
En una zona céntrica de Ensenada hay una casa de una sola planta que desde afuera se distingue por dos razones: un letrero hechizo que dice “Preso político. 72 días” y la escolta de la Guardia Nacional que vigila a Ernesto Ruffo Appel desde su llegada a su domicilio a primera hora del lunes 28 de septiembre después del cambio de medida cautelar que le permitirá seguir su proceso fuera de la prisión de máxima seguridad del Altiplano.
El exgobernador no reside en toda la propiedad. El espacio donde vive se limita al patio de la casa donde creció con sus padres y sus hermanos, y, en concreto, a un pequeño departamento que fue añadido a la vivienda cuando Ruffo era un joven egresado de la carrera de administración de empresas en el ITESM; por consiguiente, ya no tendría que sujetarse a la hora habitual de llegada de las 8:30 de la noche, que era la regla general de la familia.
Ernesto no alcanzó a habitar ese departamento. Se casó antes de que la construcción terminara. Difícil habría sido entonces imaginar que ahora, a sus 74 años, ese espacio es el que le permitió regresar a la ciudad donde pasó su infancia, trazó su camino como empresario y después como un político, con tal destreza que, desde la ciudadanía, llegó a ser el primer gobernador de oposición en la historia de México.
Décadas han transcurrido y en ese departamento todo se ha ido acumulando. Hay lightsabers de Star Wars sobre la cabecera de la cama, un tablero de ajedrez con figuras de la misma saga de George Lucas, un póster de John Lennon, el gorro del Super Mario de Nintendo, muchas fotos y reconocimientos enmarcados que muestran al militante en sus inicios, juguetes de sus hijos y de sus nietos, por supuesto una foto de doña Angelita, la madre de Ernesto Ruffo que mantenía la disciplina en el hogar y quien fue una de las primeras participantes activas del panismo en Ensenada.
En este lugar todo se preserva. Se percibe a un Ruffo joven, con memorabilia de los años 70 y 80, los recuerdos familiares, la vida cotidiana que sigue siendo sencilla para un político y empresario que lo ha vivido todo, que lo mismo muestra su chaleco de la marea rosa que los tenis marcados con el número 6515 que usó en la cárcel. Y a pesar de la acusación que enfrenta desde las entrañas del poder morenista, recibe a quienes lo visitan con gusto, buen ánimo, dispuesto a compartir con ZETA anécdotas muy personales de la odisea judicial que apenas inicia, de su encarcelamiento en el Altiplano, sin silenciar su vocación de hacer política y proyectando una vitalidad que ni las 39 horas de traslado por vía terrestre desde el Estado de México hasta el puerto bajacaliforniano afectaron.
Aun cuando Ruffo inicia la entrevista con ZETA recordando el duro proceso de ingreso al penal mexiquense, la conversación apunta al futuro, hacia el camino que viene por delante.
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— ¿Cómo fue llegar al Altiplano?
“Fue una cosa… la humillación más grande de mi vida. Te echan baldes de agua fría y todo, te desvisten, te hacen gritar tu nombre, ‘¡Más recio, más fuerte!’. Te desnudan, hay enfermeras y te están viendo; ni en las películas. Ya después todo lo demás se te hace tranquilo. Y bueno, algo que dices tú, muy humano, porque llegas así, todo desvencijado, y los que están adentro, lo primero que te dicen es: ‘No se deje, no se deje caer’, porque vas arruinado mentalmente.
— Es el carcelazo…
“Es el carcelazo. Así me dijeron, que no le dé el carcelazo. ‘Manténganse fuerte mentalmente’. Y empiezas a ver a los que se supone que son malos, pues que no son tan malos, por lo menos, en esa parte humana. Y me tocó conocer cada personaje: te los encuentras en los pasillos, estás separado en módulos, y hacen trasiegos; que si vas a ver al jurídico, que si vas a ver al doctor. Entonces, avanzas en pasillos y van cerrando puertas y abriendo puertas, y pues siempre estás recluido en algo. Pero como trasiegan personas, en este caso, pues son puros hombres, alcanzas a verlos, a platicar, y luego, el clásico ‘Quihúbole’, porque conoces la cara de las personas. Y te dan esa clase de ánimo, así que no te vas al piso”.
