El artista visual tijuanense expuso la individual “Comida corrida”, cuya obra fue rifada durante la clausura entre los asistentes
Con una concurrida asistencia y luego de casi tres meses de exposición, fue clausurada la individual “Comida corrida”, del artista visual tijuanense Luis Ituarte, en la Galería Mariposa Artespacio de Tijuana, misma que fue inaugurada el 29 de mayo.
Con la asistencia del artista visual tijuanense Luis Ituarte y la presencia de la anfitriona Gabriela Guinea, artistas visuales, académicos, promotores, escritores y comunidad cultural binacional en general acudieron al último día de exposición de “Comida corrida”, el caluroso viernes 21 de agosto de 2026, en la Galería Mariposa Artespacio, localizada en la colonia Federal de Tijuana, a unos cuantos metros de la Garita de San Ysidro y del muro fronterizo que divide a México de Estados Unidos.
Integrada por 12 piezas de mediano formato (todas de 18 x 24 pulgadas), “Comida corrida” fue creada por Luis Ituarte en 2026, donde figuraron piezas como “Con listones”, “Huevos chairos”, “Con chile”, por ejemplo, donde abundaban colores primarios (rojo, amarillo y azul) en combinación con colores fluorescentes, sobre todo rosa, verde lima, naranja, fucsia, entre otros, en cuyas obras el artista tijuanense incorpora palillos picadientes, soportes de madera para paletas e hilos de tela y de plástico para delimitar contraponer las coloridas figuras geométricas.

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Sobre la discrepancia entre el título de la colección, “Comida corrida”, y la obra misma, Luis Ituarte ( Tijuana, 1943) expresó durante la clausura:
“Con esta obra, me estoy dando cuenta últimamente que ‘Comida corrida’ es como una protesta de lo que está sucediendo en estos días con la política y con el comercio. Un comerciante te dice: ‘Mira, este pañuelo tiene cualidades increíbles, es de un tipo de seda pero no es seda, es mejor que la seda, te va a costar y te va a dar beneficios’; y resulta que cuando lo compras, te das cuenta que es falso. Y que los políticos te dicen: ‘Vamos a hacer esto, vamos a hacer lo otro’. O sea que hay una discrepancia social entre la comunicación y el verdadero sentido de la comunicación que nos está diciendo la verdad”.
“Entonces, llamarle a esta obra hasta cierto punto ‘Comida corrida’, pues lo único que tiene de comida corrida son los palillos, pero tiene otras cualidades”, ironizó Luis Ituarte para posteriormente rifar generosamente entre los asistentes las piezas de “Comida corrida”.

Por cierto, el encargado de escribir la hoja de sala de la exposición “Comida corrida” de Luis Ituarte fue Roberto Rosique —presente en la clausura—, cuyo texto se encontraba entre las obras, el cual se reproduce íntegro a continuación.
ROBERTO ROSIQUE: “COMIDA CORRIDA: LA NUEVA ABSTRACCIÓN DE LUIS ITUARTE”
“Cuando del campo dilatado de la abstracción emergen nuevas insinuaciones formales, se vuelve a corroborar la pervivencia de una tendencia que parece no agotarse con el tiempo. Comida corrida, de Luis Ituarte, constituye el nuevo itinerario del autor para transitar, una vez más, entre la alegría de colores y formas, entre agregados de cuerdas tensadas que entrecruzan planos, obleas de color, tornillos y palillos de dientes que, a manera de collage, se integran al festín plástico que el autor ofrece como platos para degustar lo pictórico”.
“Una serie que nace de la nada y se corporifica con bloques de colores puros y chillantes, con un franco rechazo de la técnica refinada como valor y la repetición asumida como ritual cotidiano, donde los agregados matéricos llegan a convertirse en casi un kitsch estratégico”.

“Si bien la analogía del título con el contenido plástico es, en términos generales, nula, no obstante, la serie ofrece un valor precisamente en esa discrepancia, y es ahí donde reside lo más potente de esta propuesta. La falta de correspondencia literal entre título y forma opera como una estrategia de desplazamiento que genera una tensión productiva: obliga al espectador a interrogarse sobre el porqué de esa fractura semántica. La obra niega la expectativa de sustento visual, ofreciendo un ‘plato’ indigerible, armado con materiales de desecho. Arthur Danto (1999: 580)¹ argumenta que ‘ver algo como arte exige algo que los ojos no pueden descubrir: una atmósfera de teoría artística, un conocimiento de la historia del arte’. EI título Comida corrida funciona precisamente como ese ‘algo’ que los ojos no descubren: una atmósfera teórica que transforma la mera yuxtaposición de materiales en una operación de sentido”.
“La serie, al introducir una paradoja cultural —lo inconexo entre título y obra—, trasciende lo puramente visual. Revela que la analogía más fuerte no reside en la forma, sino en la lógica estructural: repetición, economía, accesibilidad. El valor real está en la discrepancia deliberada entre lo prometido (nutrición, cuerpo, tradición) y lo entregado (abstracción, ensamblaje frío, industrial). Se trata, quizás, de un comentario sobre cómo el arte ‘de consumo rápido’ —el que se hace y se vende al paso— puede, a través del título, revelar sus propias condiciones de producción”.

“Este texto no busca justificar el resultado visual de la obra después de haberla creado. Su objetivo es analizar cómo la serie Comida corrida genera un significado profundo que va más allá de lo visual. EI título no es una ocurrencia ni una estrategia de marketing: es la herramienta clave que transforma este proyecto en una crítica sobre cómo el contexto económico y social afecta a la creación artística actual”.
“Al negar al espectador la satisfacción inmediata que promete —una comida sustanciosa, un arte digerible—, Ituarte pone en escena lo que Pierre Bourdieu (1979)² identificaría como una disputa por los criterios de legitimidad cultural: ¿qué se come, quién cocina, y a qué precio? La serie, lejos de resolver estas preguntas, las planta en el centro del plato. Y es precisamente ahí, en la indigestión forzada, donde reside su mayor logro”.





