Los desalmados existen en un estado de insaciable autoadoración. El ídolo que se han erigido a sí mismos debe ser alimentado constantemente. Exige una interminable corriente de víctimas. Exige una obediencia y sumisión absolutas, exhibidas públicamente en las reuniones del gabinete de Trump.
No espero mucho de los políticos, los magnates corporativos, los rectores de universidades prestigiosas, los filántropos multimillonarios, las celebridades, la realeza o los oligarcas. Viven en burbujas narcisistas y hedonistas que fomentan su autoadoración y depravación moral.
Cuando el escándalo de Jeffrey Epstein estalló en los medios a nivel internacional, nombres de figuras públicas, del espectáculo, líderes mundiales y acaudalados empresarios empezaron a ser vinculados con el infame emporio de jóvenes, algunas de ellas menores de edad, que fueron engañadas en unos casos, y en otros, prácticamente obligadas a ejercer la prostitución.