“Los custodios, hay buenos y hay malos y hay medianos. Hay desde los que te dicen: ‘Oiga, Ruffo, las cosas están muy mal’. Y otros que te tratan con desdén: ni siquiera te dan la hora del día, te mueven, tú les pides algo, y es cuando ellos quieren, si se les antoja. Pero otros al otro día ya se sabían mi nombre completo, y veía que les daba gusto saludarme. Entonces, como yo creo, en la vida te encuentras de todo”.
— ¿Se dio cuenta si hubo instrucciones específicas para tratarlo de alguna manera especial o alguna recomendación particular?
“Particular, no. Sí hay un protocolo que le toca a todos los que van llegando; te atiende un psicólogo y un criminólogo o criminóloga, hay hombres y mujeres. Están tratando de clasificarte: qué nivel de educación tienes, cuáles son los temas que te gustan, qué no te gusta, y entonces van haciendo como una cajita de gente que se parece, y te ponen en el mismo módulo y hasta en el mismo pasillo. Yo estaba con los otros cuatro exgobernadores. Y, en cierta forma, platicas cosas que te interesan, porque yo quería saber de la experiencia de ellos como gobernadores de otras regiones del país”.
“Y, bueno, te sacan al patio, caminamos, y ahí nos vamos platicando, te vas riendo de cosas que nos pasaron, pero también analizas profundidades. Dices: esto está mal, esto tiene que partir de una institucionalidad que tiene por fundamento una constitución que abarque a los mexicanos, no a ciertos grupos políticos de mexicanos. Entonces, claro que llegamos al consenso de que nuestra constitución está toda parchada, y está obedeciendo, en este momento, ahora, a los intereses políticos de un grupo político”.
— Estaba con Yarrington, Duarte, Mario Marín y…
“Y Aguirre, que acababa de llegar; creo que hoy era su día, le iban a cantar las mañanitas por lo de los 43 de Ayotzinapa. Entonces, lo empezábamos a vacilar, y, pues, ya no sé el caso concreto de cada quien, pero a mí me parece que él estaba muy lejos en los círculos de la investigación, pues está muy periférico. Pero lo capturaron, y ahí lo tienen. No sé mucho de su causa penal, sin embargo, él era el gobernador de Guerrero cuando pasó lo de Iguala, ahí, en Ayotzinapa”.
“¿Cuántos años tiene esa investigación? Más de 10. O sea, ¿cómo que no han podido llegar a algo que, a veces, hasta nos parece obvio? Entonces, están resistiendo lo obvio, lo están escondiendo. Como en el caso mío, el tema del huachicol fiscal. No puedo dar mucho detalle, porque así me lo ordenó el juez. Pero a mí me están usando de tapadera”.
— Cuando ingresó al penal habló de humillación. ¿Qué fue lo que pensó que iba a suceder?
“Pensé en esas películas de guerra, cuando están dándole tortura a un enemigo. Dije: Pues, yo no soy enemigo, ¿por qué me tratan así? Me dio pena, por ellos y por mí. ¿Cómo se prestan a hacer esas cosas? Nomás pasó ahí, en la antesala de la entrada. Ya, cuando entras al reclusorio, está como controlado, pero la entrada no se la recomiendo a nadie”.

— ¿Atendieron sus necesidades cuando llegó?
“Los de la Guardia Nacional, muy bien. Esos siempre están preguntando ‘¿Necesita algo?’. Esa parte de cuando llegué no fue muy larga, una hora. Y ya cuando entras al reclusorio, es una serie de cosas en cuanto a dónde vas a dormir, si te va a tocar con alguien más, todos los datos tuyos. Te hacen las huellas digitales como 10 veces, porque cada seccioncita es una sección, y cada una quiere tener sus datos y no se confía de la otra, cosa que no veo mal desde el punto de vista sistémico de control”.
