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sábado, septiembre 19, 2026
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Unidad después de la guerra

Julieta Ramírez Padilla se ha convertido en la coordinadora de la Defensa de la 4T en Baja California, luego de una encarnizada batalla repleta de excesos, abusos, campañas negras y corrupción por parte de la mayoría de los aspirantes. ¿Cómo pedir unidad cuando no hubo escrúpulos en una contienda?

 

Lo que evidenció el partido Morena durante el recién concluido proceso de pre, pre, precampaña, fue que ya se olvidaron los principios que repiten como mantra, pero que dejaron de aplicar.

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La hoy nombrada coordinadora de la Defensa de la 4T en Baja California, Julieta Ramírez Padilla, salió airosa de una encarnizada batalla electoral interna dentro del oficialismo en Baja California, donde no hubo escrúpulos, respeto ni congruencia; en esa contienda interna, lo único prevalente fue el deseo ambicioso de los nueve aspirantes —12 considerando a los de coalición— que pugnaban por convertirse en los abanderados, el coordinador(a), el candidato(a) para las elecciones estatales del 2027.

La mexicalense, y la más destacada política proveniente de la escuela de la todavía gobernadora Marina del Pilar Ávila Olmeda, logró sortear todo tipo de acusaciones: desde corrupción, el excesivo gasto durante el proceso extemporáneo de Morena, hasta una serie de señalamientos, sin fundamentos, de presuntos acuerdos; todo ello, dentro de las “calenturas” de un proceso electoral desaseado, corrupto y desbordado.

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Evidenciando el desinterés en Baja California, que apenas representa el 3.39 por ciento de los votos en el país, la dirigencia morenistas en México permitió que todo sucediera en un marco de flagrante impunidad. Localmente, la mandataria Marina del Pilar Ávila Olmeda, carente de gobernabilidad y peso político, fue incapaz de impedir una guerra sucia tan violenta. Y en ese contexto hubo de todo: acusaciones de corrupción mediante redes sociales y los usos de la inteligencia artificial; señalaron deudas alimenticias, de propiedades en San Diego, de favorecimiento en contratos, entre otros actos.

Calumnias, verdades a medias y flagrantes mentiras eran parte de la campaña sucia, principalmente, entre Julieta Ramírez y su más serio competidor, Ismael Burgueño Ruiz; guerrita en la que también participaron los equipos de Jesús Alejandro Ruiz Uribe, Armando Ayala Robles y en mucho menor medida Alfredo Álvarez Cárdenas, Fernando Castre Trenti y Evangelina Moreno Guerra, cuya apuesta fue obtener una victoria de rebote ante el evidente choque entre Burgueño y Julieta.

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La explosiva y desbordada campaña de la joven Julieta, logró superar a la sosa estrategia del alcalde de Tijuana. Mientras que la primera saturaba a los posibles electores con folletos y en redes sociales, además de buscar alianzas con todo aquel morenista y empresario que lo permitiera. el segundo se limitó a llevar a cabo asambleas ciudadanas de corto alcance y evitar compromisos, incluso con aquellos morenistas que lo respaldaron.

Tras semanas de golpes y empujones, la dirigente nacional Ariadna Montiel y la encargada de elecciones, Citlali Hernández, terminaron por legitimar un proceso que desgastó terriblemente al movimiento en Baja California.

Este es el punto de partida donde la senadora Julieta Ramírez tendrá que construir, primero, una campaña, y después un gobierno, en caso de resultar airosa en 2027. Pero también un partido, algo que Ávila, su antecesora, no logró hacer.

Por ello, el primer gran reto de la virtual candidata de Morena a la Gubernatura de Baja California será definir qué tipo de liderazgo quiere ser:

* Si pretende ser una política autoritaria y segmentaria para mantener un control dentro de las estructuras del vinotinto.

* Si hará un acaparamiento absoluto del poder (una tendencia que ha sido recurrente en otros jefes políticos dentro de Morena).

* O bien, si pretende construir un liderazgo a través de la concertacesión, con los riesgos que implica mantener acuerdos con los nueve aspirantes a la Gubernatura de Baja California —12, contemplando a los de coalición—, políticos con los que protagonizó ataques de ida y vuelta durante semanas.

Será someter a los rivales preelectorales o intentar crear una nueva escuela política dentro de Morena que trascienda su gestión.

Las acciones inmediatas de Ramírez son relevantes porque su candidatura nace con ventaja y la convierten en el rival a vencer. Su partido está en poder; las encuestas tempranas, asumen que la marca del movimiento les da margen para una victoria en el estado número 29, “no holgada, pero sí segura”; además, al violentar la Ley Electora y elegir a sus candidatos (coordinadores) en septiembre del 2026, Morena les otorgó a sus aspirantes siete meses de campaña adicionales al periodo legal, que es del 4 de abril al 2 de junio del 2027. Sin embargo, su candidatura no está blindada, frente al surgimiento de acontecimientos de alto impacto que pudieran cambiar la intención del voto.

Para los votantes, lo que queda es esperar y analizar durante los siguientes nueve meses, previos a la elección del 6 de junio del 2027, las acciones de los morenistas en el poder: ¿Quién es y cómo se comporta Julieta Ramírez? ¿Qué ha hecho por los bajacalifornianos y qué ha dejado de hacer? ¿Cómo ha enfrentado las leyes que se oponen a sus intenciones? Y observar, si los partidos de oposición que se han dedicado a administrar derrotas para mantener cotos de poder, son capaces de generar una oferta sólida y atractiva.

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Eduardo Villa
Eduardo Villa
Periodista desde 2011 y corresponsal en Mexicali del Semanario Zeta. Participante del Border Hub del International Center for Journalists y coautor del libro “Periodismo de Investigación en el ámbito local: transparencia, Acceso a la Información y Libertad de Expresión”

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