AMLO: La tercera es la vencida (Primera parte)


 
Cartaz lunes, 29 septiembre, 2014 03:00 PM

Dice Andrés Manuel López obrador (AMLO) que, “la tercera es la vencida”. Y nosotros, los revolucionarios marxistas decimos: y si no, a la cuarta, a la quinta, a la sexta, etcétera, etcétera. Como si las decisiones políticas las tomara el azar y no los capitalistas en el poder. ¿No es demagogia pura la de asegurar que, “a la tercera es la vencida”? ¿Quién en su entero juicio puede garantizar que el régimen a la tercera vez le reconozca el triunfo a AMLO? Como si la “tercera vez” fuera una ley inmutable. Ridículo bufón dueño de Morena. Lo único que puede asegurarle el triunfo a una causa o movimiento, es la lucha de masas. Siempre y cuando ésta sea valerosa, permanente, combativa y sin desmayo. Un partido que cuenta con millares de militantes, haría temblar al régimen si se movilizara minuto a minuto y luchara con firmeza y valor. No como el partido Morena de López Obrador, que acalla la protesta airada y prefiere esperar, después del robo, otros seis años. Por secula seculourum. AMLO es un burgués liberal que espera que la burguesía le entregue la Presidencia sin lucha férrea, sin lucha enconada. Sin agitación de masas, ni convulsiones sociales. Tienen miedo, el “demagogo legítimo” de encabezar a sus seguidores a una lucha abierta contra los sátrapas en el poder. Teme el filisteo ser tachado de violento, de intransigente, de violar las leyes burguesas, etcétera, etcétera. Lo hemos dicho con anterioridad: el imperialismo y la burguesía reaccionaria del país le entregarán el poder presidencial a AMLO cuando lo consideren necesario. No antes. Que podría ser cuando la lucha de clases se haya agudizado a tal grado que para el imperialismo internacional AMLO sea el instrumento idóneo que le saque las castañas del fuego. Tal como sucedió en Haití, con el sacerdote salesiano de la teología de la liberación, jean Bertrand Arístides en 1991. Pero, es un hecho evidente, que AMLO tiene pavor de tomar el poder a través de un terremoto social (aunque éste fuera dentro del pacifismo sacerdotal que él preconiza). Tiene miedo de atizar el fuego pensando que las llamaradas lo pudiesen alcanzar a él y a sus secuaces. Teme que sus ciegos seguidores pudieran convertirse de mansos corderos en rugientes leones. El dueño de Morena sabe que de llegar al poder por medio de una lucha enconada y beligerante de masas es muy peligroso. Conoce muy bien que si induce a las masas a una lucha combativa sin cuartel éstas podrían obligarlo a él y sus secuaces a cumplir sus promesas de campaña que ha venido haciendo desde 2006. AMLO no desea afilar los machetes del pueblo porque éstos podrían ser usados en su contra. Como sucedió con Arístides en Haití. AMLO prefiere que por las buenas la dictadura le ceda la poltrona presidencial, en un ambiente de concordia y conciliación. “Porque no somos enemigos…somos adversarios”, repite machaconamente. Como si la lucha política contra los opresores se tratara de un juego de volibol. Al “demagogo legítimo” le persigue el fantasma de Francisco I. Madero, ricachón liberal que llegó al poder a través de una sublevación popular de masas, multitudes, quienes antes de que Madero cumpliera un año en el poder ya estaban exigiendo su renuncia. Por eso mismo, AMLO, no quiere llegar al poder en medio de una lucha enconada y beligerante. Sospecha que si las masas lo llevan al poder por medio de una lucha enérgica y desafiante (aun dentro del cartabón pacifista, como él sermonea) de esa misma manera podrían derrocarlo a él. Porque es un hecho que no cumplirá sus promesas con las que ilusiona a sus cándidos y atrasados seguidores. Tal como sucedió con Francisco I. Madero. El ex priista y ex perredista de marras cuando se entronice en el poder, en lo esencial no habrá nada que los distinga de los fantoches del imperialismo