La sociedad civil, por su parte, aporta legitimidad y cercanía con la comunidad. Investigaciones de Putnam (1993) sobre capital social demuestran que la confianza y la cooperación entre ciudadanos fortalecen la resiliencia comunitaria frente a la violencia. Organizaciones vecinales, asociaciones religiosas y colectivos culturales contribuyen a crear redes de apoyo que disuaden la delincuencia y fomentan la cohesión social.