“La literatura es la madre de todas las artes”: Lídia Jorge

Cultura lunes, 7 diciembre, 2020 12:15 PM

La escritora portuguesa recibió el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances 2020. “El libro sigue siendo el soporte máximo de la nueva cultura”, expresó a ZETA

Una de las figuras que participó en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) en su edición virtual, fue la poeta, narradora, dramaturga y ensayista portuguesa Lídia Jorge (Boliqueime, Portugal, 1946).

En enlace telemático Lisboa-Guadalajara, la autora recibió el 28 de noviembre el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances 2020, por “una carrera literaria marcada por la originalidad y sutileza de estilo, la independencia de criterio y una inmensa humanidad”, de acuerdo con el Jurado.

“(Lídia Jorge) Siempre invita a sus lectores a ir con ella a alguna parte y lo hace con sutileza estética que no puede ni debe pasar desapercibida… La altura de su obra que retrata el modo en que los seres se enfrentan a los grandes acontecimientos de la historia”, se lee en el acta dictaminadora.

“Para mí ha sido un gran honor ganar el Premio FIL. Han pasado tres meses después de la noticia, yo sigo bastante emocionada”, expresó en entrevista con ZETA desde Lisboa vía Zoom Lídia Jorge, tras ganar el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances 2020.

Diversas editoriales han publicado en español sus obras, entre estas “Noticia de la ciudad silvestre” (Alfaguara, 1999), “El fugitivo que dibujaba pájaros” (Seix Barral, 2001), “El jardín sin límites” (Alfaguara, 2001), “La costa de los murmullos” (Alfaguara, 2001); y recientemente publicó “Los tiempos del esplendor” (La Umbría y la Solana, 2017), “Los memorables” (Elefanta, 2019) y “Estuario” (La Umbría y la Solana, 2019).

 

EL PREMIO

Lídia Jorge se une a la selecta lista de autores que han ganado el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances, entre ellos los europeos Juan Marsé, Juan Goytisolo, António Lobo Antunes, Yves Bonnefoy, Claudio Magris, Enrique Vila-Matas, Norman Manea y Emmanuel Carrére; o de este lado del Atlántico, Nicanor Parra, Juan José Arreola, Augusto Monterroso, Sergio Pitol, Ida Vitale, por citar algunos.

“Me parece que el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances es simbólico en varios aspectos, es un Premio que es dado a los imaginarios en las ocho lenguas romances. La cuna de las lenguas romances es el Mediterráneo, nosotros sabemos que son ocho lenguas que significan la victoria de la aventura de Europa hasta las Américas”, valoró Lídia Jorge en entrevista con ZETA.

“Pero sabemos también que al hablar de esa victoria hay un lado dramático de la historia que ha sido la represión y la muerte de tanta gente autóctona, hoy en día sabemos que estamos a punto de ultrapasar el resentimiento. Este Premio une las dos partes del mundo que es separado por el Atlántico, significa que hay una especie de deseo de crear una marca de alianza entre nosotros. Pienso que el Premio FIL está haciendo el encuentro entre las grandes culturas de un lado y del otro del Atlántico”, apostilló la autora desde Lisboa.

 

LOS MEMORABLES

La llamada “Revolución de los Claveles” que inicia el 24 de abril de 1974 el derrocamiento de Marcelo Caetano, sucesor del dictador Antonio de Oliveira que ejercía el poder en Portugal desde 1932, es contada desde la perspectiva de una periodista y algunos contemporáneos entrevistados por Lídia Jorge, a través de su más reciente novela “Los memorables” (Elefanta, 2019).

¿Cuál fue la razón fundamental por la que quiso contar la historia de algunos protagonistas de la “Revolución de los Claveles” en “Los memorables”? 

“Cuarenta años después la memoria está pasando, sobre todo para los jóvenes, que aun con la democracia no saben qué es la dictadura. Yo quise hablar de las raíces de la Revolución, para que comprendan que no es la democracia la que crea los problemas, es el avanzar de la historia. Entonces, yo quise mostrar cómo 40 años antes un grupo de 5 mil jóvenes que no tenían nada, que sabían que podían morir todos el 25 de abril (de 1974), para ellos era la aventura de su vida, el peligro completo. Éste es un libro donde el mensaje es más directo, para decir que cada generación cuando no puede más, debe intentar cambiar. Es un libro que yo escribí para mostrar claramente que no debemos ser esclavos del destino, debemos ser autores de nuestra historia”.

Jorge destacó que prefiere la noción de memorable antes que héroe: “Para mí ha sido muy importante escribir este libro porque al mismo tiempo transfiguré la gente que hizo ese cambio, ellos no son héroes, sino simplemente memorables, como si ellos viniesen del futuro resucitados”.

En cualquier caso, destacó la “Revolución de los Claveles” que liberó a Portugal de la dictadura, que luego sirvió de ejemplo a otras emancipaciones:

“Para mí haber escrito ese libro me trae una gran emoción porque Portugal es un país periférico, que no tiene gran importancia delante de las grandes potencias del mundo, pero en el año 74 del siglo pasado ha sido un centro para el mundo y durante todo el final del siglo de la democratización de los pueblos. Portugal ha sido una especie de bandera, de estandarte, de símbolo, de cómo se puede cambiar sin sangre, porque ha sido una revolución pacífica sin sangre que ha servido de modelo de 70 revoluciones que se han operado después”.

 

CRÓNICA SENTIMENTAL

La obra de Lídia Jorge aborda diversos pasajes históricos del mundo, como “La costa de los murmullos” (Alfaguara, 2001), “Los tiempos del esplendor” (La Umbría y la Solana, 2017), “Los memorables” (Elefanta, 2019) y “Estuario” (La Umbría y la Solana, 2019), entre otras novelas.

