Chava Cartas recrea la última detención de Joaquín “El Chapo” Guzmán desde la mirada de dos policías federales.
A diez años de la tercera y última detención de Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera, “La captura”, dirigida por Chava Cartas y escrita por Bernardo Esquinca, traslada a la ficción las crónicas del periodista Héctor de Mauleón sobre los policías federales que interceptaron al narcotraficante en Los Mochis, Sinaloa.
El largometraje toma como base “Cómo atrapamos al Chapo” y “Veinte minutos a solas con ‘El Chapo’”, textos publicados por De Mauleón en 2016.
El periodista retomó el caso en “El último amanecer del Chapo”, una reconstrucción más extensa publicada recientemente por Nexos. La cercanía entre el relato y la película es tal que esta última reproduce algunos pasajes y diálogos de manera casi literal.
En la ficción, Arturo Carmona (Alfonso Herrera) es un agente federal que solicita cubrir el turno nocturno para aumentar sus ingresos y termina patrullando con su nuevo compañero, el veterano Héctor Rosales (Noé Hernández), de quien desconfía inicialmente.
En las últimas horas de la jornada, el reporte de un automóvil robado los conduce hasta Guzmán Loera, interpretado por Héctor Kotsifakis y su jefe de seguridad, “El Cholo”, quienes habían escapado por el drenaje durante el operativo “Cisne Negro” de la Marina.
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El encuentro ocurrió el 8 de enero de 2016, casi seis meses después de que Guzmán Loera se fugara mediante un túnel del penal federal de máxima seguridad del Altiplano.
La dramatización de un texto periodístico lleva por consecuencia a una interpretación, y en este caso existía el riesgo de convertir la historia en propaganda policial. La película no cae por completo en una exaltación de las corporaciones, pues muestra corrupción, rivalidades y la desconfianza que existe entre autoridades de distintos rangos y dependencias. Sin embargo, sí presenta a sus protagonistas como excepciones de integridad dentro de un sistema comprometido.
Carmona y Rosales ignoran si pueden confiar en su propia corporación, en la Marina o en el Ejército, aunque tampoco se encontraban. Frente al soborno y las amenazas del narcotraficante, deben elegir entre dejarlo escapar o cumplir con su deber y exponer a sus familias. Su decisión resuelve el conflicto del thriller, aunque no el entramado de corrupción y violencia que la propia película alcanza a mostrar.
La cinta presupone que el público ya conoce al criminal y, por ello, concentra su atención en Carmona, figura central del cronista. Guzmán Loera aparece menos como un personaje desarrollado que como una presencia de impacto desde el miedo y las reacciones de los policías. Esto le concede el factor intriga al espectador, antes incluso de ocupar el centro de la acción.
Los intentos del elenco por adoptar un acento norteño resultan poco convincentes, aunque funcionan como un marcador inmediato para situar la historia en Sinaloa.
Aunque “La captura” conserva la columna vertebral de las crónicas —la intercepción del automóvil, las amenazas, el refugio en el motel y la disputa por la custodia—, sus cambios no son mínimos. El guion incluye los problemas económicos y familiares de Carmona, un episodio traumático previo, ataques armados y una amenaza directa contra su esposa e hijas. También modifica la relación de edad: en el texto reciente, Rosales es varios años menor que Carmona; en la película, es presentado como el compañero veterano.
La cinta también concentra en Valladares (Gerardo Trejoluna) el enfrentamiento con el vicealmirante Ortega (Allan Durell) por la custodia del detenido. En la reconstrucción de De Mauleón, esa disputa corresponde principalmente al delegado de la Policía Federal en Sinaloa, Nicolás González Perrín. Ambas versiones exhiben la competencia entre corporaciones por adjudicarse una detención especialmente valiosa después del descrédito internacional provocado por la fuga del Altiplano.
El final se centra abiertamente en el heroísmo, como Cartas lo dejó saber. Las decisiones de Carmona y Rosales resultan congruentes con el desarrollo de los personajes, pero la película privilegia sus condecoraciones y el reconocimiento recibido. La crónica reciente ofrece un escenario menos triunfal: según el testimonio de un policía consultado por De Mauleón, la desaparición de la Policía Federal y la llegada de la Guardia Nacional, los dejó posteriormente sin cargos ni protección.
En cambio, las leyendas finales de la producción de Netflix señalan que ambos agentes fueron enviados al extranjero y que, por razones de seguridad, se desconoce su paradero.
Esa diferencia define el sentido de ambas obras: mientras la crónica pregunta qué hizo el sistema con los agentes después de utilizarlos como emblemas, la película prefiere conservar el instante en que pudieron ser héroes.
La adaptación se ve incentivada por el décimo aniversario de aquella captura definitiva.





