El borracho y el cura

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Columnaz lunes, 8 agosto, 2022 12:00 PM

Una pregunta, Padre. ¡Hic!

“A ver, hijo, dime”.

¡Hic! ¿Los borrachos vamos al infierno? ¡Hic! O vienen a recogernos… ¡hic!

Autor: Un sobrio.

 

El cuento del sapo encantado

Había una vez dos bellísimas doncellas paseando por los alrededores de su castillo. De pronto, una de ellas escuchó una tímida voz que gritaba:

“¡Eeeh! ¡Mira aquí abajo!”.

Las doncellas miraron y vieron un pequeño sapo a la orilla del foso. Éste les dijo:

“¡Hola! En realidad, soy un cantante, pero un genio malvado me ha convertido en sapo. Si una de ustedes me besa, volveré a ser cantante y viviremos felices para siempre”.

Entonces, la más bella de las dos lo tomó con la mano y se lo metió en el bolsillo. La otra le pregunta:

¿No vas a besarlo?

“¿Bromeas? ¡Puedes ganar mucho más dinero con un sapo que habla, que con un cantante!”.

Autor: Una sugar baby.

 

Amigo investigador

Un hombre dice a su amigo:

“¿Te puedo pedir un favor? Voy de viaje por tres meses y me gustaría que vigilaras de cerca a mi mujer, es que no me fío de ella… Avísame cuando notes algo anormal”.

Al cabo de quince días, le escribe pidiéndole que regrese y le avisa:

Desde que te fuiste, el hijo del panadero va a tu casa todas las noches y sale al día siguiente.

“¿Y me avisas ahora?”.

Me pediste que te avisara cuando notara algo anormal, ¿no? Bueno, ¡pues anoche no fue!

Autor: Ex amigo.

 

Metida de pata

En una boda, un hombre exclama:

“¡Mira que es fea la novia!”.

Entonces se escucha una voz:

Pero ¡cómo se atreve, es mi hija!
“Perdone, no sabía que usted fuera el padre”.

¡Soy su madre, idiota!

Autor: Prudencio.

 

Caperucita Roja con final alternativo

Caperucita Roja fue a visitar a su Abuelita sin saber que el Lobo ya había dado buena cuenta de ella.

Abuelita, qué ojos tan grandes tienes.

“Para verte mejor”.

Nuevamente Caperucita la mira y dice:

Abuelita, qué orejas tan grandes tienes.

“Para escucharte mejor”.

Caperucita insiste:

Abuelita, qué nariz tan grande tienes.

“Es para olerte mejor”.

Caperucita vuelve a la carga:

Abuelita, qué boca tan grande tienes.

“A ver, ¿a qué viniste? ¿A visitarme, o a criticarme?”.

Autor: El Lobo.

 

Los disparos de un loco

Un loco que habitaba en el sexto piso de un edificio tenía desconcertado a un señor porque cada vez que pasaba rumbo a su trabajo, el chiflado le apuntaba
con la mano en forma de pistola y le disparaba desde la ventana.

Llegó el día en que el tipo decide seguirle el juego al loco: apunta con la mano y le dispara al chalado que se asomaba desde la ventana; éste se lleva las manos al pecho, se desploma y cae a la calle.

El hombre, sorprendido, corre a auxiliarlo.

El loco moribundo lo mira y le dice:

– Yo nunca te disparé al cuerpo.

Autor: Un psicólogo.

 

Loro peligroso

Un cartero entra a una casa y encuentra un cartel que dice “Cuidado con el loro”.

El cartero hace caso omiso y continúa caminando, encuentra otro cartel que dice “No moleste al loro”.

Algo asustado, el cartero abre la puerta y ve un lorito pequeño y viejo con un cartel que dice

“Loro peligroso”.

Riéndose, el cartero riéndose toca la jaula para saludar al lorito, éste mira hacia abajo y ordena a su perro:

“Dogo, ¡ataca!”.

Autor: Un veterinario.

 

Mal negocio

¿Qué te pasa, hombre, que te veo tan preocupado?

“Nada, tío, que mi negocio no funciona”.

¿Pusiste letreros?

“Los más caros”.

¿Pusiste ofertas?

“Imposibles de igualar”.

¿Publicidad?

“También”.

Entonces, ¿qué pudo fallar? Déjame echar un vistazo. Letreros, publicidad, ofertas… Si serás idiota… ¡Que no es con C, sastrería se escribe con S!”.

Autor: Autor de publicaciones en Facebook.

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