“No estuvo bien el asunto médico, porque no fluye como una sola unidad de atención, sino que hay las especialidades, ¿no? Que el gastroenterólogo, que el de la presión alta, y cada uno como que es rey en su especialidad; y (cuando) tú eres la persona que sufre todas estas cosas al mismo tiempo, y te tratan así, por separado, nunca te llegan las pastillas cuando deben ser, a la hora que deben ser, te las cambian porque al doctor se le antojó otra que la que tú traías, y al rato ya no sabes si estás siendo tratado. Pero nunca me sentí mal. También, ahorita les decía aquí a las personas que me acompañan que hay algo bien interesante, porque me sentí desintoxicado”.
— ¿Físicamente o anímicamente?
“Anímicamente, porque hay muchas cosas que, con la realidad de la libertad, ese es el mundo en el que vives. Y allá es otro mundo. Pero no creo que es un mal mundo desde el punto de vista de tu mente, porque empiezas a pensar diferente, más simple. El mundo nuestro es complicado, es demasiado, y ahí como que sufres un détox, una desintoxicación de la vida común. Claro, yo nomás estuve 72 días; los que ya tienen 10 años, pues ya quieren tener el otro détox, ¿no? O sea, salirse al patio de afuera, el grande. Es muy interesante. A mí me decían los demás compañeros: ‘Oye Ruffo, ¿cómo te has sentido?’. Pues yo muy bien. Fíjense que esto me sucedió como un tour, ¿no? Porque ya he aprendido muchísimo”.
— ¿Qué aprendió?
“Que todos somos iguales, y que cada quien tiene su realidad, y, bueno, allá adentro no hay ningún culpable, todo mundo se cree inocente. Los guardias se ríen y te dicen cosas acerca de, por lo que a ellos les toca ver y vivir, y llegan a cuestiones como, por ejemplo, decir un día más es un día menos. Y dices tú: a ver, cómo está esto. Y están hablando de que un día más quiere decir que ya cumplieron un día, y es un día menos a la sentencia. Pero yo no estaba sentenciado. Yo soy un ciudadano, o sea, tengo mis derechos ciudadanos a salvo, pero estás en una cárcel de alta seguridad, incomunicado. Sólo me permitieron una llamada de 10 minutos a la semana, la hacía con Marcela y con mi hija, pero el teléfono de mi hija no lo dejaron que se registrara nunca. Sólo el de Marcela, un solo teléfono. Y yo les decía, porque te ponen ahí: ‘teléfono 1, teléfono 2’, porque a veces hablas y no te contestan, pues llamas al otro. Nomás permitieron el de Marcela, no el de Verónica, mi hija; Marcela me ayudaba hablándole a mi hija”.
“Para que pudieran entrar a visitarme pasaron como cinco semanas, las hicieron dar vueltas, horrible. Ah, pues estos tenis, que ahí tienen mi número, el 6515, ¿sí? Tuvo que ser como tres versiones del tenis porque no los dejaban pasa”.
— ¿Hablaba de política con los otros exgobernadores?
“Sí, sí, pero lo primero era el que no nos diera el carcelazo. Y uno muy amable, muy buena vibra, es el Duarte Jáquez. O sea, alegre. Ah, bueno, pues, entonces, querías andar ahí caminando con el Duarte, porque te alegraba el día”.
— ¿Qué piensa usted de que su proceso no se esté llevando de manera pública?
“Se lo pedimos a la juez. Desde que me tenían ahí las primeras 72 horas, vino la pregunta: ¿lo quiere en público o lo quiere en privado? Nosotros los detenidos queríamos en público, pero la fiscalía se opuso rotundamente. Y, entonces, pues, decidió la jueza en favor de la fiscalía”.
— ¿Con qué argumento? ¿Les dijo por qué?
“Los de la fiscalía comentaban que era para llevar con mayor agilidad el proceso. Y, de hecho, ahora con las deliberaciones para poder salir aquí a la casa, el juez mismo me pidió: ‘Oiga, no hable del contenido particular del proceso, porque va a complicar las cosas. Entonces, ni hable con los que están allá afuera, que están incluidos en el proceso. Eso lo tiene prohibido; si lo hace, lo vamos a regresar’. Ahorita puede venir una orden y llevarme de regreso. Espero que sea en avión”.
