Este es un escrito de alerta a la ciudadanía acerca de la demolición de la cultura de la libertad y el aniquilamiento de las instituciones públicas, que los morenos vienen llevando a cabo desde el día uno que el Peje tomó el poder y que sus más izquierdosos seguidores continúan llevando a cabo cada día que pasa. Su intento por acabar con la tauromaquia es sólo un reflejo de la visión sectaria y autoritaria de quien tiene las riendas del poder, que es el Peje y su grupo fiel.
La gran mayoría de los funcionarios públicos, tanto los electos como los que llegaron al poder por cumplir con el requisito de fidelidad que exige el Peje a su causa, no pintan en las decisiones. Son los pícaros lazarillos de toda la vida, corregidos y aumentados. Están ahí para tomar un beneficio personal y ya está. Ver los nombres de los políticos de BC que migraron al morenismo, son los bisneros del PRI y del PAN de siempre.
La combinación de un sofista manipulador y una “élite” del poder ignorante y dócil, es lo peor que le puede pasar a una sociedad. En esas estamos, padeciendo un régimen de partido de estado con una visión socialista desfasada medio siglo. No hay división de poderes, no hay órganos de transparencia, ha surgido una prensa youtubera zalamera, el INE, que costó años construir, está herido de muerte.
De regreso a la tauromaquia, para ilustrar cómo opera un partido de estado que impone su ley y su ideología por la fuerza. Naturalmente, que en la era del Big Brother no lo hace con militares y policías secretas; lo hace con sutilezas y trampillas: Va el ejemplo: la legalidad de la tauromaquia está amparada en la Constitución Mexicana que nos da derechos inalienables de acceso a la cultura, al trabajo, al libre desarrollo de la personalidad, a la creación artística, a la no discriminación, a la vida privada, a la autonomía familiar y otros más.
El partido de estado que padecemos al no ser afecto a la tauromaquia, porque al Peje no le gustan los toros, considera que son parte de la conquista espiritual española que hay que erradicar (¡un imposible, tendríamos que regresar el reloj 500 años!). Cómo lo hace: cambiando leyes para contraponer los derechos de los hombres con los de los animales, equiparando infantilmente a un toro con un perro. Es más complejo, pero en el fondo es más o menos así y está fríamente calculado.
Luego estas “nuevas leyes” que siempre son ambiguas y contradictorias son utilizadas por jueces antitaurinos para prohibir “legalmente” los toros. Sin importar lo que se llevan de por medio de historia, de cultura, de economía, de cohesión social y de una sensibilidad que está en millones de mexicanos que somos taurinos. Así lo hacen y la gente, incluyendo a muchos jóvenes cilindrados para la obediencia, le quitan su libertad sin ni siquiera tomar nota.
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Los funcionarios a los que me refería arriba hacen el resto. El caso más arbitrario de esta imposición ideológica es el cierre de la Plaza México, recinto fuente de orgullo para generaciones de mexicanos taurinos, que Clara Brugada, la cheguevarista y fidelista alcaldesa de CDMX llevó a cabo hace poco más de un año, con la venia del Peje y de CSP, que, como estos, también hizo al payaso de escuchar burlonamente a todas las voces sobre decisiones ideológicas tomadas a priori.
Otro caso que quiero anotar es el de Tijuana: hace unas semanas el cabildo, por iniciativa de una regidora antitaurina, por sus pistolas y con este respaldo ideológico pejista de telón de fondo abrogaron el reglamento taurino que existe para regular los festejos taurinos. Luego que lo abrogaron, “escucharon” a un grupo de taurinos. En un estado de derecho que funcionara, este cabildo en su conjunto debería ser sancionado severamente.
No es posible que un regidor pueda atentar impunemente contra la Constitución Mexicana que ampara la tauromaquia como una actividad legal. Pero qué pasa, que como al partido de estado no le agradan los toros, se hace de la vista gorda, permite que ese violente la ley y con ello socaba el estado de derecho.
A finales de septiembre en el Senado se aprobó una cosa que le llaman Dictamen de la minuta de la Ley de Bienestar Animal Federal, que está ahora en la Cámara de Diputados para su revisión, edición o eventual aprobación. Esta Ley de Bienestar Animal, en su redacción original prohibía los toros abiertamente a nivel federal; de última hora, por iniciativa de un par de senadores se modificó el dichoso Dictamen y se incluyó un artículo que deja la regulación de la tauromaquia en los Estados. Es decir que con trampillas metieron a la tauromaquia en el corredor de la muerte.
El partido de estado sabe que con esto da manga ancha a las legislaturas estatales y a los jueces antitaurinos para prohibir festejos. Es decir, continúa la misión sectaria de acabar con aquello que no le agrada a su moral. Es una operación tejida con todo el sello del Peje: hacer que algo aparente que sirve, cuando de antemano saben que lo único que hará es confrontar, dividir y generar pérdidas.
La ley de Bienestar Animal será pólvora mojada, que creará algunos buenos puestos de trabajo para la morenada y trabajo inútil a los jueces y magistrados del acordeón que se la pasarán debatiendo por algunos años y cobrando un buen dinero por ello, si los toros son legales o no. Política Peje pura: divide a las partes, y da empleo inútil a los fieles amigos. Así que, con esto, y por un largo tiempo la tauromaquia estará en el corredor de la muerte; salvo que los ciudadanos libres nos decidamos para lo contrario: para frenar la muerte de la tauromaquia y la libertad y reinstaurar el estado de derecho.
Noticia grata: el lunes 12 de octubre se celebró en Madrid la corrida de la Hispanidad. El cartel era un lujo por la calidad de los matadores, pero por sobre todo por su composición étnica, una muestra auténtica del mestizaje hispanoamericano. El gran torero sevillano Morante de la Puebla, de rasgos gitanos; Aarón Palacio, aragonés blanquito y güero, que tomaba la alternativa y; el hidrocálido Héctor Gutiérrez, moreno de piel, con gen indígena en la sangre, quien tuvo una actuación destacada, recibió una fuerte ovación y con ello se llevó la tarde.
En el toreo no hay nada gratis, todo se gana con trabajo, dedicación, sacrificio, valor y verdad. El mexicano ganó su participación en este festejo de la hispanidad, después de haber sido el triunfador de un circuito taurino que se da en varias plazas importantes de España donde participan matadores del orbe taurino y se van eliminando hasta que, en una corrida final, sale un triunfador, que fue este mexicano, que pone el nombre de México en alto.
Ojalá que Héctor y otros toreros mexicanos que hoy se ven obligados a ir a triunfar en España, lo logren pronto y puedan ser un revulsivo para que la tauromaquia vuelva por sus fueros y tenga una visibilidad de la cual el gobierno autoritario y sectario que padecemos hoy nos priva.
Atentamente,
Francisco Del Olmo,
Correo: [email protected]





