Mucho edificio y pocos resultados

Dibujo: Archivo
 
Dobleplana Lunes, 5 Febrero, 2018 12:00 PM

Es un super-edificio. Me imagino que costó millonada y media. Pero lo vale. Nada más la ubicación es magnífica. Fíjese: El puritito Paseo de la Reforma en la Ciudad de México. Por fuera impresiona. Relumbra. Impone con varias banderas en el frontis. Comparándolo con las oficinas del FBI en Estados Unidos nada más no. Allá no tienen tanta vistosidad en la construcción. Simplemente paredes de concreto con ventanas normales. Prácticos, no fascinantes. Todavía la matriz anterior tiene una estampa más gubernamental. Pero ahora ni hablar: Nunca la Procuraduría General de la República tuvo tan elegante edificio.

Debió gastarse una crecida cantidad para acondicionarlo. Desde muebles. Teléfonos. Alfombras. Divisiones. Plafones. Iluminación. En fin. Toda la comodidad para cientos de empleados. Tantos que no todos están al mismo tiempo. Se relevan para cubrir diariamente los obligados tres turnos. A propósito, tal vez sea la grandeza del edificio. Pero da la impresión de tener más personal…y menos policías. Y curiosamente. Anteriormente no había tanto narcotraficante y sí más detenciones. Como que el nuevo edificio no tiene el efecto de viejas construcciones. En esto del combate al narcotráfico como la política se mide por resultados. A la cárcel mandan carretadas de narcos por casualidad. Sobre todo choferes. Unos ni sabían qué llevaban. Y otros manejaron el vehículo por necesidad y riesgo. Pero cabezas de bandas, gavillas o cárteles nada más no.

Hace años había más efectividad y menos lujo. Tomo los datos oficiales: El sexenio del Presidente Miguel de la Madrid Hurtado. Los agentes de la entonces Policía Judicial Federal detuvieron al poderoso mafioso Juan José Esparragoza. Desgraciadamente cuando llegó a los tribunales lo liberaron por sospechosas fallas jurídicas. Pero sigue prisionero Ernesto Fonseca “Don Neto”. Sus hijos reclaman libertad porque se está muriendo. Pero no. Sigue en su calabozo. En ese sexenio la INTERPOL fue dirigida por el legendario Florentino Ventura. Tan discutido y discutible detective persiguió hasta Costa Rica y detuvo al celebérrimo del narcotráfico Rafael Caro Quintero. Lo anduvo persiguiendo por todos lados. Le obligó a salir del país y en Costa Rica lo detuvo. Rafael era un mafioso cautivador. Leyenda como “Juan Charrasqueado”, el personaje del corrido cuarenteño “…a todas las muchachas más bonitas se robaba, de aquellos campos no quedaba ni una flor”. Pionero de la producción al mayoreo y no tanto el acarreo tradicional desde el extranjero. Gran sobornador de funcionarios y policías. Repartió muchos billetes. Uno de los primeros en utilizar credenciales legítimas de Gobernación. Y cuando lo apañaron también cayó José Contreras Subías. Estos señores sí eran jefes de jefes. No como los de ahora. Más de soborno y corrido.

En tiempos de Carlos Salinas solamente dos mafiosos fueron empujados a la celda: Miguel Ángel Félix Gallardo, patriarca del narcotráfico. Indudablemente el más poderoso en la historia. Fue traicionado por gobierno y policías sobornados. También le tocó a Joaquín “El Chapo” Guzmán. Lo acorralaron en el sur luego de asesinado el Cardenal Posadas y Ocampo. De otra forma ni lo tocan. Y otro personaje sin mucha etiqueta pero bastante nombre: Francisco Arellano Félix. Estaba en una casita modesta de Tijuana. No tenía droga. Solamente tres crapulosos armados le protegían. Ésos sí, buenos para nada. Total. Lo zambutieron en cuanto le llamaban Almoloya a la prisión Almoloya. Y sigue ahora que se le impusieron “La Palma”. Según sus hermanos, abogados y allegados, legalmente agotó su condena. Pero no lo dejan libre.