— ¿Qué piensa usted de la justicia y del sistema?
“Ah, no, estamos, en México, en una situación totalmente ilegal. O sea, el asunto de los derechos humanos, donde tienes derecho a una defensa, ya no la tienes, se los digo a ustedes. Aquí te pepenan sin mediar alguien que pueda definir si procede o no tu privación de la libertad”.
“Esto que llaman prisión preventiva oficiosa, es una ilegalidad de toda ilegalidad. México ha firmado tratados internacionales que, dadas las condiciones de nuestra constitución antes de que fuera modificada, hablaba de que no podías ser privado de tu libertad si no mediaba primero una decisión de un juez; y ahorita, en la prisión preventiva oficiosa, te pepenan y te decretan la prisión preventiva oficiosa hasta que el juez pueda analizar el contenido en sí de la acusación, pero para eso puede pasar mucho tiempo”.
“Hay un período, primero, de seis meses, máximo, que puede pedir la fiscalía para investigar más acerca de ti. Pidieron los seis meses, entonces, se cumplen hasta el 23 de enero del próximo año; si no tienes tú cómo enlazarte con alguien que te ayude desde afuera a aclarar y todo, pues ahí te quedas, hasta el 23 de enero, que es cuando continúa el proceso, y luego el juez pone una fecha. ‘Ah, sí, nos vamos a ver en marzo’. Y así se la llevan. Hay quienes tienen ahí tres años en esa pelotita. Y si no tienes tú a alguien de afuera que te ayude, por ejemplo, en el caso mío, bueno, 74 años, operado de las caderas, presión alta, tuvieron que coleccionar toda la información, certificarla con los doctores, eso cuesta, ¿sí? Y, bueno, ya me pusieron a disposición al juez de forma irrefutable, se justificaba el mandarme a la casa”.
— ¿Qué hizo usted en ese inter, antes de que lo detuvieran?
“Es que no se sabía del tema legal. O sea, había preguntas de medios de comunicación. Yo declaré públicamente, creo que alrededor de mediados de octubre del año pasado, y les dije: ‘Aquí estoy, la información que necesiten’. Invito a García Harfuch, o a quien sea necesario, de manera de que tengan la información de nuestra parte y puedan definir. En alguna mañanera, le preguntaron a García Harfuch enfrente de la presidente que si había una orden de aprehensión en contra mía o una investigación, y dijo que no. Yo andaba bien tranquilito aquí, en las banquetas de Ensenada, y siempre dispuesto”.
“Una vez me invitaron a comparecer de una manera amistosa a la Fiscalía General de la República, en la Ciudad de México. Y fui, pero lo curioso del asunto es que me citaron para el 17 de noviembre. Y era puente, o sea, me citaron en medio de un puente. Cuando llegué, no había ni Ministerio Público, estaba todo cerrado. Entonces ¿por qué me citaron? Sin embargo, como sí asistí, como a las tres horas llegó un ministerio público, me entrevisté con él y le empecé a platicar. Me dijo: ‘Oiga, usted sabe muchas cosas bien importantes. ¿Podría usted hablar con Gertz Manero?’. ¡Cuando quieran! Y a la semana se fue. Entonces, bueno, pues así se van dando las cosas.
“Yo creo, pero esa es mi creencia, que me citaron en medio de un puente porque han de haber pensado ‘este no va a asistir’, y, entonces, tienes una tacha. Pero yo sí fui. Y me quedé ahí, me esperé, como forzando a que pudiera yo probar que ellos eran los que no habían asistido. Pero, finalmente, a las tres horas llegó el ministerio público”.
— ¿Qué pasó con el regreso?
“Pues me sentía como la estafeta olímpica…”.

— ¿Lo Iban cambiando?
