“Una obra nunca está terminada”, expresa a ZETA la artista plástico Zulema Ruiz, que expone en la colectiva “Mujeres creadoras. Lírica de la resistencia”, en la Galería Internacional del CEART Mexicali
Entrar al taller de la artista plástico Zulema Ruiz es encontrarse con dibujos y pinturas, la mayoría en proceso de creación todavía, porque, plantea, “una obra nunca está terminada”. La reconocida artista tijuanense es parte de la colectiva “Mujeres creadoras. Lírica de la resistencia”, inaugurada el jueves 29 de octubre de 2026 en la Galería Internacional del Centro Estatal de las Artes (CEART) de Mexicali.
Nacida en San Diego en 1948, pero radicada toda su vida en Tijuana, Zulema Ruiz es una de las artistas plásticos más importantes de Baja California que ha sido parte de una generación de reconocidos pintores que abrieron camino en las exposiciones “en casas particulares” y galerías independientes de Tijuana en la década de los 70, cuando no había instituciones culturales como el Centro Cultural Tijuana (CECUT), ni Instituto de Cultura de Baja California, ni Instituto Municipal de Arte y Cultura (IMAC).
Zulema Ruiz es esposa de Juan Badía (España, 1938-México, 2020), pero la artista plástico tiene un nombre y una obra propios: “Mi esposo nunca me enseñó nada. A él le gustaba mucho mi trabajo, él lo respetaba mucho, pero no era de las personas que te decía, él no te decía nada”, expresa en entrevista para ZETA la artista Zulema Ruiz en su taller, ocasión en que revela algunos secretos de su trayectoria, y entre plática y plática van apareciendo personajes como Benjamín Serrano “Pinocho”, Marta Palau, Héctor Castellón, Silvia Galindo, Danielle Gallois, Nina Moreno, Francisco Chávez Corrujedo, Juan Badía, artistas de la región que han determinado una época gloriosa de plástica bajacaliforniana.
“YO ME MORÍA POR PINTAR”
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Zulema Ruiz estudió en el Colegio La Paz tanto la primaria como la secundaria, posteriormente en Academy of the Little Flower en San Diego, pero fue en Tijuana donde cursó un taller de pintura con el maestro Héctor Castellón, en la calle Constitución, en pleno Centro de Tijuana, donde el pintor salvadoreño tenía su estudio.
“Yo en realidad, mucho antes de conocer a mi marido (Juan Badía), empecé tomando clases aquí en Tijuana con un maestro que era salvadoreño, (Héctor) Castellón; era uno de los pintores que había aquí en Tijuana. Yo todos los días leía el periódico a ver si alguien anunciaba clases de pintura, y un día que voy viendo y me fui a tomar clases. Ahí iba también José Zurita, uno de los primeros pintores aquí en Tijuana que hubo; también murió joven. Sobre todo pintaba, pero se dedicaba a escribir sociales. Era finales de los 60, en el Centro Castellón tenía su estudio, cerca de la Segunda. Ahí estuve unos meses o un año”.
— ¿Por qué fueron importantes para usted las clases de pintura con el maestro salvadoreño Héctor Castellón en Tijuana?
“Porque yo me moría por pintar, yo quería pintar”.

ENTRE LONDRES Y PARÍS
En 1969, Zulema Ruiz conoce a quien sería su esposo, el artista español exiliado en Tijuana, Juan Badía, con quien se casa y emprende un viaje por Europa, París y Londres, concretamente, fundamentales en su vocación artística.
— ¿En qué momento o época usted se da cuenta que está dibujando o pintando más allá de los garabatos propios de la niñez?
“Cuando nos vamos mi esposo, Juan Badía, y yo a París, en el 74, él quiso ir a Londres a la tienda Winsor & Newton, de mucho prestigio y muy buena calidad los artículos de arte. Fuimos ahí, yo entré y para mí fue la tienda de dulces, me dio mucha felicidad. Fue cuando yo escogí un papel y el gouache, sin saber qué era. Y de regreso a París comencé a pintar, así fue. Yo ya no quería salir y me dijo mi esposo: ‘Para quedarte encerrada, te hubieras quedado encerrada en Tijuana; aquí es para que veas’. Entonces comenzamos a ir por todos lados, ahí me fui enriqueciendo y viendo muchas cosas; ahí fue donde me llamaron mucho la atención los africanos: de dónde y cómo, de toda la naturaleza. No tenía que copiarle a nadie: ves la naturaleza y sacas lo que te dé la gana: colores, combinaciones, formas, de ahí parto yo”.
