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sábado, enero 7, 2023
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De sicario a testigo

Édgar Valdez Villarreal “La Barbie” fue uno de los sicarios más sanguinarios del Cártel de Sinaloa en plena “guerra contra las drogas”. Norteamericano, de Laredo, Texas, se hizo en el mundo criminal a temprana edad allende la frontera, pero sus habilidades delincuenciales le aseguraron una posición en la mafia mexicana.

Primero por su cuenta, luego con los Beltrán Leyva y más adelante para Sinaloa, “La Barbie”, apodado así por sus ojos azules, tez blanca y cabello rubio, asesinó, traficó droga, armas, dinero y sembró terror. Mataba a sangre fría igual que ordenaba a otros cometer crímenes a su nombre. Se hizo de una fortuna millonaria en el mundo del hampa que le permitió, impunemente, amasar casas, terrenos, joyas, vehículos y cualquiera que fuese su antojo de lujo.


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Aún está en la memoria colectiva aquella ocasión, en 2009, cuando fue aprehendido por la autoridad mexicana y, al “presentarlo” a la prensa, le permitió estrenar tenis, camiseta Polo y Levi’s para mostrar la buena vida con una sonrisa.

Pero aun con los dichos, los señalamientos, las declaraciones de detenidos, de testigos colaboradores, a Édgar Valdez no lo procesaron en México, país en que cometió la mayoría de sus crímenes más sangrientos.

Entre la detención en 2009 y la extradición en 2015, a “La Barbie” le dictaron auto de formal prisión en México, en un juicio en el Juzgado Tercero de Distrito del Estado de Guerrero, causa penal 57/2005, por los delitos de delincuencia organizada, privación ilegal de la libertad en la modalidad de secuestro y posesión de cartuchos de uso exclusivo del Ejército Mexicano. Sin embargo, como suele suceder, no fue sentenciado. De haberlo sido, podría haber alcanzado entre 20 y 40 años de prisión por delincuencia organizada, o entre 30 y 50 por secuestro. Pero no. México lo dejó ir sin castigo sentenciado.

En Estados Unidos, a Édgar Valdez Villarreal lo sentenciaron a 49 años de prisión, cuando llegó a un acuerdo con la fiscalía para evadir la cadena perpetua; la pena, se supone, la terminaría de compurgar en 2056. Allá se le acusó, procesó y sentenció por cuatro delitos de narcotráfico y uno de lavado de dinero. Aparte le fue impuesta una multa por 192 millones de dólares.

Pero hace unos días la incertidumbre imperó respecto al paradero de “La Barbie”. La última información que del reo se tenía, es que pagaba los 49 años en una prisión norteamericana, pero una búsqueda en el sistema de reos de la Unión Americana reflejaba, o al menos daba la impresión, que el sanguinario capo había sido puesto en libertad. En la búsqueda de su ubicación, su nombre no aparecía como una persona privada de la libertad oficialmente.

Hasta el gobierno mexicano, a través del Presidente Andrés Manuel López Obrador, desconocía el paradero del narcotraficante que delinquió en suelo nacional.

Evidenciando la falta de coordinación, entendimiento y estrategia en común, AMLO criticó en una de sus conferencias matutinas la posibilidad de que el capo estuviese en libertad, y exigió una respuesta del Gobierno de Estados Unidos. No llegaría por los canales directos de Presidencia.

En su visita por Tijuana, que más que una gira de trabajo como ministro de Relaciones Exteriores, fue una gira preelectoral como aspirante a la candidatura a la Presidencia de la República por Morena y ante la presión de reporteros nacionales que le acompañaron en sus actos proselitistas, Marcelo Ebrard Casaubón declaró que “La Barbie” continuaba preso, según le habían informado de Estados Unidos, aunque no precisó ni el penal en el que se encuentra el narcotraficante, ni el futuro que le espera.

