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lunes, agosto 3, 2026
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Sheinbaum en Ensenada

“Mis armas de defensa son, a mi izquierda, la malicia de los injustos, y a mi diestra, tu gloria, la buena reputación, la verdad y la virtud”.

-San Agustín, Kempis agustiniano.

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Oceanógrafos físicos como el doctor Julio Sheinbaum Pardo, investigador III en el CICESE (Centro de Investigación Científica y de Educación Superior de Ensenada, Baja California), aprovechan su vida y atención estudiando y compartiendo sus conocimientos en esta región privilegiada del Océano Pacífico.

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Sin la dedicación de astrónomos, físicos, oceanólogos, matemáticos y más científicos que coinciden en Ensenada, la capital mexicana de las ciencias, la humanidad no gozaría de sus aportaciones.

La atropellada detención y casi secuestro político del ensenadense Ruffo, remite a la época de la Inquisición, que, sin juicio razonable, quemó vivo a Giordano Brunno, por hablar de ciencia y no precisamente de política ni religión.

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Al llegar al penal federal del Altiplano, le dieron una buena recepción: “Bienvenido Ruffo-Mandela”. Nelson Mandela, líder del Consejo Nacional Africano, pasó más de 30 años en las prisiones de Sudáfrica. Y, como Ruffo, fue “traicionado” por su esposa; abandonado, humillado, perseguido, maltratado. Bienaventurados los que padecen persecución por la justicia.

Por algunas razones, el régimen de Pretoria mantuvo prisionero injustamente a Nelson Mandela, incomunicado en visitas y correspondencia, de la que por cierto se han editado recientemente un voluminoso libro con las cartas que nunca recibió de sus hijos, ni a su familia las del prisionero (se las confiscaban en ambos sentidos). Son desgarradoras cartas a sus hijas al casarse o por Navidad; ni las enviaron, ni recibió cientos de ellas durante los más de 30 años prisionero.

Para que Ernesto Ruffo no muera en prisión, será necesario pensar en alguna carta del Papa León XIV, acompañada de las firmas de arzobispos como don Emilio Berlié Belaunzarán, de don Rafael Romo Muñoz, o del primer obispo de Ensenada, don Sigifredo Noriega Barceló, o del mismísimo presidente del Episcopado Mexicano, el tijuanense Ramón Castro Castro.

“Murió Cristo entre dos ladrones; la diferencia entre uno y los otros estaba no en los padecimientos, sino en la respectiva causa”.

Como San Pablo, hebreo, y en manos de los judíos a punto de morir, el mismo apóstol evoca su ciudadanía romana; y Ernesto Ruffo, es ciudadano americano nacido en San Diego, California.

¿Cómo le hizo Nelson Mandela para sobrevivir tres décadas en las prisiones sudafricanas y de ahí ser aclamado presidente de su patria? Él mismo narra en su autobiografía Un largo camino hacia la libertad, que, para fortalecer su mente y su alma, fue definitivo en prisión, leer y releer un libro de inspiración cristiana (no católico), El Poder del Pensamiento Tenaz, del norteamericano Norman Vincent Peale. Texto que le facilitó un pastor que visitaba a los presos.

En el contexto del crimen del Cardenal Juan Jesús Posadas (1993) y de Luis Donaldo Colosio (1994), gobernaba Ruffo Baja California (1989-1995), en un puente de la Zona Río, una gran manta -se cree colgada por gente de Martínez Veloz- expresaba: “Ruffo asesino”. Después los priistas desde Tijuana bajaron la Rumorosa a Mexicali jalando a la Ruffina, una burra así bautizada.

A veces en Baja California llega la sangre al río entre tantas injusticias.

Don Julio Scherer García frecuentaba a Blancornelas, en especial por el crimen del Gato Félix. Acá en Baja California es muy estimada la escritora Elena Poniatowska, y no tanto por su malograda obra sobre el caso Paulina (Las mil y una heridas de Paulina); más bien porque su esposo, el astrónomo Guilermo Haro, fue quien descubrió y, entusiasmado, desde 1970 instaló a través de la UNAM los primeros telescopios del Observatorio Astronómico de San Pedro Mártir, ayudado por los noruegos Meling del Rancho El Coyote.

Ernesto Ruffo Appel es también un ciudadano americano nacido en San Diego, California; pero, además, un ser humano de 75 años de edad. Cada vez que usted vea su credencial con fotografía del INE, recuerde que fue este ensenadense quien la propuso en el primer Instituto Estatal Electoral de Baja California, siendo gobernador.

En aquella efervescencia democrática mundial de 1989 con la caída del Muro de Berlín, platicaba nuestra profesora de estética filosófica, la doctora Virginia Aspe Armella, cómo protegía de alguna manera su hermano Pedro, secretario de Hacienda, al joven primer gobernador de oposición en México.

“El justo no teme el juicio porque nada en él encontrará el fuego que purificar. Donde no hay más que oro puro, ¿qué temor puede haber al fuego?”. (San Agustín, sobre los que padecen persecución por la justicia).

 

Germán Orozco Mora reside en Mexicali, B.C.

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