— En esa primera etapa pintando en París, ¿cuántas obras hizo?
“En París empecé a rayonear y nada más. No hice nada que valiera la pena. Todo se quedó ahí en el departamento donde vivíamos. No podíamos traernos todo, me traje una pintura nada más, porque era una pintura terminada y la primera que yo hice, y me la traje; por lo menos la terminé toda, como esté de fea y lo que sea, pero la terminé”, responde la artista mientras muestra al periodista cultural su primera obra fechada en 1974 y la describe: “Yo comencé a pintar toda mi ideología religiosa, política y social”.
“Allá estaba también Pinocho, Benjamín Serrano, en París. Un día le dijo a mi esposo: ‘En tres años está exponiendo con nosotros’. Pinocho me apoyó mucho; desgraciadamente se murió, un gran artista. Ya te digo, empiezo a pintar cuando vamos a París porque en realidad nos fuimos para allá porque él quería encontrarse, encontrar su camino, su estilo, y lo encontré yo”, evoca con ironía.
— ¿En qué año y qué hizo al regresar a Tijuana?
DE REGRESO A TIJUANA
“Nos regresamos a Tijuana en el 75. Tenía dos hijos: Zulema y Juan. Comencé a pintar, a ver qué me salía, buscaba esto y hacía lo otro”.
Zulema Ruiz formó parte de las exposiciones colectivas desde la década de los 70, en casas particulares y galerías independientes de Tijuana. De hecho, recuerda que participa en una colectiva en la Galería Mérida Hermanos, en 1977.
“Tuve muchas exposiciones en Tijuana y San Diego, participaba en colectivas. Mi primera exposición fue en la Galería Mérida Hermanos, en el bulevar Agua Caliente, de las primeras galerías que pusieron en el 77. Luego, en la Bienal 78 de Baja California me seleccionaron”.
— ¿Cómo describe esa época de exposiciones en galerías independientes en la década de los 70 donde no había instituciones culturales como el CECUT o ICBC ni IMAC?
“Las exposiciones se hacían en casas particulares. No había instituciones, no había galerías, nada más la Galería Mérida Hermanos. La gente no estaba acostumbrada a asistir a las exposiciones tampoco, para nada”.

“EL DIBUJO ES LA BASE DE MI TRABAJO”
Han transcurrido cinco décadas desde aquella primera exposición de 1977 en la entonces Galería Mérida Hermanos de Tijuana que, recuerda, se localizaba en el bulevar Agua Caliente, en seguida del Calimax, rumbo al Centro; además, fue parte de la Bienal Plástica de 1978, ganó el Premio Único de Pintura del II Encuentro Internacional de Artistas Plásticos/Bienal Internacional en 1991 de la Universidad Autónoma de Baja California (UABC) e, incluso, rememoró que fue invitada a exponer en la primera edición de ArtWalk San Diego, en 1984. Ahora Zulema Ruiz tiene un lugar en la historia de la plástica bajacaliforniana. De hecho, en la colectiva “Mujeres creadoras. Lírica de la resistencia”, que se exhibe en la Galería Internacional del CEART Mexicali, han sido seleccionadas tres piezas de diferentes épocas: “Dimensiones” (76×56 cm, 1978), “Ventana a la luz” (76×56 cm, 2010) y “Pareja” (56×76 cm, 2014), todas en la técnica de gouache sobre papel.
Aunque también es autora de pinturas como “Secreto” (37×45 cm, 1985), “Autorretrato” (55×75, 1987), “El abrazo” (33×25 cm, 1988), por citar algunas.
— ¿Cómo es el proceso de creación de una obra desde que empieza hasta que termina?
“Hago el dibujo, lo paso al papel, a lo mejor le arreglo algo que me gusta más o le quito algo que no me gustó, y lo comienzo a pintar. Ahí es donde yo me he apresurado, porque pongo, por decir, un verde; luego ya me arrepentí, ya se lo cambié. Ése es el error que he cometido: que no escojo los colores antes, pero más o menos así es como pinto y ya, se acabó”.
— ¿Por qué en su obra primero es el dibujo y después la pintura?
“Así lo hice desde el principio y no se me antoja otra cosa; no se me antoja comenzar a pintar con color, que sería interesante”.
— ¿Y cómo se da cuenta cuando una obra ya está terminada?
“Una obra nunca está terminada. ¿No ves que, te digo, tengo que arreglar este cuadro? ¿Por qué crees que tengo todos éstos que los voy a arreglar?”.
