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lunes, mayo 25, 2026
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Ser mamá: Un castigo laboral invisible

Convertirse en madre debería ser una celebración de vida, pero en el mundo laboral suele transformarse en un obstáculo. Muchas mujeres descubren que la maternidad no solo implica jornadas dobles o triples, sino también un freno en su desarrollo profesional. Los mejores puestos rara vez se les ofrecen, bajo la idea de que “no son aptas” o de que “no podrán cumplir” o que “no van a rendir”.

Detrás de esa realidad se esconde la llamada división sexual del trabajo: Un sistema estereotipado de roles de género que asigna a las mujeres el cuidado y la reproducción, y a los hombres el espacio público, el poder y el reconocimiento económico. Cuando una mujer rompe ese esquema y decide crecer profesionalmente, aparece la sanción social: Sueldos más bajos, menos oportunidades de ascenso e incluso hostigamiento y acoso.

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En México, siete de cada diez mujeres mayores de 15 años son madres. Y aunque millones de nosotras combinamos empleo con cuidados, lo hacemos en condiciones menos favorables que los hombres o incluso que las mujeres sin hijos. La carga de cuidados es inmensa, dedicamos en promedio 35 horas semanales al trabajo no remunerado, frente a 15 horas de los hombres. Esa desigualdad explica por qué tantas terminan en empleos informales o con ingresos más bajos.

De acuerdo con los datos del INEGI, la realidad es contundente: La tasa de participación femenina apenas alcanza el 45.7%, frente al 75.1% de los hombres. Una brecha de casi 30 puntos porcentuales que refleja cómo el mundo del trabajo sigue diseñado para ellos, no para nosotras.

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Y cuando las mujeres logran insertarse en el mercado laboral, lo hacen en condiciones mucho más precarias. El 46.7% recibe hasta un salario mínimo y un 5.6% ni siquiera percibe ingresos. En contraste, los hombres en esas mismas condiciones representan 34% y 4.8%, respectivamente.

De los 24.3 millones de mujeres ocupadas, más de la mitad —55.9%— se encuentra en la informalidad. Esto significa empleos sin seguridad social, sin prestaciones y con ingresos más bajos.

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La maternidad, lejos de ser reconocida como un aporte social, se traduce en un castigo económico y simbólico. Se convierte en un muro que no solo afecta a quienes ya son madres; el estereotipo marca que muchas mujeres sin hijos van a ser descartadas de ascensos o contrataciones bajo la suposición de que “algún día lo serán”. Es el llamado muro maternal, que castiga por adelantado a todas las mujeres, madres o no.

El panorama es claro, el mercado laboral no está diseñado para que las mujeres podamos ser madres y profesionales al mismo tiempo. La falta de un sistema de cuidados robusto, con estancias infantiles y escuelas de tiempo completo mantiene a millones fuera del empleo formal.

Ser mamá y citar no debería significar renunciar a un futuro profesional ni cargar con un castigo económico. La maternidad merece respeto, apoyo y oportunidades. Si el mundo laboral aspira a ser justo debe reconocer a las madres mucho más que como una fuerza que sostiene la vida y asegurarles todo lo que se requiere y merece con la tarea de la crianza.

 

Melba Adriana Olvera fue presidenta de la Comisión Estatal de Derechos Humanos en Baja California.

Correo: [email protected]

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