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lunes, agosto 3, 2026
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La relación médico-paciente

La capacidad para establecer una relación personal entre el médico y el paciente ha sido considerada como una de las habilidades prioritarias del médico, no solamente porque el paciente le proporciona información para la toma de decisión médica, sino también porque al médico le permite percibir la sensibilidad de su paciente.

La entrevista le arrojará al médico los datos referidos para el diagnóstico, es inclusive más importante que la exploración física y los datos de laboratorio. Por ejemplo, en el área de la Psiquiatría una buena proporción del diagnóstico y el tratamiento a seguir ocurren durante la conversación que se efectúa entre el paciente y el médico. Ha quedado demostrado que los médicos hacen, dicen, sienten y creen cuando interactúan con sus pacientes. Se ha dicho y con mucha insistencia que los pacientes casi nunca revelan sus emociones directamente, sino que ofrecen claves, y que el médico no tiene la habilidad de percibirlas y atenderlas. Es como el cirujano que pasa por alto una hemorragia en el campo quirúrgico.

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Es importante señalar también que la capacidad de conversar (que no interrogar) con el paciente no se limita a formular una serie de preguntas, a la manera de una lista de cotejo que deberían de contestarle para cumplirle con una historia clínica y que representa para el médico obtener la información diagnóstica, para ir construyendo una relación terapéutica y entonces tener preparado el campo para una eficiente asesoría.

La tradicional relación hipocrática que se basaba en el médico benevolente pero autoritario, y la de un paciente sumiso, obediente pero ignorante, pero han ocurrido cambios que han propiciado que este modelo ya no siga siendo el más apropiado. Los pacientes han adquirido conciencia de sus derechos, solicitan otras opiniones y hasta pueden negarse a seguir las prescripciones médicas si no les parecen.

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Es muy probable que los médicos no hayan tomado en cuenta que los avances en la comunicación les hayan permitido a los pacientes tener más información que en otras épocas prácticamente les estaba negada, de tal forma que hoy los propios pacientes solicitan, y quizá hasta le exigen al médico la utilización de alternativas recientes, las que conocen por medio de revistas, la televisión o buscando incluso información en teléfonos celulares que contengan inteligencia artificial. Hoy podemos afirmar que en nuestra sociedad actual existe una gran desconfianza entre la autoridad, y el médico la representa. También es cierto, que la transición epidemiológica propicia una acumulación de pacientes crónicos, por lo tanto, forman un tipo distinto al del enfermo habitual, pues para sobrevivir muchos años con la enfermedad tienen que aprender a aceptarla, conocerla o manejarla. En estas circunstancias, dentro de las responsabilidades del médico, la educación del paciente se vuelve más importante que la prescripción, pues el paciente es dueño de las decisiones y el médico queda en el papel de asesor o de supervisor.

Con bastante frecuencia las condiciones de trabajo de los médicos no favorecen una dedicación suficiente a la atención de cada enfermo; los profesionales de la medicina enfrentan ahora las presiones de una demanda, las exigencias de productividad como hoy ocurre en el caso mexicano del IMSS, ISSSTE y hospitales civiles; también hay una gran escasez de recursos que se refleja en la falta adecuada de la entrega de medicamentos a los enfermos o la cancelación de fechas para intervenciones quirúrgicas, incluso las citas para exámenes ordenados por los médicos y que el paciente en la institución tiene que esperar meses para que le asignen la fecha para la realización de los exámenes ordenados por el médico tratante.

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Reflexionemos inclusive sobre temas como el desarrollo tecnológico, que ha multiplicado incuestionablemente las oportunidades de beneficiar a los enfermos pero que ha generado otros inconvenientes como la tecnificación de la práctica en el sentido de convertir a los médicos en técnicos. Esta tecnología separa al paciente del médico cuando la generación de datos no requiere de la presencia del médico y de su interpretación, que no requiere tampoco del paciente, pues el médico está gratamente impresionado de los frutos que le da su máquina, pero ha olvidado a su paciente.

 

Benigno Licea González fue presidente del Colegio de Abogados Emilio Rabasa, A.C., y actualmente es presidente del Colegio de Medicina Legal y Ciencias Forenses en el Estado de B.C.

Correo: [email protected]

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