Gabriel Adame, 35 años en la plástica

Fotos: Ramón T. Blanco Villalón
Cultura lunes, 9 mayo, 2022 12:15 PM

En coautoría con Alfonso Caballero Barragán y Roberto Castillo Udiarte, Gabriel Adame Loustaunau publica “Lectura para ciegos”, donde converge crónica, poesía y obra plástica. “El libro es una proyección de Tecate para el mundo”, expresó a ZETA

Han transcurrido 35 años desde que en 1987 el cirujano dentista Gabriel Adame incursionara en el arte; en aquel año, empezó a acudir al taller del maestro Álvaro Blancarte (Culiacán, 1934-Tecate, 2021).

Desde entonces, Gabriel Adame ha forjado una trayectoria como artista, para fortuna de la plástica de Baja California, misma que ahora puede apreciarse en “Lectura para ciegos”, título en coautoría con Alfonso Caballero Barragán y Roberto Castillo Udiarte, donde comulga crónica, poesía y obra plástica.

El título se presentará el próximo jueves 19 de mayo, a las 7 p.m., en la Galería de Arte POP, a su vez ubicada en Avenida Sarabia (Calle 10) número 8365, Edificio Brick 10, en la Zona Centro de Tijuana.

 

DESDE 1987

A principios de 2021, Gabriel Adame, Alfonso Caballero y Roberto Castillo se reunieron tras un año de pandemia por COVID-19. De aquel reencuentro de amigos de la infancia, que vivieron en Tecate, surgió la idea de hacer un libro:

“Somos tres amigos que nos conocemos desde el kínder, primaria y secundaria. Al terminar la secundaria yo me fui a la Ciudad de México a estudiar la preparatoria y ellos la hicieron aquí. Nos volvimos a encontrar en 1970, ellos en cada carrera: abogado el licenciado Alfonso Caballero; literato, Roberto Castillo; y yo, cirujano dentista. Entonces, yo me dediqué a mi carrera; Caballero a lo suyo, y Roberto Castillo a ser maestro”, contó a ZETA Gabriel Adame entre obras de “Monitos curados”, “Serie erótica Cuchumá” y “Divas”, en su taller “La Panocha”, de Tecate.

Antes de contar el reencuentro de los tres amigos, recordó que un parteaguas en su trayectoria como pintor fue cuando incursionó en el arte al acudir al taller del maestro Álvaro Blancarte, en Tecate:

“En verano del 87 conocí a Blancarte. Él me enseñó a pintar. Yo lo tomé como un hobby, pero se convirtió de pasatiempo en pasión y me metí durísimo. Estando yo en el taller con él, pintando, fue cuando se iba a inaugurar la Extensión Universitaria de la UABC de Tecate; entonces, fueron por él. Estábamos pintando ahí en el taller y llegaron a invitarlo para que fuera a dar clases, y dijo ‘pues está bien, pero me llevo a mi alumno’. Exigió él que el día de la inauguración estuviera una exposición mía, y así fue; fue mi primera exposición de la ‘Serie erótica Cuchumá’ en abril de 1988”, rememoró.

Pero mientras Adame pintaba, Caballero había incursionado en la narrativa y Castillo en la poesía:

“Entonces, en 1987 empecé a pintar con el maestro Blancarte; el licenciado Caballero, a escribir, narraciones de la vida cotidiana de Tecate de aquellos años de la infancia de los 60. Y con Roberto Castillo, desde que yo empecé en la pintura, pues tuvimos un reencuentro más fuerte en el arte; él ha escrito sobre mi obra, ha participado en mis exposiciones haciendo lecturas y organizado donde hemos participado”, reconoció.

Entonces, tras un año de pandemia por COVID-19, entre marzo de 2020 y marzo de 2021, en la primera reunión se concretó el proyecto editorial con obra de los tres amigos:

“En marzo del año pasado, nos reunimos por primera vez los tres en Puerto Nuevo. Ya habíamos platicado vía telefónica, por redes sociales, por internet, pero no nos habíamos juntado para platicar del libro; desde ese día, en marzo de 2021, quedamos en buscar la fotografía de mi obra. Roberto Castillo seleccionó lo que se iba a editar en el libro; y Rosa Espinoza nos hizo la edición. Y en diciembre se publicó el libro”, complementó Adame.

 

LA OBRA

Además de las crónicas personales sobre Tecate de los 60 y 70 de Alfonso Caballero Barragán y poemas de Roberto Castillo, el libro-catálogo “Lectura para ciegos” reúne obra plástica de Gabriel Adame, mismo que básicamente incluye 27 fotografías de “Serie erótica cuchumá” y “Monitos curados”, bajo la selección tanto del propio autor, como de Roberto Castillo y de la editora del título, Rosa Espinoza.

“Los libros de historia, regularmente, trabajan con fechas, nombres, lugares, hechos, números, estadísticas y pistas (muy válidas, por cierto); pero la escritura de recuerdos y nostalgias reconstruyen la vida de una forma distinta, de una manera mágica: con la memoria. ‘Lectura para ciegos’ es un rescate del pasado que otros no miran –los que ven sin mirar-, y que sirve como una pieza de un rompecabezas para construir la historia de Tecate a partir de los recuerdos: ‘re’, de nuevo; y ‘cordis’, corazón; es decir, ‘volver a pasar por el corazón’. Por lo tanto, éste es un libro de recuerdos”, de acuerdo con el prólogo a cargo de Roberto Castillo Udiarte.