“Sí, o sea, vas entre cada uno de los límites de los estados y te traspasan de un sistema de patrullas a otro. Entonces, era un cambiadero. Claro, primero hay estados chiquitos. Pero luego están los grandes, como Sinaloa o Sonora, pues me tocaban hasta tres; me tocaron dos cambios en Sinaloa y tres en Sonora. Pero bien interesante, oigan, porque, bueno, te esposan y todo eso es muy incómodo, Pero vas arriba del automóvil, al rato te haces amigo de los que están de la Guardia Nacional, y tienen sus opiniones”.
— ¿Como cuáles?
“Primero te dicen que debería de haber otro protocolo para los traslados, alguien que va tan lejos sale muy caro, ‘y nos desgasta a nosotros’”.
“Una cosa es que te trasladen por 300 kilómetros o hasta 500, y otra por más de dos mil. Y como es continuo, ahí tienen que estar dos, tres horas antes, porque en las carreteras no sabes si te vas a tardar más o menos. Luego, nos agarró una colita del huracán en Nayarit; llovió como yo nunca he visto llover, te tienes que parar. Y, entonces, todos los demás que están esperando en la fila, pues sí desperdicias horrible el tiempo de la gente. Pero los vi preparados. O sea, con gente que son la rama especial de traslados. Pero hay gente ahí que dices tú: ‘oye, puedes platicar con ellos’ y tienen su lógica, bien lógica. Me dio gusto”.
— ¿Cansado?
“Pues claro, ni dormí por dos noches. Y luego, pues, entre que la comida, puros sándwiches del OXXO. De hecho, es bien interesante, porque la parada de transferencias es en los OXXO; como hay uno en cada esquina, pues ahí ya se ponen de acuerdo. Pero luego llegaba gente y me veía. ‘¡Ruffo!’. Dije: ah, caray, aquí en este estado que ni me imaginaba mucha gente reconocía mi cara. En Hermosillo, ya ven que son famosos por la carne, alguien en la banqueta me tenía un ribeye hecho, en su cajita; no, pues, claro que me lo comí bien a gusto. No había comido carne en 72 días, pero me cayó pesado. Entonces, es una experiencia, no es religiosa”.
— Y cuando se lo llevan en un avión, ¿es un avión del ejército?
“No, era un avión de servicio exclusivo para el gobierno, un XC, las matrículas de los aviones, la que es C, es de operación para el gobierno mismo, pero en este caso eran de la fiscalía”.
— ¿Iba solo?
“No, también pepenaron el mismo día a Thompson. Ahí iba refunfuñando, y como se supone que estábamos enojados, porque el negocio empezó mal con ellos, pues primero no me hablaba; le dije: ‘Oye, aquí se me hace que tenemos que platicar’. Al rato se relajó, te das cuenta que ya no es un asunto entre las partes que estuvimos originalmente en promover un negocio, sino que, como nos asociaron en una misma causa, tienes que platicar, y ahí fuimos platicando todo el camino. Con el que me había tocado a mí promover el desarrollo del negocio de la terminal de combustibles ahí en El Sauzal, fue con su papá. Que, por cierto, no lo han podido encontrar, pero al joven lo encontraron igual que a mí, caminando por la banqueta. Pero sí, el rol de ellos, como ahora está la documentación, es muy pequeño, porque tienen muy pocas acciones; fue porque hicimos una asamblea para que se acrecentara el capital, pero ellos no asistieron ni pagaron, entonces, se redujo el capital de ellos. Esto fue con el propósito de recuperar muchos gastos que habíamos hecho; ellos no quisieron contribuir, pero el enojo vino porque nosotros promovimos a un inversionista, el inversionista platicó con ellos y luego nos saltaron. Entonces, ya habíamos gastado en ingeniería y esas cosas”.
“Mi rol aquí se originó por ser yo desarrollador de proyectos y promotor, así como pasó con la idea de Colonet y esas cosas que yo siempre he visto para el desarrollo regional. Ya hace muchos años que fui gobernador, pero cuando hablo de continuidad de la visión para la planeación, eso quiere decir que debe haber instituciones del gobierno que tengan la responsabilidad de la visión más allá de los sexenios y los trienios, y que no puedan llegar los nuevos gobernantes o diputados y te las cambien nomás porque se les antojó, sino que tiene que haber gente especializada, con visión especializada para esas cosas y determinen que son proyectos que trascienden los períodos sexenales o trianuales”.
