El grande

Foto: Internet/San Francisco
Cenizas lunes, 21 junio, 2021 12:00 PM

Fui a San Francisco, California, en 1990. Un año después del terremoto. Camino del aeropuerto al hotel vi los destruidos tramos de la autopista. Y cerca de allí muchos lotes donde antes hubo oficinas, residencias o edificios de apartamentos. En aquella ocasión murieron sesenta y tantas personas. 15 mil residencias terminaron destrozadas.

En 1906, San Francisco fue afectado por otro terremoto superior en fatalidad. Hubo más de tres mil víctimas. La fuerza del sismo y los incendios acabaron con 30 mil edificios. Por eso desde entonces se alertaron. Pocas ciudades como San Francisco se han preparado tanto para los terremotos. Los hidrantes se ven uno tras otro en casi todas las cuadras. Sus servicios de rescate y médico son notables. Siempre están preparados. No han olvidado el sufrimiento. También se construye con todas las indicaciones para evitar mayores desgracias. Los daños en 1989 fueron graves. El terremoto marcó 6.9 grados en la famosa escala de Richter.

Para 1994 en Los Ángeles hubo otro. 6.7, pero no tenían la preparación como los habitantes de San Francisco. Por eso los daños fueron mayores. Más de 10 mil personas heridas. Miles de casas destruidas. Numerosos edificios dañados y pérdidas por más de 20 mil millones de dólares. Varias autopistas se desplomaron. Estoy seguro: Muchas personas todavía recuerdan aquel mal día.

Hace dos semanas volvió a temblar. Ahora 300 kilómetros al norte de Los Ángeles en Paso Robles y a medio camino rumbo a San Francisco. El epicentro fue localizado a ocho kilómetros de profundidad y a 11 de distancia de la pequeña ciudad. Marcó 6.5 grados. Cuatro menos que el de San Francisco en 1989. Y dos abajo comparado al de Los Ángeles en 1994.

Pero relativamente en Paso Robles causó más destrozos. Por lo menos hubo 80 edificaciones destruidas. Desgraciadamente dos muertos. “Dejó tras de sí destrucción que llevará meses, si no es que años para reparar”, dijo el Gobernador de California Arnold Schwarzenegger cuando visitó tan afectado lugar.

El terremoto de Paso Robles no estremeció mucho a los californianos. En Baja California casi ni les hizo cosquillas a sus habitantes. Solamente uno de los dos diarios en Tijuana destacó la noticia en primera plana. Prácticamente no caló la novedad. Al día siguiente la desgracia pasó al olvido. Ni siquiera una línea en la prensa. A esa indiferencia contribuyó el ajetreo navideño.

En Mexicali ha temblado varias ocasiones durante los últimos años. Afortunadamente siempre hay más alarma que daños. Las destrucciones han sido leves comparadas con Los Ángeles o Paso Robles. Cuarteaduras acaso de algunos edificios que luego fueron reparadas.

Los de Tijuana han sido más leves. En algunas ocasiones “se sienten” sólo en determinada parte de la ciudad y no pasa de livianos comentarios que se remiten a “… estamos en una zona de terremotos”. Y el mismo día se recuerda que “… deben tomarse importantes precauciones”. Alguna ocasión se llegó a mencionar el posible gran número de personas muertas si tan brusco movimiento de tierra llegara a un alto grado. Pero ni por eso se tomaron precauciones. El Ayuntamiento ha querido desalojar las zonas llamadas de “alto riesgo”. Desgraciadamente los habitantes se oponen. O ese rechazo se politiza para terminar en alegatos políticos. Califican a la autoridad: “No tiene sensibilidad política”, “inhumano” y “anti social”. Finalmente, nada se hace para prevenir desgracias.

Pero entre los norteamericanos siempre y después de cada sacudida no dejan de mencionar: En cualquier momento se presentará el más grande. “Big One” le llaman. Este 2003 se publicó un estudio estremecedor. Lo elaboraron casi un centenar de científicos. Están contratados por el gobierno o empresas privadas. Todos llegaron a un acuerdo. Desde ahora y hasta el año 2032, cualquier día a cualquier hora sucederá ese gran terremoto. Afectará no a equis ciudad sino a gran parte de California y de la península mexicana empezando por Tijuana, Mexicali y Tecate.

