Unos complacientes Caifanes


 
Espectáculoz Lunes, 27 Abril, 2015 07:00 PM

Un sonido fuerte y prolongado anunciaba lo que sería una noche cargada de ritmo e intensidad. Era el sintetizador de Diego Herrera, quien apareció solo en el escenario, rodeado de luces y humo, para llevar a cabo esa solemne introducción, a la que se integró la percusión de Alfonso André y después los acordes de Rodrigo Baills. Entonces, la alineación se completó con la presencia de Saúl Hernández y Sabo Romo; en el momento indicado, el vocalista finalmente hizo su entrada: “Por qué no puedo andar a gatas”, el público reaccionó con gritos y luego de dos estrofas, ¡pum!, la cadencia se acentuó y el tema “Los Dioses Ocultos” comenzó a escucharse en su máximo esplendor; cientos o miles de aficionados coreaban. Un escenario con altas estructuras de metal, enorme pantalla de fondo (con visuales como contenido), otras dos a los lados (donde podían apreciarse acercamientos del concierto). Tal fue la plataforma de la que se valió Caifanes para ejecutar su repertorio ante un numeroso público tijuanense (alrededor de quince mil asistentes, según reportaron miembros del staff) en las instalaciones del Parque Morelos el sábado 18 de abril. “Y arriba el norte, chingao”, celebró Saúl una vez iniciada la segunda canción de la noche, “Para que No Digas que No Pienso en Ti”, para cuya interpretación Diego Herrera usó un sintetizador de mano, con el que se pudo pasear por el escenario y ejecutar un estridente solo. Sabo Romo, por su parte, además de encargarse del bajeo, realizó acompañamiento de voz. Era así como se estaba viviendo el regreso de Caifanes a la entidad, en su tour 2015. “Buenas noches, Tijuana, es un honor estar aquí contigo, en tu concierto…”, saludó entusiasta Saúl, vestido de manga corta y mezclilla, y luciendo abultado copete. No vinieron con disco nuevo bajo el brazo. Aunque de manera preliminar trabajan en nuevo material (lo cual reveló el tecladista momentos antes del concierto, en conferencia de prensa). Tocaron temas de sus cuatro producciones de estudio: “Volumen II”, “El Silencio”, “El Nervio del Volcán” y “Volumen 1”. Con algunos arreglos sobresalientes, potentes requintos, desgarradores acordes; Diego al saxofón en “La Vida No es Eterna” y “Viento”. Muchas de las canciones ejecutadas, con el sello de éxito rotundo: como “Cuéntame tu Vida”, para cuyo coro Saúl no se preocupó de atender las líneas correspondientes y en cambio dirigió el micrófono hacia el público, éste se encargó de corear. Fotos muy viejas de la agrupación capitalina, en pantalla, apropiadas como soporte visual para un tema de 1988 (incluido en el primer LP de Caifanes). El vocalista, a quien le dio por hablar entre canción y canción, tocó distintos tópicos y no fue ajeno a la problemática del narcotráfico en el país: en este sentido, hizo alusión a “esta situación de drogadicción, de cárteles”, a propósito de “Piedra”, tema con reminiscencias de tambora, al que el grupo aplicó un tratamiento nutridamente roquero, con un contundente requinto a manos de Rodrigo Baills (en sustitución de Alejandro Marcovich). Después dedicaría “El Comunicador” a las periodistas Carmen Aristegui y Lydia Cacho, y la guitarra progresiva de la pieza y sus enfáticos acordes o rasgueos se harían escuchar. Así como la voz de Saúl un poco ronca. Hernández además aprovechó para mostrar en sus manos una camiseta con estampado en referencia a los 43 normalistas de Ayotzinapa desaparecidos el año pasado, y vendría a continuación el tema “Antes de que Nos Olviden”, para el que Sabo no se quedó sin ejecutar el emotivo solo de bajo que lo distingue. También Alfonso André destacó con esmerados redobles (casi al final del éxito “Perdí mi Ojo de Venado”), gesto al que la gente respondió con alaridos. Hernández a su vez se lució requinteando. Toda una celebración al rock, el género rebelde a cargo de Caifanes, en un efusivo formato de concierto. Coreos en voz de miles de seguidores, abarrotados en las cuatro secciones del auditorio al aire libre y quienes incluso palmearon al unísono. Luego de que Saúl presentara a los músicos en el escenario, “Como la primera vez, Tijuana, no mames”, profirió Sabo Romo. Acto seguido, posaron para las fotos de rigor, mientras la gente clamaba por “La Negra Tomasa”. El grupo se despidió. Todo quedó a oscuras. La expectativa predominó entre la concurrencia y proliferaron silbidos y uno que otro “otra, otra” también se escuchó. No pasaron cinco minutos para que los Caifanes volvieran a aparecer. Eran las 12:17 am. El saxofón y un compás jazzístico en la batería prevalecieron en esta fase de la noche. “Quisiera Ser Alcohol” y “No Dejes Que” formarían parte de la selección. El público, finalmente sería complacido con “La Negra Tomasa”, cumbia roquera, particularmente distorsionada en esta ocasión. “Muchas gracias, Dios te bendiga, Tijuana”, el show se consumaba. Los músicos mostraron una bandera con los colores patrios, así como la leyenda “Caifanes” y viñeta de corte prehispánico, en reemplazo del símbolo oficial. La multitud comenzó a abandonar el recinto. El saldo oficial, en lo correspondiente a este concierto, fue de 14 personas atendidas, por “apachurramiento, pisotón o desvanecimiento”, reportó personal de primeros auxilios.

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