sueño mexicano”? Si ellos fueran posible, ¿cuándo sería?
Ojalá que sea posible, y pronto.
Atentamente,
Esteban Hernández Ortiz
Tijuana, B.C.