Según los estudiosos hay un 62 por ciento de posibilidades para tal terremoto. Y calcularon que será cercano o superior a los 8 grados. El de México en 1985 fue de 8.5 y causó muchas muertes. Todavía los números no se precisan. Se dice que fueron mínimo cinco mil. Otros apuntan 35 mil. Pero los daños enormes aunque solamente en una parte de la ciudad. Los cálculos del que vendrá hablan de extenderse por kilómetros.

El estudio señalaba a inicio de año que estaba próximo un terremoto en esta zona costera del Pacífico. Sería de 6 a 6.6 grados. Dieron una probabilidad de 80 por ciento. Se considera ese vaticinio cumplido el lunes 22 de diciembre en Paso Robles, California.

Otro estudioso hizo pronósticos más alarmantes. No han sido desmentidos ni descalificados. Se trata de Ross Stein del Instituto Geológico de Estados Unidos. Reside en Menlo Park, California. Al comentar la desgracia en Paso Robles dijo: “Esta es solo una advertencia. Esta es una tierra de terremotos y necesitamos estar preparados para el futuro”. Según sus estudios hay de 5 a 10 por ciento de posibilidades para terremotos intensos los próximos días o meses. Serían más fuertes que el de Paso Robles y Los Ángeles. Arriba de 6.7 grados.

De suceder en Tijuana habría grandes derrumbes en tan numerosas laderas. Eso provocaría miles de casas destruidas. Sobre todo porque la gran mayoría no tienen cimientos. Muchas construidas por sus dueños sin conocimiento alguno de seguridad. Se tantea que aún las mejor edificadas en laderas se derrumbarían. A su vez aplastarían a ubicadas en zonas bajas.

Sería la causa de fatalidades y daños personales. Significaría problemas en los servicios de electricidad, agua, gas, transporte, comunicaciones y se provocaría una gran demanda de alimentos y medicinas. Y no está calculado hacer frente a todos esos problemas.

La Secretaría de la Defensa Nacional que siempre actúa con sus planes especiales efectivamente oportunos. Protección Civil Municipal alerta sin lograr respuesta total. No hay otras instituciones capaces de hacer frente a efectos de un posible y fuerte terremoto. Solamente se cuenta con albergues en lugares tradicionales. Pero estarían en condición impredecible de utilizarse al desconocerse la magnitud del movimiento. No hay un sistema a propósito para entregar alimentos o surtir de medicinas. Tampoco existe capacidad de atención médica. Ni plan para improvisar.

No hay señalado ni siquiera caminos a seguir en caso de presentarse gran terremoto. Los habitantes de Tijuana no saben ni se les ha dicho a dónde dirigirse para ponerse a salvo. No existe una vía señalada para circulación especial de la Cruz Roja, Bomberos, Protección Civil y otras autoridades. Las colonias cada rato son creadas y no tienen hidrantes. En tiempo lluvioso es imposible llegar. No pueden ser auxiliadas rápidamente. Y en Baja California sólo hay un helicóptero y pequeño para emergencias.

Las condiciones de aquí son muy diferentes a las de San Francisco. Allí, para empezar, existe una cultura sobre terremotos. Y aparte su población en gran mayoría es residente de muchos años. La ciudad no está recibiendo migración tan numerosa como en Tijuana. Muchos han llegado a la frontera desde ciudades donde nunca tiembla. Por eso no toman precauciones. Ni siquiera saben que esta parte del país es una zona de gran peligro en cuanto a terremotos.

Simplemente Tijuana, Mexicali, Tecate, Rosarito y Ensenada no están preparadas ni protegidas. Y el gran terremoto no tiene fecha ni hora.

 

Tomado de la colección Dobleplana de Jesús Blancornelas,

publicado por primera vez en enero de 2003.

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