— ¿Por qué una obra nunca está terminada?
“Porque siempre quiere uno hacerle algo más; algo le dice: ‘Este color no me gusta’, en fin. Me molesta algo y entonces digo: ‘Le voy a quitar esto, le voy a quitar lo otro’, hasta que me gusta a mí, hasta que veo que está bien, que está bien equilibrado en cuanto al color y en cuanto a los elementos que componen el cuadro. No estoy peleada con mis formas, ni con mis composiciones, me gustan mucho; donde me apresuro es en el color, donde tengo que tomar más tiempo, pensar más bien las cosas”.
En este pasaje de la entrevista, Zulema Ruiz revela una de sus influencias pictóricas, importante porque refleja el porqué primero dibuja y después pinta:
“Una vez andábamos en París, precisamente, todavía no pintaba yo; íbamos por la calle, era de noche. Íbamos caminando y vimos una galería y unas pinturas, pocas veces se impacta uno y entra a ver qué es, a ver la obra. Mi esposo era un buen conocedor de las técnicas; decía: ‘¿Qué es esto?’. Muy padres los cuadros. Íbamos por toda la galería hasta que llegamos al fondo. Cuando llegamos al fondo, vimos que había unos dibujos ahí, pero no tenían la fuerza que tenía el resto de la obra. ¿Por qué? Porque ya no tenía nada. ¿Sabes qué hacía este señor, Antonio Saura? Entonces nos enteramos qué hacía este señor: este señor agarraba y pegaba papel de revista, lo pegaba en los cuadros y luego pintaba; claro que con mucha intención, el señor sabía lo que estaba haciendo. Le quedaba padrísimo: metía unos brochazos y pues algunas partes eran lo que estaba abajo y otras partes eran sus brochazos, pero con una fuerza y una riqueza de color; pero cuando veías lo que él hacía solito, aquella fuerza se perdía. Entonces yo pensé ahí: si yo un día pinto, yo primero voy a tener mis formas. Entonces yo creo que por ahí me clavé mucho, porque mis formas, el dibujo es la base de mi trabajo”.
“TODO MI TRABAJO ES ESPONTÁNEO”
Es verdad que en las obras de Zulema Ruiz abundan las figuras humanoides, no se sabe si son hombres o mujeres, tal como ella lo reconoce, pero la mayoría lleva máscaras o antifaces.
“Soy autodidacta, ni sé pintar ni nada; yo nada más comencé a dar brochazos, eso es parte de por qué pinto así”, advierte y agrega: “Yo pinto inconscientemente. Me encanta ponerme a dibujar, sacar las figuras, pero sin pensar por esto y por lo otro; a lo mejor todo es inconsciente”.
— ¿Por qué sus obras no son representaciones fieles de las figuras humanas?
“Todo mi trabajo es espontáneo, así me sale. O sea, no pienso: ‘Le voy a hacer esto, lo otro’, muy pocos. Mi trabajo es intuitivo, no digo: ‘Voy a hacer esto, por esto y por lo otro’. Trabajo por intuición, pinto por intuición. Mi dibujo es espontáneo, muy poco le pienso, todo es espontáneo totalmente. La verdad, no todos los seres que pinto son femeninos, hay unos que no tienen el sexo definido: es el ser humano, ante todo; no todas son mujeres, parecen hombres más bien”.
— ¿Por qué sus figuras de seres tienen máscaras?
“Todos mis seres tienen máscaras, la mayoría son máscaras, a lo mejor porque todos llevamos máscaras. Mucho de lo que hago, la mayoría, es totalmente por intuición. Yo empecé a hacer todo por intuición. Casi todos mis personajes tienen máscaras inherentes al ser, a lo mejor porque todos llevamos máscaras”.
— ¿Qué función cumplen las figuras geométricas en sus obras?
“Me gusta mucho separar una cosa de otra, enriquecer el fondo o el color con las figuras geométricas”.
EN LA TÉCNICA DEL GOUACHE
La técnica predilecta de Zulema Ruiz es el gouache sobre papel, tal como se refleja en sus obras durante su trayectoria de más de cinco décadas, desde 1974.
— ¿Por qué prefiere la técnica del gouache sobre papel y no otra?
