Periodismo y medios electrónicos

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Opinionez lunes, 18 julio, 2022 12:00 PM

En general los medios de comunicación han perdido la ética periodística, que se sustenta en la objetividad, con reflexiones legítimas, con fundamento en escrúpulos de profesionales de la comunicación, con investigación de campo, que construye la credibilidad ante el público, la clase política de todos los colores, y la propia conciencia.

Así se sirve con decoro a la sociedad con el criterio de verdad y búsqueda exhaustiva de elementos bastantes y suficientes, que argumenten de manera sólida el aporte social del gremio periodístico. Aporte necesario en una sociedad que aspire a estructuras democráticas y la libertad de informar.

Antes de diciembre de 2018 para los medios nacionales, especialmente el régimen federal, era un pan dulce, presidentes a los que se debería de sacar la mejor nota e imagen en la foto. Hay escasos medios críticos que no venden sus notas y silencios. Enrique Serna -pertinente- lo prueba en una crónica estupenda: “El vendedor de silencios”.

Basta escuchar a diario la unilateralidad de los entrevistados en radio y TV, los participantes y los conductores que llegan al grado de apasionarse en ver lo positivo o negativo de los hechos, según convenga, y tendenciosas opiniones y críticas. Al ver un solo lado, intentan deformar la realidad. A veces lo logran, porque al lector –mayoritariamente- no se le engaña.

El periodismo ético está obligado a equilibrios de los diversos actores y que la audiencia, tras ver lo negro y blanco, pueda deducir su mirada propia, siempre derivado de la pluralidad, sin censura o parcialidades.

Para los chayoteros, el Presidente de la República era un “ser humano que, en el peor de los casos, que se equivoca”, pero no pasaba de ahí. Difícilmente se denuncia el conflicto de intereses, la ilegalidad o inmoralidad y no hay críticas de fondo, salvo por escasos críticos, como Carmen Aristegui, que pagaron caro, como todos los que se atrevían a cuestionar el alcoholismo de Felipe Calderón y excesos, como el avión presidencial y su atrevimiento de indagar los entretelones de la “Casa Blanca” y la Estafa Maestra, o los daños colaterales de la Guerra al Narco.

Esto implica una descomposición al más alto nivel presidencial y sus secretarios Meade, Videgaray y Robles, entre otros. Los demás ministros no cantaban mal las rancheras en el tema de la podredumbre de corrupción que aún agravia a los mexicanos.

Hoy en día en un régimen que a veces lucha contra la corrupción e impunidad, pero que perdona a sus aliados y amigos, como los atracos del exgobernador Jaime Bonilla y su clan (que incluye a Kiko Vega), para la memoria de los bajacalifornianos. Era cuando había partidas presupuestales más que generosas para la publicidad; criminales para el interés público.

¿La razón de esa blandita prensa escrita y electrónica? Es que se perdonaban sustanciales cantidades anuales de impuestos que impactan el déficit del presupuesto nacional. Era el paraíso fiscal para las élites poderosas, los más ricos del país y de las listas de Forbes dentro y fuera de México, gozaban de “prestigio”. Es un cinismo criminal burlarse de quienes son cautivos del SAT.

Curiosamente, estos eran los mismos dueños de los medios con mayor penetración en la audiencia nacional y que exportaban notas informativas a otros continentes. Este resorte los mantiene mansos. Solo se preocupaban de amarrar a sus empleados periodistas de a pie, que, por su oficio, descubren y tapan desviaciones de recursos, lodo y aguas negras en gobierno y empresas. Hay honrosas excepciones.

Existe una regla no escrita de que, si apoyan las campañas con cantidades ridículas, se les compensa la evasión: se condonaba de tributos fiscales que permite obras de infraestructura que urgen para levantar a México de la pobreza. Las finanzas del partido oficial, con el pase de charola, lo puso en los reflectores Carlos Salinas mediante reuniones con multimillonarios.

A propósito, John Ackerman cuestionó el 25 de junio en Tijuana dónde están 7 mil millones de pesos del INE, en manos de Mario Delgado.

El PAN no puede simular dignidad; se nutre de chequeras empresariales, iglesias y fundaciones imperiales. Del lavado de dinero, algunos ejercen esa prostitución política. Inteligencia Financiera, Hacienda, SAT, Santiago Nieto y Pablo Gómez no hacen la tarea.

 

M.C. Héctor Ramón González Cuéllar es académico del Instituto Tecnológico de Tijuana.

Correo electrónico: profe.hector.itt@gmail.com

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