Otra vez las encuestas

Foto: Internet/Las encuestas jugarán un rol importante, pero no definitorio
 
Opinionez Lunes, 11 Diciembre, 2017 12:00 PM

Cada que se acerca una elección, escuchamos como se encuentran ubicados los candidatos y sus partidos gracias a las encuestas. Este instrumento de medición fue fundamental en la democracia mexicana y en particular, fue altamente útil en el proceso donde Vicente Fox Quesada fue electo como primer presidente de oposición en México.

En esa elección, el resultado final se confirmó en gran medida por el “cruce” de información que proporcionaron las diversas casas encuestadoras, contratadas por los partidos políticos y los medios de comunicación. Fue tal la confianza en las mediciones, que se generó gran certidumbre al entonces Instituto Federal Electoral. A la hora que se dieron a conocer los números oficiales, según lo marca la ley, tanto ganadores como perdedores sabían del resultado final y nadie lo cuestionaba.

Fue en esa elección que el auge en los estudios de opinión creció exponencialmente, vinieron todo tipo de elecciones y las encuestas tenía un gran respeto entre la gente. En los medios de comunicación eran pocos los que dudaban de éstas.

En el 2006, en el proceso electoral donde Felipe Calderón asumió la Presidencia de la República, el aún Instituto Federal Electoral decidió que un grupo de expertos determinaran quién sería el ganador con base a encuestas de salida. Si bien, en el 2000 fueron relevantes para dar a conocer el resultado; en el 2006 se depositaba toda la confianza en estos estudios.

Puedo afirmar que fueron 10 años de “gloria” para las encuestas; después, el método literalmente se agotó. El principal motivo fue que los estudios de opinión dejaron de ser un instrumento veraz, confiable e informativo para convertirse en un instrumento propagandístico de los partidos políticos. Ahora los resultados están en duda, la información que surge más bien parecen “trajes a la medida” dependiendo del cliente.

Quienes aplican las encuestas no se dieron cuenta -hasta hoy- que se autodestruyeron, si bien ganaron importantes cantidades de recursos perdieron una credibilidad difícil de recuperar. Se ha rebajado tanto la calidad de los estudios de opinión que en el presente se considera, para lo único que sirven es para confundir y para obtener recursos de empresarios o potenciales donadores.

Lo peor del caso es que en cada elección, ya sea federal, estatal o municipal, las encuestas muestran resultados diametralmente opuestos y simplemente no pasa nada.  Es decir, ni disculpas y mucho menos explicaciones sobre las razones por las que erraron en sus resultados; sencillamente desaparecen del escenario político-electoral por meses y volvemos a saber de éstas cuando se aproxima algún nuevo proceso.

Si uno revisa con atención, veremos que la metodología con las que se aplican varían considerablemente. Algunos aplican mediciones telefónicas, otras casa-habitación y recientemente a través de redes sociales.

Se acerca 2018 y con el año la elección más concurrida en la historia de México. Como es de conocimiento no solo votaremos por Presidente (a) de la República, sino también por la renovación del Congreso de la Unión. En varios estados se elegirán a gobernadores, alcaldes, así como diputados locales. Hay que recordar que por primera ocasión se podrá votar por la reelección de alcaldes y diputados, lo que hace aún más atractivo el proceso electoral.

Las encuestas, de nueva cuenta, jugarán un rol importante, pero no definitorio, como años atrás. Ahora, quienes se dedican a este negocio tendrán que acercarse a métodos más profundos. La lectura en general es que solo medir preferencias electorales ya quedó en el pasado. Evaluar atributos y motivaciones que tiene el ciudadano para acudir a votar son juicios de valor más exactos que solo un tema de aritmética partidista.

Las encuestas vuelven al ruedo, veremos si salen en hombros o entre abucheos. Al tiempo.

 

Alejandro Caso Niebla es consultor en políticas públicas, comunicación y campañas; se ha desempeñado como vocero en la Secretaría de Hacienda y Secretaría de Desarrollo Social en el Gobierno Federal, así como director de medios en la Presidencia de la República. También fungió como Director de Comunicación Social en el Gobierno del Estado de Baja California. @CasoAlejandro

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