salidos de las cuevas del PRI y del PAN. Ni sus repetidas promesas de democracia, de independencia y de libertad las cumplirá. Ni desencadenará al país de los grilletes impuestos por el imperialismo, sobre todo de los Drácula norteamericanos. Ni sus promesas patrioteras de volver a estatizar Pemex, CFE, la industria minera, etcétera, etcétera, que los regímenes vende patrias han privatizado para beneficio del capital privado extranjero, sobre todo. Su oposición a los neoliberales, como él llama a los criminales capitalistas sumisos al imperialismo, es epítome de hipocresía. Pura maldita palabrería para embabucar a ingenuos. Veamos: ¿Cuál ha sido el comportamiento de los gobiernos perredistas, petistas y del Movimiento Ciudadano (MC), esto es, de la izquierda burguesa que encabeza López Obrador? ¿No acaso ha sido igual a la puesta en práctica por los criminales del PRI y del PAN? Igual de represivos y carniceros. Guerrero, Morelos, Michoacán, Oaxaca y la Ciudad de México son ejemplos estatales “micro” de lo que le espera a la clase obrera con un gobierno de izquierda “macro”, es decir, bajo un régimen nacional de izquierda. El gran dirigente comunista José Stalin afirmaba: “la izquierda es derecha disfrazada”. Prueba de esto los hechos arriba citados. Incontrovertibles. Pero si no bastan los ejemplos nacionales, para los obnubilados que no quieren reconocer el peligro que representa la izquierda burguesa amloísta (dice el proverbio popular que “no hay peor ciego que el que no quiere ver”), ahí están los ejemplos de otros países, verbigracia, Brasil, Ecuador, Bolivia, Venezuela, El Salvador, Nicaragua, que de independencia, de libertad y de democracia no tienen ni un ápice. En estos países, en los cuales la izquierda se ha entronizado, reina la más espantosa de las hambrunas, el desempleo y la miseria. Igual que en otras naciones de abierta filiación reaccionaria burguesa. ¿Cuál será la respuesta de AMLO cuando no cumpla con sus promesas de campaña? Hará lo que han hecho otros sátrapas que alardeaban de ser demócratas y patriotas. Como el criminal priista Luis Echeverría, por ejemplo. Culpará: al imperialismo, al Congreso, a la derecha, a fuerzas obscuras, a emisarios del pasado, a resentidos; argüirá que necesita más tiempo, etcétera, etcétera. Excusas le van a sobrar al “demagogo legítimo” y también alabarderos para aplaudirlo y abogados para defenderlo. A quienes aún creen en la palabrería huera de López Obrador les decimos: Voten, voten por este maldito ex priista y ex perredista y hoy propietario del partido Morena y llévenlo a la poltrona presidencial y ya verán, con sus propios ojos y en poco tiempo, que hará lo mismo, en lo medular, que los miserables sátrapas anteriores. Y si en caso de que el imperialismo y la reaccionaria burguesía se decidiesen imponer a otro usurpador, en las elecciones de 2018, tengan por seguro que AMLO haría lo mismo que en 2006 y 2012: pronunciar solo quejidos y lamentaciones. Realizaría unas enclenques manifestacioncitas, un intrascendente plantoncito. Todo con camisa de fuerza. Lo de siempre y nada más. Y sus ciegos fanáticos tendrán que liar sus bártulos, regresar quietecitos a su casa y esperar otros seis años. Y así, “por los siglos de los siglos”. Hermano de la clase obrera, López Obrador es un maldito demagogo. Un apaciguador del descontento popular. El  proletariado no tiene por ningún motivo que andar tras la cola de esta taimado reaccionario. Los trabajadores se deben organizar independientemente de cualquier partido burgués, como Morena, para acabar con este régimen que solo a la miseria y al hambre condena al pueblo. Los obreros somos la aplastante mayoría en el país, sin embargo, es la masa obrera una masa inconsciente y manipulable. Continuará…   Javier Antuna Tijuana, B. C. Correo: [email protected]

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