La propuesta es juzgar como adultos a adolescentes mayores de 16 años que cometan homicidio o secuestro, aumentando de cinco hasta treinta años de prisión
El robo de identidad representa más que un quebranto patrimonial, pues afecta a la imagen y reputación de la víctima. Aunque el delito va en aumento, no existen estadísticas confiables por la diversidad del tipo penal en los estados.