Contactos en Washington confirman que Valdez Villarreal sigue encarcelado, aunque no precisan durante cuánto tiempo permanecerá en esa calidad. Lo que sí informan, es que quien fuera un sanguinario sicario del Cártel de Sinaloa, traficante de drogas y líder del brazo armado de los Beltrán Leyva, se convertirá en testigo protegido de la fiscalía norteamericana.

“La Barbie”, aseguran, ha llegado a un acuerdo con las autoridades para ser testigo clave en el juicio que en los primeros días de 2023, le iniciarán a Genaro García Luna, ex secretario de Seguridad en la administración federal de Felipe Calderón Hinojosa, aprehendido en la Unión Americana y por cargos de narcotráfico y lavado de dinero.

No sería la primera ocasión que Édgar Valdez señala a Genaro García Luna. En 2009, poco después de su aprehensión, lo denunció públicamente en una carta, como quien recibía dinero del crimen organizado para protegerlos. Textualmente, en una misiva enviada al diario Reforma, “La Barbie” señaló: “Genaro García Luna, titular de la Secretaría de Seguridad Pública Federal (SSP), quien cuando menos desde el año 2002, primero en la AFI y luego en la PFP, me consta que ha recibido dinero de mi, del narcotráfico y la delincuencia organizada, al igual que un grupo selecto integrado por Armando Espinoza de Benito, quien trabajaba con la DEA y me pasaba información; Luis Cárdenas Palomino, Edgar Eusebio Millán Gómez, Francisco Javier Palacios (PF Colombia), Igor Labastida Calderón, Facundo Rosas, Ramón Eduardo Pequeño García y Gerardo Garay Cadena, quienes también forman parte y reciben dinero de la delincuencia organizada y de mi”.

El capo encarcelado en México, también acusó de una estrategia de Calderón Hinojosa para “sentarse” junto con quien fuera su secretario de Gobernación, Juan Camilo Muriño, con líderes de los cárteles en México.

Por supuesto que la autoridad mexicana no investigó en su momento las delaciones de “La Barbie” para determinar si había delitos que perseguir contra los funcionarios públicos, o si se trataba de un acto de difamación. Nada, no se investigó nada. A la postre, varios de los mencionados en la carta de Valdez, terminarían en prisión, como es el caso de Genaro García Luna.

A la fecha, confían desde Estados Unidos, “La Barbie” ha sido puesto en resguardo y eliminado del sistema público de ubicación de reos para proteger la integridad de quien, presumen, será fundamental en el juicio contra García Luna. “Quieren que llegue con vida”, justifican.

El acuerdo al que ha llegado el narcotraficante, es declarar en el juicio contra el ex secretario de Seguridad federal, aportar elementos probatorios (se supone) de sus dichos y contribuir a la sentencia de García Luna a cambio de convertirse en testigo protegido. Que le sea asignada una identidad distinta a la suya, un domicilio en alguna región de Norteamérica y otro tipo de colaboraciones y protección oficial, para que lleve su vida en libertad.

Los 49 años a los que fue sentenciado, se cancelarían. Los delitos pendientes en un proceso en México, seguirán esperando. Por acuerdo, “La Barbie” logrará un pacto de impunidad en su país, incluso sobre los delitos que cometió en México.

Uno de los sicarios más sanguinarios que el Cártel de Sinaloa ha tenido, pasará a vivir en tranquilidad, gracias a un gobierno benévolo como el de Estados Unidos, particularmente con los criminales que delinquen en México, y para probar con García Luna lo que no pudieron con el General Salvador Cienfuegos: que el narcotráfico está infiltrado en el centro del Gobierno de la República, y ni qué decir de los estados.

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Autor(a)

Adela Navarro Bello
Directora general del semanario ZETA, Consejero de Artículo 19 y del CPJ para las Américas, entre otros reconocimientos, tiene el Maria Moors Cabot 2021 de la Universidad de Columbia.
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