“Yo soy solamente vuestro siervo en Jesucristo. Si, soy siervo, puesto que yo os sirvo y no pretendo ser más que vosotros. Seré mayor si soy más humilde”.
-San Agustín, Los Pastores.
“Es sentencia del Señor que cualquiera que quiera ser algo entre vosotros debe hacerse vuestro siervo”. José Ulises Macías Salcedo, 2º Obispo de Mexicali (1984-96), nació en el famoso Barrio de León, Guanajuato, como sus compañeros monaguillos, seminaristas y obispos: Renato León Ascencio (Cd. Juárez) y Rafael León Villegas (La Paz, BCS.).
Siendo obispo de Mexicali, impulsó la construcción del Seminario Mayor Diocesano, personalmente vendiendo franelas limpiacarros y los famosos chocolates de un dólar. En su episcopado se consolidaron obras como el Seminario, la Casa de Espiritualidad Emaús, el Banco de Alimentos, orfanatorios, asilos, casas hogar, y el comedor para migrantes El Buen Samaritano, así como la casa Betania. Y en el CERESO de Mexicali, se edificó al interior la capilla Guadalupana, una de las primeras en la pastoral penitenciaria del país.
En ocasiones, el señor Ulises sorprendía a los cachanillas, viajando en el autobús a Tijuana para visitar a casi 40 seminaristas. Había fiesta al recibirlo, porque iba a disparar la comida china en Plaza Río.
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“¡Predicar, reprender, corregir, enseñar y procurar el bien de cada uno es carga pesada, grave responsabilidad, dura fatiga!”.
“¡Es duro esto!”, expresaba el obispo Ulises sobre su trabajo pastoral. Era rector del Seminario de León, Guanajuato, don Samuel Ruíz García, cuando gracias a una beca, pudieron enviar al joven Macías Salcedo a estudiar filosofía en la Pontificia Universidad Gregoriana. Los panzas verdes han tenido eminentes obispos pensadores, como Valverde y Tellez (siglo XIX), y el actual arzobispo Jaime Calderón Calderón, doctor en Filosofía. Aunque en sus personalidades lo que destaca es la sencillez para ser, como pedía el Papa Francisco: Pastores con olor a ovejas.

Porque Cristo así vivió, como muchos santos, algunos obispos, como San Agustín, Ignacio de Antioquía, Cipriano, Ambrosio, San Juan Crisóstomo, y Francisco de Asís o Juan Pablo II y el Papa Bergoglio. Hermosillo ha tenido la gracia de tener pastores como el mismo Eusebio Francisco Kino, fundador de la misión de la Santísima Trinidad del Pitic (1700), y admirables pastores como don Juan Navarrete y Guerrero; y sin duda el arzobispo Ulises, quien al llegar a la capital sonorense, sorprendía a la comunidad, en short, lavando su carro, o haciendo fila en el cine para entrar, o en el supermercado.
“Hay pastores que anhelan la honra de este nombre, pero que no quieren cumplir los deberes de su estado… ambicionan las cátedras pastorales para recibir honores temporales y disfrutar de comodidades humanas”. (San Agustín sobre Los mercenarios)
En Sonora, el obispo Macías Salcedo compartía las honrosas cruces de pecho o pectorales de palo fierro, con algún soporte de bronce; en su episcopado promovió intensamente las causas de beatificación del misionero jesuita Eusebio Francisco Kino y del señor Navarrete, como le dice aún hoy miles de personas que conocieron al primer arzobispo de Hermosillo, Juan Navarrete y Guerrero, a quien animaban algunos fieles laicos a “¡Ya! ¡Ahora si! Le vamos a regalar un báculo o bastón curso hecho con joyería y piedras finas”. “¡No, no, no!”, expresaba el humilde oaxaqueño, “¡Si el báculo es de oro, el Oobispo es de cartón!”.
“Por tanto, si no teméis a vuestros Prelados (obispos), temed al que ha dicho: El que a vosotros desprecia, me desprecia a mí”.
Conocemos a personajes como el obispo Navarrete, gracias al entusiasmo de sus sucesores don Carlos Quintero Arce y don José Ulises; en particular gracias al trabajo del padre Teodoro Enrique Pino Miranda y equipo, al producir dos dvd’s De Sonora al Cielo, con abundante información, anécdotas, imágenes, historia documentada, para promover la causa de beatificación del Sr. Obispo Navarrete.

Don Alberto Suárez Inda, cardenal de Morelia, al acompañar al “nuevo” arzobispo de Tijuana, Francisco Moreno Barrón, el 11 de agosto de 2016, paternalmente le aconsejaba que considerara que, así como los dedos de la mano, son necesarios todos, aunque diferentes; así los sacerdotes de una comunidad tan diversa como la frontera de Tijuana: todos son diferentes, pero forman parte de la Iglesia.
“Las tempestades que azotan la nave de la Iglesia preocupan al piloto”. (San Agustín)
El señor obispo Ulises Macías vivió y sufrió con intensidad y alegría su sacerdocio, iniciado un 10 de abril de 1966; recién festejado por los sonorenses, Dios lo ha llamado a su presencia, tras haber servido a los migrantes, enfermos, presos, huérfanos, viudas, ancianos, niños. Quizás entre sus más grandes alegrías: la canonización del humilde padre José María Yermo y Parres, del barrio de El Calvario, en León; y la beatificación de laicos y sacerdotes de León Cristero, los mártires de Aguas Buenas, que se veneran en el santuario antes de subir el Cerro del Cubilete o Montaña de Cristo Rey.
Germán Orozco Mora reside en Mexicali, B.C.








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