Tal como expresó a ZETA Gabriel Adame en su taller “La Panocha”, destacan en el libro piezas desde el inicio de su trayectoria, como, por ejemplo, “Serie erótica Cuchumá 10” y “Serié erótica Cuchumá IV” de 1987; pasando por acrílicos sobre tela de mediano formato, como “El festival” (1998), “La iglesia” (1990), “El palacio” (2000); hasta llegar a títulos de reciente creación como “Anselmo El Cuñadito” (2018) y “Celia y El Poncho” (2021).

“Las fotos que están en el libro son un buen panorama de las dos series, están bien representadas”, garantizó Adame, quien también trajo a la memoria los orígenes de sus pinturas:

“La ‘Serie erótica Cuchumá’, de alrededor de 150 obras, nació por un dibujo que hice en el anverso de un calendario; se la llevé al maestro Blancarte y me dijo: ‘de aquí vas a hacer una serie’, y así nació. Son mis vivencias de aquí en Tecate que está rodeado de cerros y mujeres hermosas también; entonces yo traté de incluir en eso la sensualidad de la mujer. La serie está compuesta por cerros con formas femeninas”.

“En la serie ‘Monitos curados’ yo quería desde un principio pintar al pueblo, entonces empecé a hacer monitos y empecé a hacer escenas típicas de Tecate: bares, aduanas, la americana y la mexicana; están algunos personajes de aquí del pueblo, escenas urbanas, pero finalmente esa serie fue creciendo en el sentido de que no es nada más privativa de Tecate. Porque hasta una ciudad grande tiene barrios, tiene un señor que vende fruta en el mismo lugar, el señor que vende el periódico ahí, que son conocidos en ese barrio”.

Entre dibujos y bocetos de personajes de Tecate, Adame adelantó que “Monitos curados” continúa creciendo como serie:

“Simple y sencillamente yo quería pintar toda persona que tiene alguna actividad, que en cualquier parte es un representante del pueblo. Éstos fueron íconos del pueblo. Hay una lista muy grande que tengo que pintar, tengo muchos personajes que quiero pintar todavía”, adelantó Adame.

 

“LA ESENCIA DEL PUEBLO DE TECATE”

En 2022, Gabriel Adame (Tecate, 1950) cumple tres décadas y media incursionando en el arte. Aunque en las décadas de los 70 y 80 su actividad principal fue la odontología, desde 1987 ha logrado una reconocida trayectoria como artista plástico.

En “Serie erótica Cuchumá” y “Monitos curados” puede apreciarse la esencia de Tecate y sus personajes o escenas, personalidad que Gabriel Adame ha podido captar desde su fino pincel que se refleja en cada detalle de sus obras.

Es común que médicos incursionen en las artes plásticas. ¿Qué relación hace entre la odontología y el arte?

“El maestro Salvador Magaña, un ceramista que fue gran amigo y maestro, me decía: ‘Ustedes los dentistas son miniescultores, hacen esculturas chiquitas’. Para ser dentista se necesita tener teoría, tener práctica, pero se requiere tener muy buen talento, muy buen tacto, habilidad; si no, no se puede. Puedes saber mucho, pero si no tienes la habilidad para poder preparar, hacer, limpiar, quitar un diente… poderlo reemplazar con calidad es muy difícil”.

“Entonces, sí hay mucha relación: trabajamos estética también. El odontólogo es el mecenas del pintor y el pintor le ha dado muchísimas satisfacciones al odontólogo con las exposiciones, con ver que se hacen libros, revistas, exposiciones. El dentista, pues, se siente orgulloso de patrocinar económicamente al pintor; así es como yo lo veo, las dos personalidades”.

Finalmente, independientemente de que su obra ha sido catalogada como naif, ¿qué le gustaría aportar al arte mexicano con sus colecciones “Serie erótica Cuchumá” o “Monitos curados”?

“Yo no me siento así, porque ingenuo no soy; pero a lo mejor sí, mi pintura es ingenua, puede ser. Respeto eso, que se diga que es naif. Hugo Covantes tiene un libro sobre pintura naif mexicana que se llama ‘La pintura mexicana de la ingenuidad’ (Galería Maren, 1984); no aparezco yo porque todavía no empezaba yo a pintar. Porque él me dijo: ‘Si hubieras estado, yo te hubiera incluido’”, advirtió y, finalmente, sentenció:

“Primero que nada, mi obra está pensada en sucesos, muchos de ellos que me pasaron de niño, personajes que he visto. Y eso me hace crecer quizá como persona, que podía reflejar algo de mi comunidad. Entonces, el libro es una proyección de Tecate para el mundo; sin embargo, no necesariamente es Tecate, porque si tú vas a Tijuana, hay barrios que son así, como la colonia Libertad. Entonces, ¿qué quiero aportar? La esencia del pueblo de Tecate”.

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