Así el cerebro se desarrolla en contextos, y a su vez, los contextos moldean el cerebro. Decíamos con antelación que esto cambia radicalmente la forma en que actualmente debemos entender al derecho penal. Las implicaciones ahora son diversamente profundas. Nos obliga a replantear la culpabilidad. Ya no bastará con determinar si alguien cometió un acto ilícito; ahora será necesario analizar en qué medida podía comprenderlo y fundamentalmente, controlarlo. Esto exigirá incorporar conocimientos científicos a lo que es el juicio penal.
Finalmente, debemos de transformar el concepto de reinserción social que hasta la fecha seguimos sosteniendo absurdamente. Es importante resaltar por qué el sistema penitenciario ha fracasado no solo en nuestro país (México) sino en muchos países más, decíamos que fracasa y lo seguimos sosteniendo porque su método consiste solamente en castigar, pero no en tratar de comprender la raíz de la conducta. Esto es, no se atienden las causas del comportamiento delictivo y, por lo tanto, el sujeto sancionado volverá nuevamente a delinquir, de tal suerte que la reincidencia será inevitable en la mayoría de los casos, porque el Estado nunca se aplicó para conocer las causas del comportamiento delictivo.
Hoy resulta indispensable atender a las causas del comportamiento delictivo; sin esto, la reincidencia aparecerá en todas las ocasiones porque nunca se atendió al estudio de la raíz del delito y al comportamiento del individuo. Sin embargo, este camino no está exento de riesgos y de diversas directrices. Existe el grave peligro de caer en determinismos biológicos que anulen la responsabilidad individual y hasta la responsabilidad social, o quizá, de utilizar a la ciencia para etiquetar -y a veces de manera muy ligera- a diversas personas como “potencialmente peligrosas”. Estas desviaciones deben de evitarse con toda firmeza.
La ciencia no puede sustituir al derecho, pero tampoco puede ser ignorada por él.
El verdadero desafío consistirá en encontrar un equilibrio: Aprovechar el conocimiento científico sin renunciar a los principios fundamentales como son la dignidad humana, la libertad, el respeto y la responsabilidad. Lejos de debilitar al derecho penal, esta integración seguramente lo fortalecerá. Lo obligará a abandonar explicaciones que hoy resultan demasiado simplistas y a enfrentar la terrible complejidad del comportamiento humano. Esta nueva visión a su vez obligará al estudioso de la ciencias sociales (Derecho, Sociología, dentro de otras) dejar de ver al delincuente como un enemigo y empezar a percibirlo, a reconocerlo, como un ser humano que cuenta con una historia, con un contexto y, que en muchos casos por las limitaciones que tiene, no eligió.
Esto no significa actuar con indulgencia, significa justicia en un sentido más profundo y lo anterior es muy importante ya que un sistema penal que comprende no es más débil: Es más inteligente. Es un sistema que no solo castiga, sino que previene, rehabilita y protege mejor a la sociedad. El verdadero problema no consiste en incorporar a la Criminología y a la Neurociencia. El verdadero problema es seguir ignorándolas.
Hoy tenemos el conocimiento, tenemos las herramientas, y tenemos la evidencia; lo que nos ha faltado es la decisión. Y aquí es donde surge la pregunta final que es verdaderamente importante: ¿Cuánto tiempo más estamos dispuestos a seguir juzgando sin comprender al delincuente?
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Cada día que el derecho penal se mantiene ajeno a la ciencia, no solo se vuelve menos eficaz, sino también menos justo. La justicia no puede seguir siendo un acto automático de castigo, de otra forma es un acto de venganza. Debe de convertirse en un ejercicio de comprensión. De ninguna manera se trata de reemplazar a la ley de la ciencia, sino hacer que la ley piense. La fuerza del derecho penal no está en la dureza de sus penas, sino en la inteligencia de sus decisiones. Y una justicia que no entiende, castiga. Pero una justicia que entiende… transforma.
Benigno Licea González fue Presidente del Colegio de Abogados Emilio Rabasa, A.C. y actualmente es Presidente del Colegio de Medicina Legal y Ciencias Forenses en el estado de B.C. Correo electrónico: [email protected]