— Y acabar con la reinvención del país cada seis años…
“Acabar con eso. Hasta el color de las patrullas cambian. O sea, debería haber un color oficial de patrullas; no se lo cambias, aunque cambie el presidente.
— ¿Es una coincidencia o es un oportunismo que su orden de aprehensión haya sido girada al mismo tiempo cuando se estaba exhibiendo a la gobernadora de Baja California de tener relación con las agencias de investigación de los Estados Unidos?
“Pues son cosas que coinciden, eso te pone a pensar, dicen que si piensas mal acertarás. Puede haber sido, porque esto es una situación, lamentablemente, en descomposición; se está descomponiendo el país, cada día estamos más cerca del caos. Ya no existe una república, porque el Congreso de la Unión, en una mayoría grupera, como a mí me gusta decir, pues, están siendo orientados —por ponerla suave— por el Poder Ejecutivo. Y en el Poder Judicial empezaron a contratar o cambiar nuevos jueces por medio de una lotería, o luego por medio de un acordeón; porque el nuevo sistema es que elijas tú al juez, y entonces el grupo político que provocó todo esto, pues puso ahí el nombre de a quién quieren de juez, y, entonces, hay gente que la orientan y le dicen ‘Ve y vota por este’. Entonces, ya no hay república, ya no hay tres poderes autónomos; nomás hay uno y es el Ejecutivo”.

— ¿En la elección del 27 se está jugando en México más de lo que los mexicanos creemos?
“Estamos jugando a recuperar un inicio de la reinstitucionalización del país, si es que se logra que el grupo de Morena en el Congreso no tenga mayoría absoluta, sino que sólo puedan tener, por simple mayoría, reformas legales, pero no constitucionales, y ahí paramos la hecatombe que ha sufrido la Constitución”.
“Y si es posible quitarle la mayoría simple, ah, bueno, pues, entonces, reformas legales podrán no ser, y cae el país en una especie de estancamiento de reformas legales. Pero, por otro lado, como lo quiera uno ver, paraste al grupo de Morena de estar haciendo al antojo del Ejecutivo lo que nos ha pasado hasta ahorita”.
“Y no hay que dejar de recordar que esta mayoría absoluta de Morena proviene de una interpretación, a mi juicio, en mi opinión, mañosa de la ley de cómo se conforma el Congreso de la Unión, y que avaló un tribunal federal electoral que le han sido modificados los integrantes del Tribunal Federal Electoral conforme a criterios poco transparentes. Entonces, hemos caído en el absolutismo de una sola forma de decidir”.
“Por eso es que se añoraba históricamente, desde los griegos, la república. Es una manera de evitar los absolutismos, aunque es más tardado; te puede tocar un gobernador o un gobernante absoluto buena onda y continuo, que dure muchos años, como los imperios, y se nota que prospera el imperio. Pero en la gran mayoría de las ocasiones ha sido para la catástrofe de la vida de las personas, de la época que sea”.
— ¿Hay oposición para llegar al 27 y que se concrete lo que acaba de decirnos?
“Si se organiza. Por eso está el chaleco rosa ese ahí, allá atrás. Nuestra democracia no se toca, yo era de la marea rosa. Estoy inscrito en el PAN, pero milito con la ciudadanía. Entonces, ahí, en todo este asunto de la marea rosa, andaba yo, allá en México, y me hice muy amigo de los, digamos, políticamente herederos de la marea rosa, que son los de Somos México; luego no les quisieron dejar usar ese nombre completo y se quedaron en Somos. Pues somos, ¿no?”.
