Donald Trump amenazó con un embargo comercial a México y Canadá, asegurando que no necesitan sus productos, a menos que la Reserva Federal baje las tasas de interés
“México no tiene nada que nosotros necesitemos. Hot tamales, tomates, y algunas otras cosas”, aseguró este viernes 4 de septiembre el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, al lanzar una amenaza de embargo comercial condicionada a las decisiones de la banca central.
Durante un encuentro con los medios de comunicación en la Oficina Oval, el mandatario estadounidense utilizó los saldos de la balanza comercial para demeritar la integración de las cadenas de suministro regionales y descalificar los insumos que provienen del territorio nacional.
“Perdemos 195 mil millones de dólares al año con México… Básicamente, no tienen nada que necesitemos”, sentenció el líder republicano, argumentando que su administración podría prescindir del intercambio de mercancías con sus vecinos fronterizos para generar supuestos ahorros multimillonarios a las finanzas estadounidenses, pese a matizar que mantiene un trato cordial y de respeto con la presidenta Claudia Sheinbaum.
EL ULTIMÁTUM COMERCIAL CONTRA LOS SOCIOS DE NORTEAMÉRICA
La postura proteccionista del titular de la Casa Blanca escaló rápidamente al involucrar a los principales socios comerciales del T-MEC bajo la misma lógica de presión coercitiva. Trump afirmó que su gobierno podría recortar gastos por decenas de miles de millones de dólares anuales con tan solo suspender las transacciones con Canadá y México.
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“Podríamos beneficiarnos enormemente con solo no comerciar con ciertos países. Perdemos 200 mil millones de dólares al año con la Unión Europea. Si no comerciáramos con ellos, no perderíamos nada. Con un simple movimiento del bolígrafo”, aseveró el mandatario ante los reporteros, dejando en claro que su administración está dispuesta a utilizar el proteccionismo arancelario como una herramienta política de choque internacional.
EL CHOQUE INSTITUCIONAL CON LA RESERVA FEDERAL Y KEVIN WARSH
El núcleo de la ofensiva del Ejecutivo estadounidense radica en una disputa abierta contra la autonomía operativa de la Reserva Federal (Fed) y las decisiones técnicas de su titular, Kevin Warsh.
La administración federal ha recrudecido sus críticas debido a la negativa del banco central de ceder a las presiones políticas para relajar la política monetaria. Las altas tasas de interés, implementadas tradicionalmente como un mecanismo de contención para estabilizar la inflación interna, son vistas por la Casa Blanca como un freno artificial e injusto para la competitividad empresarial.
“¡Altas tasas de interés colocan a Estados Unidos en una desventaja muy injusta, y no permitiré que eso ocurra!”, reclamó el mandatario a través de sus plataformas digitales, exigiendo una baja inmediata en los tipos de crédito bajo la advertencia de romper con las reglas del comercio global.
EL INFORME LABORAL DE AGOSTO COMO CATALIZADOR DE LA CRISIS
El detonante directo de este enfrentamiento verbal fue la divulgación de las cifras económicas del Departamento del Trabajo de Estados Unidos, correspondientes al cierre de agosto.
El reporte oficial indicó que la economía nacional añadió 162 mil puestos de trabajo, pulverizando por completo las expectativas de los analistas financieros, quienes habían pronosticado un modesto incremento de apenas 53 mil plazas, mientras que la tasa de desempleo se contuvo firmemente en el 4.1 por ciento.
Lejos de ser recibido como una buena noticia macroeconómica, el dinamismo del empleo avivó el temor de la Casa Blanca de que la Fed utilice estos datos robustos para justificar tasas de interés elevadas por más tiempo, desatando la furia arancelaria del mandatario contra el banco central y los socios comerciales de la Unión Americana.





