Basándonos en la información que ha venido apareciendo a través de los medios de comunicación y en redes sociales, podemos deducir que se viven días de incertidumbre, especialmente para los nacionales de Venezuela, donde se atraviesa un momento que trasciende lo político e impacta en lo humano.
La ausencia de una figura presidencial, cualquiera que sea su origen, coloca a millones de ciudadanos frente a un vacío que no solo es institucional, sino también emocional. La población se encuentra expuesta a la ansiedad de no saber qué rumbo tomará su país en las próximas jornadas, y esa sensación de desamparo puede ser tan pesada como cualquier crisis económica o social.
Los venezolanos, acostumbrados a resistir dificultades, hoy enfrentan un desafío distinto: la falta de claridad sobre quién conducirá los destinos de la nación. Para algunos, la salida de un líder puede representar alivio; para otros, un motivo de preocupación. Sin embargo, lo que une a todos es la necesidad de estabilidad, de certezas mínimas que permitan planear el futuro y recuperar la confianza en las instituciones. La democracia, como ideal compartido, se convierte en un faro que debe guiar los pasos de la sociedad en medio de la confusión.
La situación psicológica de la población merece atención especial. La incertidumbre prolongada genera miedo, desconfianza y, en muchos casos, desesperanza. Es vital que la comunidad internacional comprenda que detrás de los titulares y las decisiones políticas hay familias, jóvenes y adultos mayores que necesitan apoyo, acompañamiento y señales de que no están solos. La solidaridad global puede convertirse en un bálsamo, recordando que la unión y la cooperación son valores universales que deben protegerse.
En este contexto, emitir una “oración” por los venezolanos no es un acto religioso, sino un llamado a la reflexión y al deseo colectivo de bienestar. Que cada palabra sea un compromiso con la paz, con la reconstrucción de la confianza y con la búsqueda de un horizonte donde la estabilidad sea duradera. Que los próximos días traigan serenidad y que el largo plazo se construya sobre bases firmes de respeto, justicia y participación ciudadana. Que la unión prevalezca sobre la división y que la esperanza se mantenga viva en cada hogar.
El futuro de Venezuela no debe definirse por la ausencia de un líder, sino por la presencia de su pueblo unido. Que la democracia sea el camino, que la unión sea la fuerza y que la esperanza sea el motor que impulse a los venezolanos hacia una vida digna, estable y plena. Esa es la verdadera oración: un deseo profundo de bienestar y estabilidad para quienes hoy enfrentan la incertidumbre con valentía, con la mirada puesta en un mañana más justo y más humano.
Publicidad
Todo es cuestión de emitir una oración por los venezolanos.
Alberto Sandoval ha sido profesor, servidor público, consultor, conferencista, deportista y activista ciudadano. Correo: [email protected] Internet: http://about.me/sandovalalberto/ Facebool: Alberto Sandoval X (Twitter): @AlSandoval Instsgram: @AlbertoSandovalF TikTok: @AlbertoSandovalF