– ¿Cuál es su papel como escritora al contar su versión de un pasaje de la historia?

“Mis libros no son históricos, mis libros son crónicas alucinadas, no son crónicas tradicionales, son una especie de crónica del tiempo que pasa, crónica de mis experiencias transfiguradas. Hay una frase de Stendhal que definía a la novela como ‘un espejo que se pasea’, pero yo digo que no es un espejo; es un espejo, pero ondulado, donde no refleja la realidad, refleja los sentimientos sobre la realidad. Lo que yo hago es una crónica sentimental, una crónica emocionada por los hechos históricos. Yo no soy una escritora de profundidad de pesquisa histórica, yo soy una escritora antena, a mí me gusta intentar captar lo que está detrás de la realidad que yo veo. Pienso que mi papel es ofrecer a mis contemporáneos, y dejar para el futuro, la memoria de la vida vivida”.

Entonces insistió que “escribir sobre nuestro tiempo es como una especie de funámbulo, pero sin red, un trapecista que va sobre las cuerdas, pero no tiene red abajo. Yo no me siento una escritora histórica, jamás, sino me siento una cronista sobre el tiempo que pasa”, explicó Lídia Jorge para argumentar que, en todo caso, habla desde el testimonio personal:

“Lo que yo digo es mío, no quiero confundir a nadie, lo que yo quiero decir pasa por mi sensibilidad, aquí está mi punto de vista, mi historia personal interesa poco, lo que interesa es mi punto de vista personal para decir ‘soy una mujer que ha vivido esto, esto y esto, soy capaz de hablar de nuestro tiempo colectivo, nuestra batalla humana en esta época, siendo uno entre los otros’. Eso para mí es lo más importante, que la gente sienta que la subjetividad está clara, que nuestra emoción de vivir está allá como testimonio personal y al mismo tiempo como un testimonio de grupo”.

 

LA SEGUNDA HISTORIA

En la entrevista con ZETA, Lídia Jorge se refirió a la diferencia entre la primera historia que supone objetividad; y la segunda versión de la historia que es más cercana a la subjetividad, a los sentimientos, a los sueños, a la ficción. En su planteamiento rememoró a Agustina Bessa-Luís, Carlos Fuentes y Tolstói:

– A diferencia de la historia oficial que cuentan los gobiernos o los libros oficiales sobre un acontecimiento histórico, ¿puede la novela o como en su caso la crónica sentimental, contar una verdad?

“La historia tiende a ser ascética, pero nunca lo es. Agustina Bessa-Luís, una gran escritora portuguesa, definía la historia como una ficción controlada; historia como una ficción está muy bien, significa que la gente dice ‘ah, es un relato ascético’, pero nunca es verdaderamente ascético. Cuando se dice novela, ficción o cuento, se dice ‘atención, esto no es objetivo, esto es un relato subjetivo’.

“La historia que intenta ser ascética, esa historia que Carlos Fuentes decía que era la primera historia, habla de la batalla humana por números, fechas, hechos, por algo que es objetivo, son testimonios importantes para la humanidad; pero la segunda historia, según Carlos Fuentes, es historia subjetiva, es la historia que dice cómo la gente que ha hecho la primera historia ha sufrido y al mismo tiempo cómo ha soñado, eso es muy importante”.

Entonces recurrió a Tolstói para entender su época, más allá de la historia oficial: “Nosotros no comprendemos lo que ha ocurrido en el tiempo de Tolstói cuando los historiadores de Rusia hablaban de las invasiones napoleónicas; nosotros no comprendemos si no somos capaces de leer ‘Guerra y paz’. Cuando leemos ‘Guerra y paz’ reconstituimos los sentimientos, los sufrimientos, cómo se muere, cómo el destino es aciago, cómo el destino es cínico, cómo la esperanza pequeña se transforma en realidad. Toda esa sorpresa de la vida está dentro de ‘Guerra y paz’. Entonces, ¿cómo se puede comprender lo que ocurrió en Moscú, cuando Moscú ha sido incendiada, cuando todo eso ha ocurrido si uno no lee la ficción?

“Entonces, nosotros somos esa parte que no es muy visible, porque entramos por las pequeñas puertas del tiempo y de las batallas, por las puertas por donde pasan los caballos; somos como una especie de perro que se coloca debajo de la mesa, escuchamos los detalles y después los devolvemos para completar la parte histórica, esa que es la oficial, que pasa para el futuro escrita en las paredes, pero nosotros escribimos en papel”.

 

LA LECTURA

A propósito del significado de la literatura y la lectura durante el enclaustramiento por la pandemia de COVID-19, la escritora portuguesa expresó:

“En este momento la literatura me parece un acto de resistencia absolutamente indispensable. La literatura es la disciplina fundamental para todas las artes”.

Luego insistió en la lectura en tiempos pandémicos: “La lectura es el ejercicio más profundo y es exactamente contra la simplicidad, el abatimiento de las diferencias entre nosotros. Creo que hoy la gente comprende que la lectura es ese ejercicio fundamental sin lo cual las otras artes serían menores, no serían grandiosas, no serían importantes. Entonces, esta pandemia tan horrible, al mismo tiempo, por la literatura será una especie de toma consciencia de que debemos regresar a la lectura silenciosa”.

Así lapidó Lídia Jorge en el desenlace del diálogo con ZETA en el marco de FIL Guadalajara:

“El libro sigue siendo el soporte máximo de la nueva cultura. La literatura es la madre de todas las artes”.

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