“Pero, legalmente, yo soy militante de Acción Nacional, nada más que han pasado tantas cosas dentro de Acción Nacional que dije: Oigan, aquí yo estoy totalmente acuerdo con principios y propósitos, fundamentos, a los que a mí me invitaron cuando yo llegué, pero ahora operan de una manera distinta. Entonces, yo quiero que haya procesos de primarias abiertas en la vida interna del PAN. Pues no, porque hay otra onda grupera allá adentro, como la hubo en otros partidos. Y entonces dije: Ya no les voy a hacer el caldo gordo, me voy a ir. Cuando me invitaron a que fuera integrante del PAN, yo me fui por la vertiente ciudadana, yo era empresario. Y lo que quería era el que lleguen las y los mejores”.
— ¿Qué implicación política considera usted que tiene el hecho de detener al primer gobernador de oposición?
“La lógica política que tiene hoy esta visión que está gobernando a México es la confrontación entre ricos y pobres. Y esa lógica no es para tener a una nación unida, porque es de confrontación con las necesidades de las personas. Aquí lo que debe de haber es una lógica de colaboración, de unidad nacional, para poder construir las instituciones de mediano y largo plazo, y que los niños lleguen bien educados a su edad productiva. Ahorita ya derrumbaron el sistema educativo. Pero la realidad es que esto los va a rebasar”.
— ¿Qué pasa con la oposición?
“Es la onda grupera, o sea, los partidos políticos tienen intereses de los grupos que los gobiernan. La esencia de un partido político es el interés público, pues es lo menos esencial de las élites políticas de los partidos. Por eso no se ponen de acuerdo, porque primero yo, después yo, y al último tú. Yo les digo: No, no, no, no; hay que hacer las primarias abiertas para que lleguen las y los mejores. Ya que tengamos seleccionados a las y los mejores, que ellos decidan con qué partido se quieren ir”.
— ¿Sus derechos políticos están a salvo?
“Sí, están a salvo, pero yo ya tengo 74 años. ¿Cuánto más voy a durar? Puedo colaborar mientras tanto. Ya los que tienen cierta edad, tienen experiencia acumulada. Claro que estoy dispuesto a buscar la unidad de la oposición, y, de esta forma alejar a la onda grupera de los intereses particulares y poner la selección de las y los mejores por encima de la mesa, no por debajo de la mesa, porque ahí se acarician la rodilla”.
— ¿Eso lo materializaría en una candidatura a una diputación federal, por ejemplo?
“Como andaba en la marea rosa, conozco a la mayoría, y, entonces, yo creo que lo que debemos hacer es la plataforma de las primarias abiertas para encontrar a las y los mejores, con transparencia, eso es el valor más importante, porque ahorita las personas no les creen a los partidos políticos, por eso no se logra hacer este asunto de unidad de la oposición”.

— Usted no quiere una candidatura…
“No. ¡Oigan, a los 74, ¿para qué?! Es un riesgo, porque te mueres en medio del camino. Yo estoy hablando de la continuidad”.
— También se podría pensar que buscaría el fuero.
“Se puede pensar eso, pero, miren, ya con 74, ya no andas buscando fuero; mejor te persignas, y ya”.
— Pero por el proceso judicial que está atravesando, o viviendo…
“Pues podría ser, sí, pero yo creo que el interés público, tú estás con los demás, no debes manejar las cosas con visión de ti, porque te estás apropiando por tus propios intereses. Bueno, si pasa y te cae el fuero, es una consecuencia que te ayuda, pero yo no estoy buscando esas cosas; lo que estoy buscando es sentirme orgulloso de ser mexicano”.
— Cuando habla de la falta de credibilidad de los partidos, al partido en el poder, en particular, le han hecho mucho ruido todas las investigaciones que vienen de Estados Unidos hacia gobernantes de Morena. ¿Esto es un contrapeso real?
“Sí funciona como contrapeso, pero no lo hacen por el bien de nosotros, sino por intereses políticos de ellos. Con los Estados Unidos tenemos un montón de cosas que arreglar. Primeramente, el asunto de las drogas, Y luego, también asuntos como el trato a las personas por la migración, estos asuntos de colaboración, cómo es que pasan las fronteras trenes llenos de combustible y nadie puede ir a preguntar ‘Oye, ¿qué traía el tren?’. Ah, es seguridad nacional. Y no les permiten la información. Una parte fundamentalísima es que haya transparencia, para eso tiene que haber medios de comunicación con acceso. Hay que poner todo en la vitrina, que se pueda ver”.
