En esta película para Netflix, Janus Metz dirige dos historias. Acierta con una y fracasa con la otra. El resultado es lamentablemente mediocre.
Por un lado está Theodore Kaczynski (Jacob Tremblay), un estudiante de 16 años que destaca en Harvard como matemático, pero quiere ser filósofo. El principal obstáculo para su vocación es su padre, un carnicero polaco que quiere que su hijo mayor haga una carrera brillante y sea muy rico.
El adolescente cree encontrar un apoyo en el profesor Henry Murray (Russell Crowe), atento lector de la novela “Moby Dick”, de Herman Melville, un autor de libros de psicología y estudioso de la personalidad humana.
Ted ve en él un tema más interesante y se anota para participar en un concurso de debates que será el principio de su fin, la raíz de la mentira que vincula a la universidad con el gobierno y no para el bien social.
Por el otro lado está una historia ficticia sobre cómo los agentes del FBI, Joanne “Jo” Miller (Shailene Woodley), Leo Driver (Alexander Ludwig), Eddie Turrell (Marc Menchaca) y Bill Ford (Mark Camacho), dieron con el paradero de quien aterrorizó a gente clave del sistema con el envío de explosivos en forma de paquetería y cartas por correo.
Para esto pasaron casi 20 años de investigaciones erradas que no atendían la clave del acertijo: la palabra escrita que finalmente fue encontrada en el Manifiesto que Kaczynski publicó en los principales diarios de Estados Unidos a mediados de los noventa.
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Las dos historias no caben en un mismo filme que gana con Tremblay y Crowe y pierde con todo lo demás, que también le resta la oportunidad a esta obra de recrear la raíz del mal y entender a fondo por qué un genio se convirtió en un asesino recluso.
Así que hay que prepararse para poner atención en la mitad de la cinta que vale la pena y olvidar el resto. A veces así pasa. ** y media.
Punto final.- Tampoco le fue muy bien a Tom Cruise con Alejandro González Iñárritu. Ni el tráiler promete.