“Porque cuando fuimos a Winsor & Newton en Londres, yo sin saber agarré el gouache y una libreta, y ahí comencé a hacer mis cuadros. La primera pintura que hice es de esa libreta. Me acostumbré. Además, fíjate que le quitas y le pones al gouache, pero, por ejemplo, al acrílico le pones y ya no le puedes quitar; y al gouache le quitaba, le ponía y cambiaba los colores, haces lo que te da la gana con el gouache sobre papel. Mi esposo nunca me enseñó nada. A él le gustaba mucho mi trabajo, él lo respetaba mucho, pero no era de las personas que te decía; él no te decía nada. Si yo quería tomar clases con él, él te iba a enseñar como te enseñan académicamente y de ahí partes; claro que eso es lo mejor, porque él sabía, él sí tenía talento, él sí podía haber desarrollado un estilo”.
— ¿Cómo desarrolló usted su propio estilo pictórico?
“Me lo desarrollé yo solita, nadie me decía nada. No sabía yo a dónde ir a tomar clases, no sabía exactamente cuál era mi problema y fui a tomar unas clases a South Western. Entonces le dije al maestro: ‘Es que tengo problemas’. Y me dijo: ‘No tienes problemas, me gusta mucho cómo pintas’. Fácilmente fue en los 80, pero no sabía con quién tomar clases. Juan no me decía nada, pero así era él; no es que fuera egoísta, él respetaba mucho mi trabajo y le gustaba bastante”.
— ¿Usted cómo podría definir su estilo pictórico?
“Yo nunca he definido mi estilo. Fíjate, Marta Palau decía que mi estilo era realismo mágico; eso decía Marta Palau”.
— ¿Hay algún artista del arte universal que le guste o que haya influido en su forma de entender la pintura?
“A mí el que me encantaba era Fray Angélico, me encantaba, me gustaba mucho su trabajo, lo vi en Venecia. Me encantaba, me gustaba su colorido, precioso. Toledo me gustaba, también Tamayo, pero influencia no. Yo parto de ver a los africanos porque me llamaban mucho la atención sus formas; decía yo: ‘¿De dónde sacan las formas los africanos? ¿Cómo?’. Luego dije: claro, las sacan de lo que nos rodea, es tan sencillo como eso. Y entonces lo que yo comencé a hacer es eso. Ahora, mis dibujos son espontáneos totalmente. No me gusta ver a los demás, para qué, tienes todo a tu alcance: observa a los animales, los pájaros, los insectos, los pescados; qué riqueza, para qué quieres más”.

UNA GENERACIÓN GLORIOSA
Zulema Ruiz es parte de la generación de artistas plásticos que han determinado una época gloriosa de la plástica bajacaliforniana; desde Tijuana recuerda a Benjamín Serrano, Marta Palau, Nacho Hábrika, Danielle Gallois, Nina Moreno, Silvia Galindo Betancourt…
— ¿Qué opina de esa generación de pintores bajacalifornianos nacidos en las décadas de los 30 y 40 que empezó a exponer en las décadas de los 70 u 80, de la cual usted forma parte?
“Ellos son mis amigos, Hábrika, Corrujedo, Pinocho, Palau… Yo me acuerdo que era gente que cómo luchó; se unían para tratar de mejorar la situación, pues se empezaba, no había galerías, no había nada en aquellos tiempos. Todos ellos trataban de mejorar la situación aquí en Tijuana y salir adelante, que hubiera exposiciones. A todos ellos yo los traté. Sobre su obra, pues a mí me encantaba la obra de Marta Palau; muy buena, muy diferente, era otra cosa ella. Tengo dos obras de Danielle Gallois, se las compré. Yo respetaba el esfuerzo de todos, no quiero hacer distinciones de nadie. Tenía muchas amigas pintoras: estaba Nina Moreno, Silvia Galindo. Había más hombres, éramos poquitas las mujeres. Nina Moreno y Silvia Galindo eran otra cosa, Marta Palau es otra cosa también. Todos mis amigos eran gente seria que luchó toda la vida, porque ser artista cuesta. Yo creo que para ser artista necesitas mucho tiempo, mucha concentración”.
— ¿Usted cómo se siente de ser parte de esa generación de artistas bajacalifornianos nacidos en las décadas de los 30 y 40?
“Yo creo que me siento satisfecha del esfuerzo que hice, le da a uno gusto; por lo menos lo poquito que hice ahí está”.
— ¿Qué ha sido para usted la pintura en su vida?
“La pintura es mi vida, me encanta, es lo que más me llena. Es mi pasión la pintura, es cuando me siento más feliz, más completa. Me puedo perder, me puedo estar horas pintando. La pintura me ha llenado de satisfacciones, la pintura es lo más grande que ha complementado mi vida; si no, yo creo que me sentiría vacía, de plano”.






