Fin de año


 
En Zerio Lunes, 18 Diciembre, 2017 12:00 PM

Oye comadre, ¿y este fin de año cómo vas a terminar?

“Pues como en talla 40, comadre”.

Autor: Otra comadre.

 

Remedio

Dos amigos conversan:

Esta mañana me encontraba tan mal, que decidí suicidarme tomando mil aspirinas.

“¿Y qué pasó?”.

Me tomé la segunda, y me sentí mejor.

Autor: Fanático del Tylenol.

 

Milagro

Una dama visita a su ginecólogo y le dice que no se siente bien. Este la examina y le dice:

“Señora, felicidades, será usted madre”.

Muy enojada, la mujer replica:

“¡Jamás he tocado un hombre en mi vida!”.

Entonces el médico se dirige a un escaparate de donde toma unos binoculares y se pone a mirar por la ventana hacia el cielo. Desesperada, ella pregunta qué hace mirando por la ventana, a lo que el doctor responde:

“Señora, la última vez que pasó un caso como el suyo, vinieron tres Reyes Magos ¡y esta vez no me lo quiero perder!”.

Autor: Un lector con espíritu navideño.

 

Órdenes son órdenes

Un soldado viaja sentado en un autobús. En eso sube un general. El soldado se pone en pie inmediatamente y su superior exclama:

“¡Puede sentarse de nuevo!”.

Al cabo de un minuto el soldado se pone en pie de un salto y el general le dice:

“Gracias, pero ya puede volver a sentarse”.

Al poco tiempo, el soldado vuelve a ponerse en pie una tercera vez. El general suelta:

“¿Cómo tengo que decírselo? Haga el favor de sentarse, ¿me ha oído?”.

Rojo como un tomate, el soldado contesta:

“Pero mi general, ¡es que ya debería haberme bajado tres paradas atrás!”.

Autor: Un cabo.

 

La subasta

Tras muchos años al frente de una tienda de animales, el propietario no puede seguir manteniendo el negocio y decide vender todas las mascotas en una subasta pública. Un señor que asiste a la subasta se fija en un loro y decide conseguirlo. La subasta resulta muy dura, pues desde el otro lado de la sala le igualan los ofrecimientos constantemente, pero al final se hace con el loro, eso sí, muy caro. El sujeto se dirige al vendedor y le pregunta:

¿Está seguro de que el loro habla?

“Sí, claro, ¿quién cree que estuvo gritando los montos todo el rato?”.

Autor: Un perico.

 

Chiquilla

En la iglesia, una chiquilla se confiesa:

El otro día me encontré a un amigo y, tras tomar algo, me invitó a dar una vuelta y finalmente lo hicimos. Yo, como soy tan frungil, acepté.

“Se dice frágil”, dice el sacerdote confesor.

Al día siguiente me encontré a otro amigo en el supermercado y no sé cómo al final acabé en el asiento de atrás de su coche. Como soy tan frungil…

“Frágil, se dice frágil”.

Y nada, hoy me pasó que me encontré hace un rato a mi novio y poco hablamos, y al rato pues ya sabrá… ¿cómo era esa palabra, padre?

“Fácil, hija mía… fácil”.

Autor: Un monaguillo entusiasta.

 

Entrevista de trabajo

En una entrevista de trabajo le plantean a un candidato:

Para comprobar su rapidez mental, dígame usted una cosa de piel, para los pies, que sirve para andar.

“¿Una cosa de piel, para los pies, que sirve para andar? Esto es muy difícil, ¿no?”.

Tiene veinte segundos para contestar.

“Una cosa de piel para los pies… No lo sé”.

Son zapatos. Ya puede irse.

El hombre sale de la sala de entrevistas y se encuentra con un amigo, al que le pregunta lo mismo.

“Es difícil, pero la respuesta es zapatos”.

El amigo llega a la entrevista y le preguntan:

Para probar su rapidez mental. Una cosa de madera, con cuatro patas y rodeada de sillas.

“¿Tiene cordones?”.

No.

“¡Pues mocasines!”.

Autor: Un desempleado.

 

Vaca andariega

En Filadelfia hay una vaca llamada “Stormy” que ahora es famosa por andariega. Resulta que el bovino forma parte de un Nacimiento viviente instalado en la iglesia Old First Reformed Church of Christ, pero el jueves se escapó dos veces en el día sólo para ¡EN ZERIO! regresar finalmente a pastar ahí junto al pesebre.

Lo peor del caso es que la vaquita vaga trajo loca a la Policía que la rastreó cuando se tuvo un reporte de su paradero por la Interestatal  95, a eso de las dos de la madrugada. En esa ocasión capturaron al animal que pesa alrededor de mil 500 libras.

Después, a las seis de la mañana, “Stormy” volvió a hacer de las suyas, pero solita regresó a donde debía estar: junto a la Sagrada Familia, disfrutando su comida.

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