El arresto de Diego Rosen Ferlini, presunto asesino del músico Jonathan Meléndez y su familia en Atizapán, destapa un historial de fraudes inmobiliarios, litigios mercantiles y amparos seriales
CIUDAD DE MÉXICO.- Nacido el 26 de marzo de 1975 en Buenos Aires, Argentina, Diego Sebastián Rosen Ferlini dejó un rastro prácticamente nulo en su país natal: sin antecedentes penales registrados, sin historial laboral formal ni aportes jubilatorios, y con un domicilio fiscal perdido en el barrio porteño de Saavedra.
Su arribo a México marcó el inicio de una metamorfosis de 25 años en la que construyó una fachada de empresario cosmopolita. Respaldado por una carta de naturalización exprés expedida por el Registro Nacional de Población en 2001 y un pasaporte mexicano tramitado años después, el hombre de 51 años comenzó a moverse con total impunidad a través de múltiples sectores económicos, sorteando de forma sistemática los filtros de la legalidad.
A lo largo de dos décadas, su trayectoria corporativa se caracterizó por la dispersión en giros radicalmente distintos: fundó la importadora de material médico Comarketing Farmacéutico, operó en Polanco la agencia de marketing Shark BTL, incursionó en la consultoría científica con Medical Branding, comercializó cajeros automáticos con CAFADE y diseñó huertos urbanos mediante Huerto Capital.
Detrás de cada razón social se acumulaban señales de alerta, como el rechazo de marcas por parte del IMPI en 2011 o la descalificación de Shark BTL en una licitación del Fonatur en 2017 por no alcanzar los puntajes técnicos mínimos.
LITIGIOS BANCARIOS, AMPAROS SERIALES Y EL ANTECEDENTE DE LOS FRAUDES
El crecimiento empresarial de Rosen Ferlini nunca estuvo respaldado por una estabilidad financiera genuina, sino por una red de deudas y litigios que esquivaba mediante recursos legales. Para 2019, sus agencias enfrentaron al menos cuatro juicios ejecutivos mercantiles promovidos por instituciones como Banco Multiva, donde figuraba junto a familiares como obligado solidario.
Su historial en los tribunales penales se remonta al menos a 2006, cuando quedó fichado bajo el expediente 128/2006. Ante el cerco de la justicia, su estrategia recurrente fue el amparo serial: tramitó recursos de protección federal en 2017, 2023, 2024 y 2025 para frenar órdenes de aprehensión. Incluso en diciembre de 2025, un juez ordenó su detención jurídica, aunque logró evadir la vinculación en una audiencia posterior.
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Con este historial, meses antes del crimen, Rosen Ferlini y su pareja, Paola Mandri, ya operaban esquemas de estafa bajo fachadas comerciales como +Relax y Nomad Property Management, prometiendo estancias de lujo que terminaban en cancelaciones abruptas y desfalcos de hasta medio millón de pesos por víctima en Valle de Bravo, Cuernavaca y Acapulco.
LA CITA FATAL Y LA MAQUINACIÓN SILENCIOSA DEL MULTIHOMICIDIO
La tarde del pasado 1 de septiembre de 2026, toda esa red de engaños colapsó en la sangre. La relación comercial que Rosen Ferlini mantenía con Jonathan Meléndez, tecladista de la banda Camilo Séptimo, para administrar decenas de propiedades vacacionales mutó en una vorágine de disputas económicas por dinero en efectivo y criptomonedas.
Lejos de ser un encuentro casual, la cita en el fraccionamiento Grand Viure en Zona Esmeralda fue minuciosamente calculada. Días antes, el agresor reclutó a un cómplice, Gerardo, a quien le ofreció dólares a cambio de conseguir pertrechos siniestros: guantes negros de uso rudo, cinta adhesiva industrial y cinchos de plástico. Con el pretexto de la vieja confianza cultivada entre socios, las puertas del departamento se abrieron sin la menor resistencia.
LA MASACRE EN ATIZAPÁN Y EL MILAGRO DEL SOBREVIVIENTE
Adentro, la brutalidad se ejecutó con fría precisión mientras la tarde se desvanecía. Armado con una pistola dotada de silenciador, el atacante sometió primero a Ana Paola —quien se encontraba embarazada— y a su pequeña hija de tres años, además de inmovilizar al perro de la casa. Minutos después, Aleyda Romero, una joven de 21 años originaria de Chalco que laboraba como empleada doméstica, también fue acribillada.
Cuando Jonathan Meléndez cruzó el umbral tras su llegada, encontró el mismo destino fatal. En medio de la masacre, el hijo mayor de la pareja, un niño de seis años, logró el milagro de volverse invisible ante los ojos del agresor, refugiándose en silencio durante horas interminables hasta que las patrullas rompieron la penumbra del complejo residencial.
LA HUIDA FALLIDA Y EL CLAMOR DE JUSTICIA EN LAS CALLES
La fuga de los asesinos duró lo que tardaron las cámaras de los sistemas C4 y C5 en conectar las piezas del rompecabezas vial. Mientras Rosen Ferlini intentaba despistar a los uniformados cambiando las placas de su vehículo Kia por las de un Chevrolet Ónix, la red de seguridad del Estado de México ya se cerraba implacable.
Gerardo cayó primero en Tecámac, y horas más tarde el propio Rosen Ferlini fue interceptado sobre el asfalto de la carretera México-Toluca, a la altura de La Marquesa. Hoy, mientras las comunidades de Chalco despiden a Aleyda entre confeti y música tradicional, y las familias velan en privado a las víctimas, la justicia busca cerrar el círculo contra un hombre que pasó de estafar vacacionistas en el anonimato digital a protagonizar uno de los crímenes más escandalosos del año.





