Una mujer, muy elegante, va en su carro de lujo y al parar en el semáforo es abordada por una mendiga, muy sucia, de pésima apariencia, que le pide dinero para comida.
Ella toma mil pesos y le pregunta:
— Si te diera este dinero ¿saldrías con amigas y gastarías todo?
— ¿Qué? No tengo amigas, vivo en la calle.
— ¿Y no irás a las tiendas a gastarlo?
— No entro en tiendas, no me dejan entrar en ellas.
Publicidad
— ¿No irás al salón de belleza para arreglarte?
— Señora, ¿está loca? Ni sé cómo es un lugar de esos.
— Bueno, no te voy a dar dinero, pero sube al carro, vas a comer conmigo y mi marido.
La mendiga, pasmada, le replica:
— Pero su marido va a ponerse furioso. No me baño desde hace tiempo, estoy inmunda y hedionda.
— No importa, es mejor. Quiero que él vea como se ponen las mujeres cuando: no salen con amigas, no van de compras, no van al salón de belleza. Quiero que se entere que la mujer no gasta, ¡¡¡invierte!!!
Autor: Un marido resignado.
Verdades
1.- Si caminar fuese saludable, el cartero… sería inmortal.
2.- La ballena nada el día entero, sólo come pescado, sólo bebe agua… y… es gorda.
3.- El conejo corre, salta, es vegetariano, y… vive solamente de 8 a 10 años.
4.- La tortuga no corre, no salta, llega la última, no se apura por nada… y… vive 450 años.
Conclusión: ¡¡¡…Al diablo con el ejercicio y la dieta…!!!
Autor: Un robusto.

Quien bebe vino, vive menos…
Menos triste.
Menos deprimido.
Menos tenso.
Menos peleado con la vida.
Menos enfermo del corazón.
Autor: Un cervecero.
Nada que ver
Un paciente muy preocupado ante una operación de amígdalas:
— Doctor, ¿y después de la operación podré tocar perfectamente la guitarra?
— ¡Naturalmente! ¡Sin ningún problema!
— ¡Ah, qué bien! Es la ilusión de toda mi vida, porque ahora no tengo ni idea, ¿sabe?
Autor: Un músico sin amígdalas.

Señoras maduras
Anoche conquisté a una señora madura en una discoteca de primer nivel.
Tenía buen aspecto para una mujer de 57 años.
De hecho no estaba nada mal: era muy guapa, elegante, distinguida y sin querer me encontré pensando que quizá tendría una hija preciosa de unos 30 años.
Tomamos unas copas más, nos hicimos algunas caricias fogosas y me preguntó si había tenido una “experiencia compartida”.
— ¿Qué es eso? —le pregunté.
— Es algo muy divertido con más de dos —me contestó.
Le dije no, muy intrigado.
Tomamos unas copas más y me dijo que esta era mi noche de suerte y fuimos para su departamento (pensé para mis adentros “se me hace realidad lo de la hija preciosa que imaginé…”).
Llegamos a su edificio, en una colonia muy elegante. En el estacionamiento sólo Mercedes Benz y BMW.
Subimos en un elevador directo a su departamento, luego entramos (se me aceleró el ritmo cardiaco imaginando al monumento de hija que tendría), se quitó los zapatos y los tiró sobre la alfombra. Encendió la luz del vestíbulo, admiré la decoración de la sala; era todo de muy buen gusto, la decoración, los muebles, la vista… Empezó a desvestirse lentamente y luego gritó:
— ¡¿Tía, todavía estás despiertaaaaaa?!
Autor: Un creativo.