Cuando el sexenio de Ernesto Zedillo sucedió la entrega negociada: Juan García Ábrego se echó en brazos de la PGR y de allí al jet para extraditarlo. Nunca nadie del Gobierno tocó a su familia y menos su fortuna. A Héctor “El Güero” Palma lo entambaron de chiripa. Nada más porque se desplomó su avión. Si no todavía andaría libre. Igual que Francisco Arellano acabaló sentencia pero sigue en la prisión de Puente Grande, Jalisco. Zedillo fue quien urgió al Ejército para zarandear al narcotráfico. Inmediatamente habilitaron a militares para jefaturar delegaciones de la Procuraduría General de la República. Se retiraron a los agentes federales viciados. Colocaron tropa. Por eso capturaron a Everardo “El Kitty” Páez, Amado Cruz Anguiano, Fausto Soto Miller “El Cocinero”. Todos del Cártel Arellano Félix. También Hodoyán Palacios y hasta el General de División Jesús Gutiérrez Rebollo. De paso requisaron droga por toneladas. Y durante ese gobierno, salvo quien demuestre lo contrario, falleció Amado Carrillo Fuentes “El Señor de los Cielos”.

Pero entonces sucedió algo curioso: Algunos gobernadores reclamaron al Presidente: Querían civiles y no militares en las delegaciones de la PGR. Decían que con los miembros del Ejército se les dificultaba coordinarse. Pero la realidad era otra: El narcotráfico estaba metido hasta los mandos casi en cada Estado. No era tanto la incomodidad oficial sino la presión mafiosa. Soldadesca y oficiales estorbaban. Institucional como es, Zedillo los retiró pero comisionó al Ejército para seguir persiguiendo mafiosos. Se ha dicho mucho y mal sobre el Secretario de la Defensa Nacional en ese sexenio, General de División Enrique Cervantes Aguirre. Pero nadie ha podido probar sus denuncias. Las referencias periodísticas estadounidenses se derrumbaron. Del escándalo cayeron en el silencio. Lo cierto único: Dejó encarrilada la tarea anti-mafiosa.

Durante dos años con seis meses, el Ejército Mexicano detuvo a 11 importantes narcos. La PGR a ocho en 18 años. Los motivos son harto conocidos. Al paso del tiempo la Policía Judicial Federal se convirtió en protectora e informadora de los capos. Muchos se adineraron. Otros decidieron cambiar la chapa por el cártel. Bastantes son prisioneros y muchos descansan en paz.

La Secretaría de la Defensa Nacional ha zangoloteado más al Cártel del Golfo. La nómina es notable. Todos operaban desde hacía años: Baldomero Medina “El Señor de los Tráilers”, Gilberto García Mena “El June”, Mario Villanueva Madrid, Alcides Ramón Magaña “El Metro”, Adán Medrano Vázquez “El Licenciado”, Arturo Hernández González “Chaky” y la cereza del pastel: Osiel Cárdenas Guillén, el capo.

Del Cártel Arellano: Su jefe Benjamín, Jesús Labra Avilés “Don Chuy”, Ismael Higuera “El Mayel” y Adán Amezcua. En este sexenio fue muerto en un tiroteo Ramón Arellano Félix. Punto y aparte solamente un asociado del Cártel de Juárez: Albino Quintero Meraz “El Beto”.

Faltan muchos por detener. Por allí andan los principales sobrevivientes del Golfo: Zeferino Peña Cuéllar “Don Zefe”, Gregorio Sauceda “El Goyo”, Jorge Eduardo Coss “El Coss” y Rogelio González Pizaña “El Kelín”. Del Cártel Arellano Félix: Francisco Javier Arellano Félix, Eduardo Arellano Félix, Gilberto Higuera “El Gilillo”, Manuel Aguirre Galindo “El Caballo”, Efraín Pérez Pazuengo “El Efra” y Carlos Francisco Cázares Beltrán “El Quemado”. Del Cártel de Juárez: Ismael Zambada “El Mayo”, Vicente Carrillo Fuentes, Vicente Carrillo Leyva y anexos. Aparte están los grupos de Joaquín Guzmán Loera “El Chapo” y Héctor Jesús “El Güero” Palma. También Ignacio “Nacho” Coronel y los gavilleros de Michoacán.

En fin. El señor General Brigadier Rafael Macedo de la Concha ha logrado mucho al frente de la Procuraduría. Por lo menos asear la casa es un gran mérito. Hay menos conexión y complicidad de su corporación con la mafia. La infiltración sigue. Pero sinceramente le hará falta algo más que un hermoso edificio para detener a tantos capos notables como el Ejército.

 

Escrito tomado de la colección Dobleplana de Jesús Blancornelas, publicado en febrero de 2009.

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