Cada mañana, millones de personas salen rumbo a sus trabajos, las oficinas gubernamentales abren sus puertas, el transporte público se llena y las empresas —desde la más grande hasta la más pequeña— ponen en marcha sus operaciones. Sin embargo, nada de esta actividad formal sería posible sin un engranaje silencioso, no remunerado y sistemáticamente ignorado: la economía del cuidado.