“En los procesos electorales, sin duda, ya ven que hay escaparates. Y ahí te ponen de todo, atractivo. Bueno, está bien, me gusta ese. Del escaparate que lo pasen a la vitrina. Y luego de la vitrina, ah, pues sí, a ver, muéstralo, ya que lo saquen; o sea, es un proceso transparente”.
— Nos dijo que esto le había dejado hasta una desintoxicación. ¿Tiene resentimiento?
“No. No, o sea, que tenga yo enojo contra algo o alguien, no. Esto pasa y va a seguir pasando. Como decía mi mamá cuando ay, salió la muchacha embarazada, ay, mi hijito, esas son cosas que pasan y seguirán pasando. Son retos a nuestra propia realidad, que debemos aprenderlos, para ir haciendo cosas para que sean menos frecuentes los asuntos que no deberían de pasar; pero todo siempre está revolucionando”.
“Yo creo que hay un reto fascinante en nuestra mente. Es aprender. Y cuando aparece algo interesante, pues jálale el hilo. Eres curioso, quieres saber. Y estás llenando bolsitas de protocolo en tu mente, de cómo se hacen las cosas. Es un reto que tenemos todos, el alimentar nuestra mente; pero puedes hacer cualquier locura, tienes que tener principios, tienes que tener valores que te den cauce para no te salgas allá porque te desbordas, quédate aquí, y eso lo vas aprendiendo”.
“Tengo 74, nunca había estado en la Almoloya. Ahora ya estuve, y aprendes cosas nuevas. Inclusive, vas tomando más valor, porque ya me veo yo como gente rara; he estado en tantas cosas, que se me ha especializado la manera de ver las cosas, pero no me doy cuenta”.
— ¿Y ahorita cómo se siente?
“Yo bien; o sea, es muy interesante, porque siempre hay una crisis que nos impulsa a cambiar. Yo estoy muy divertido, a ver si no me regresan al Almoloya por andar platicando tanto, ¿no? Bueno, el juez me dijo, yo estoy de acuerdo con él, ‘no se meta con los asuntos particulares de la averiguación’, porque me va a complicar la vida. No me lo dijo así de claro, pero eso es lo que me estaba diciendo. Yo digo, pues sí, si eres juez, no quieres te compliquen el asunto, Pero me dio muy buena impresión, igual que me lo dieron estos muchachos de la Guardia Nacional”.
— Tiene el síndrome de Estocolmo…
“A lo mejor sí. Es que también parto de una cosa. Si yo me estoy confrontando, por ejemplo, con la Presidenta Sheinbaum, pues, ¿qué vas a lograr? Nada. Al contrario, hay que ayudarle a que sea Presidenta de México; pero de todo México, no sólo de una parte de México. Ella es Presidenta de todo México, no de una parcialidad. Y que sea ella la que manda. No que se dude por ahí de que alguien le habla al oído todos los días y, entonces, ¿quién es el presidente?”.

— ¿Cómo le ayuda?
“Ayudándole a investigar. Este asunto del huachicol fiscal, a ver, yo se los dije en entrevistas que me hicieron allá en octubre del año pasado. Hay un elefantote adentro de la sala del Gobierno Federal, y se llama Aduana. ¿Por qué no empiezan a investigar por ahí?”.
“Entonces, Presidenta, ahí, adentro de su gobierno, hay instituciones que tienen que transparentar su actuar para beneficio de la nación y de su gobierno. Tantos nombres. Es indudable que hemos vivido grupos de personajes con influencia que controlan el interés público”.
“Eso quiere decir que no prevalece el interés público, prevalece el interés particular de grupos. Eso jamás lo hemos superado en México, pero estamos en la antesala de superarlo. Hemos venido con una confrontación, damos dos pasitos para enfrente y uno atrás, y ahí va la cosa, Vamos lento, sí, pero esto no hay duda que es una coyuntura de cambios. Ahí viene”. (Gabriela Olivares Torres)
Muchas gracias.





