Mar de Cortez, de California o Bermejo

Fotos: Germán Orozco Mora/El Desierto de Altar, la Laguna Prieta y las sierras Cucapah y de Juárez
Opinionez lunes, 11 octubre, 2021 12:00 PM

“Oh, no eres tú mi cantar. No puedo cantar, ni quiero,

a ese Jesús del madero, sino al que anduvo en la Mar”.

-Manuel Machado La Saeta.

 

 

Mientras en Ensenada se realiza el VII Festival de las Californias, dedicado en 2021 a Hernán Cortez; por decreto del gobernador, se elimina en Baja California el nombre de Mar de Cortez, para llamarlo Golfo de California.

De Cortez, de California o Bermejo: son sinónimos para referirse a este mar llamado también El Acuario del Mundo. Fue el navegante y militar español quien lo integró a la historia universal. Ya en el siglo XVI (en 1521), el Imperio Azteca en decadencia, sucumbió a unos cuantos soldados hispánicos coordinados por Cortez. Y  en pocos años don Hernando descubre la Bahía de la Santa Cruz hoy La Paz, BCS.

Coordinados por él, ya en 1539 navega las aguas del Golfo de Santa Clara Francisco de Ulloa; en 1540 ayudado por los Cucapah de la banda bajacaliforniana del Río Colorado, Hernando de Alarcón evangeliza y descubre comunidades de Quechan (hoy Algodones y Andrade), Yumas, y Cucapah.

Mientras,  Melchor Díaz ya anda en Cerro Prieto, actual Termoeléctrica de la CFE. Y Francisco Vázquez Coronado viene desde Sinaloa hasta California por Arizona.

Por tierra y por mar, los españoles llegaron a esta región, como lo hiciera en 1605 el “Adelantado” Juan de Oñate, quien se matrimonió con una nieta de Hernán Cortez, a la vez bisnieta del emperador Moctezuma.

En la memoria histórica de México, por ejemplo, para entender la Cultura de la Muerte y la Cultura de la Vida, tan encrespada en nuestros días. Hay que tener presente que no todos los indígenas o comunidades ancestrales eran iguales, de la misma mística o filosofía náhuatl.

Juan Diego, el vidente del Tepeyac, el testigo del Milagro de las Rosas, no se guiaba por la sangre o el crimen contra otras tribus. Perteneciente a la Tribu Chichimeca, sus ancestros veneraban a Quetzalcóatl, que aceptaba sacrificios de lagartijas o algún pájaro; no así los criminales aztecas que adoraban a Huitzilopochtli, a quien tenían contento cada año en sus fiestas, sacrificando en 4 días hasta cien mil personas secuestradas para sacarles el corazón, ofrecerlo a los dioses y luego tragarse sus cuerpos masacrados.

La Cruz del Padre Kino en las Dunas del Desierto de Altar

En el México del siglo XXI, del año 2021, a pesar de 500 años de Evangelización, Conquista e Inculturación, no es extraño cómo lo hacía Moctezuma y otros nefastos y criminales emperadores, cuya cosmovisión o idolatría los llevara como hoy a cometer sacrificios humanos, y ofrecer el corazón palpitante de miles de víctimas ofrecidas a sus “dioses” aztecas, que no chichimecas.

Juan Diego era en 1531, un buen indio al que su tribu o comunidad no le permitía o no le inculcaban ofrecer sacrificios humanos a Quetzalcóatl, de quien se sabe -por las profecías chichimecas y aztecas- que se les reveló en forma de un hombre blanco barbado; al que identificarían con Hernán Cortez.

Desde el Centro del Imperio Azteca, muchas tribus, como hoy muchas regiones de México, no se sometieron a las locuras aztecas en honor al dios de la muerte y la guerra, Huitzilopochtli. Ni se les sometieron los Yaquis, ni los Purépechas, ni los Tarascos; muchos ya estaban hartos del autoritarismo criminal.

Como en el México prehispánico, no todos estaban a favor de la vida, ni otros a favor de la muerte. Entre estas tribus, la Virgen de Guadalupe escogió al humilde indígena chichimeca Juan Diego Cuauhtlatoatzin para evidenciar el amor de la madre de Cristo, la Virgen de Guadalupe en su deseo de que le edificasen una casa (la Basílica) para mostrar su amor a españoles e indígenas por igual.

Los mexicanos, más que enredarnos en una lucha o guerra intestina, tendríamos que ver la posibilidad de imitar al Chichimeca Juan Diego, a quien su religión en honor a Quetzalcóatl no lo lleva por la cultura de la muerte.

Ya evangelizado y catequizado en Tlatelolco por los padres franciscanos, Juan Diego encuentra la felicidad a tal grado que ya no quiere vivir en Tulpletlac; se va a vivir de plano y para siempre en una casita que le mandó hacer el obispo Zumárraga, y donde se dedicó a servir a Dios y a las personas que le piden favores, a quien habla después de las apariciones, con la Madre de Dios por quien se vive, como le expresa la Virgen de Guadalupe.

Muchos políticos no respetan la memoria histórica de las comunidades. A pesar de que Sonoydag, expresión pápaga milenaria, se refiere al municipio de Sonoyta, Sonora, por varias décadas se le impuso de un plumazo el nombre de Plutarco Elías Calles, que es muy largo y al que nadie se refiere, incluso la nomenclatura. Quizás así sucederá con la Glorieta Colon en la Ciudad de México; como en el caso del Mar Bermejo (por el Río Colorado), Golfo de California o Mar de Cortez, en honor al que se dice salvó a las tribus prehispánicas del autoritarismo azteca que se autodestruyó por la inmoralidad de sus gobernantes y líderes que lo llevaron a la debacle y destrucción.

 

Germán Orozco Mora reside en Mexicali.

Correo: saeta87@gmail.com

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