Diferentes caminos, mismo delito

Cartaz lunes, 21 junio, 2021 12:00 PM

El deseo carnal -o sexual- del hombre a la mujer es el único detonador  y causa principal del porqué de tanta violación y feminicidio.

Por regla natural, la mujer, por considerarse el sexo débil, será blanco exacto de hombres desquiciados: enfermos bipolares, psicópatas en proceso de psiquiatría; el celo potente del hombre, el machismo en todo su esplendor, “de pelo en pecho”, del explotador de mujeres del oficio más antiguo del mundo (prostitución). El abuso de poder del hombre “empoderado” (como funcionarios), el acoso laboral, el desprecio de la mujer al depredador sexual…

Todo eso es el común denominador del porqué de tanto feminicidio. Sin olvidar al padrastro en seno familiar, ajeno, que también es detonante de la violencia hacia la mujer. El libertinaje femenil y la forma no educada de vestir de algunas mujeres son dos agregados para fortalecer el blanco visto por el victimario y la “debilidad” de la mujer; son dos puntos negativos hacia las féminas.

También en la violación sexual, cabe decir, el hombre es quien busca diferentes sensaciones sexuales: ser el primero en tener a equis mujer, mejor o adulta, abusar, “hacerla mujer” a fuerzas. Y el poder grotesco y gorilesco de forzar a una mujer y encontrar placer sexual a fuerza, es la “hombría” de muchos que yacen en centros penitenciarios por querer unos minutos de placer y de una aventura condenatoria, en cárceles, cuando son apresados; o si no, la ley de Talio: ojo por ojo, diente por diente, y son asesinados esos transgresores de la ley.

Enfermos mentales. O tal vez vivieron en un núcleo familiar disfuncional, con abuso infantil o con ejemplos horribles de progenitores.

Son muchas las causas del porqué muchas mujeres son violadas. La violación hacia la mujer ha existido desde hace siglos, no es nueva esa ofensa que marca para siempre a la víctima, apartándose de la sociedad con este trauma inolvidable, que muchas ocasiones la convierte en alguien insegura, con pensamientos de suicidio, o rechazar al producto de la violación (pues no existe ni existió el sentimiento de amor).

No todo ser humano nace del amor, como es notorio en este difícil análisis de la salvaje o salvajada del macho, de ser violador (y en bastantes ocasiones asesino). Nos hace falta más educación y herramientas, así como una ley justa, y prevenir a la mujer que sea víctima del humano llamado varón; que la varona ya no sea el sexo débil en miles de casos en que ha ocurrido esto.

La mujer debe vivir sin miedo, sin desconfianza, sin ser vista como blanco sexual. Algún día se verá así a la mujer. Ojalá sea mañana mismo.

 

Atentamente,

Leopoldo Durán Ramírez.

Tijuana, B.C.

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