“Toda mi pintura tiene una actitud desafiante y agresiva”, expresó a ZETA el artista visual tijuanense que expone la individual “Comida corrida” en la galería de Artespacio Mariposa
La combinación de colores fluorescentes –como rosa, fucsia y verde lima, entre otros– y colores primarios –rojo, amarillo y azul– con figuras geométricas es una característica en la obra del artista visual tijuanense Luis Ituarte, que se refleja en su obra matérica, como en la serie “Comida corrida” que se exhibe en la galería Artespacio Mariposa.
Inaugurada el 29 de mayo e integrada por 12 piezas de mediano formato, “Comida corrida” será clausurada el próximo viernes 21 de agosto de 2026 a las 7:00 p.m., ceremonia en la que el autor obsequiará entre los asistentes algunas obras. “Cuando se clausure esta exposición, toda esta obra la voy a regalar; no la estoy poniendo a la venta, la voy a regalar. Invito a que vengan, que pongan su nombre y al final voy a sacar 12 y se las voy a regalar”, invitó el artista plástico bajacaliforniano en una entrevista para ZETA realizada en la galería de Artespacio Marioposa, localizada en la colonia Federal de Tijuana, a unos cuantos pasos del muro fronterizo que divide México de Estados Unidos.
Luis Ituarte ha forjado una reconocida trayectoria entre México, Canadá y Estados Unidos que lo distingue claramente de sus contemporáneos, formando parte de una generación de artistas plásticos que han marcado una época en el arte fronterizo.
DE TIJUANA A LA CIUDAD DE MÉXICO
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Hijo de Luis Ituarte y Delfina Mendívil, Carlos Luis Ituarte Mendívil nace el 26 de julio de 1943, en Tijuana. Estudia en el Instituto Técnico Industrial, mejor conocido como “La Poli”, entre 1957 y 1960, para posteriormente marcharse a la Ciudad de México e ingresar a la preparatoria en el Colegio Franco Español, entre 1962 y 1964, época en que surge su interés por el arte abstracto tras visitar una colectiva en la inauguración del Museo de Arte Moderno en 1964:
“Cuando estaba haciendo la prepa en México, me quedé con una tía mía, que era hermana de mi abuela en la Ciudad de México, en la colonia Condesa. Resulta que un primo mío, hijo de mi tía Clement, era Juan López Moctezuma, era director de cine que hizo películas de terror, sobrino de Carlos López Moctezuma el actor, que era el malo de las películas. Juan López era muy conocido en los ambientes del arte y una vez me llevó a la inauguración del Museo de Arte Moderno en Chapultepec. Estaba tan bien conectado que lo invitaron y me dijo: ‘Oye, vente para que veas’. Y se había inaugurado con una exhibición de arte abstracto alemán. Cuando yo vi esa exhibición junto con mi primo, pues veía la obra y yo le decía: ‘Oye primo, yo puedo hacer eso’. Y realmente era una situación muy ignorante de mí. Después de eso fui a una plática sobre el arte y entonces me di cuenta de que no es tan simple”.
Reconoce el impacto de la exposición de arte abstracto, determinante en su vocación más adelante:
“Luego de haber ido a oír las pláticas me impresionó el origen del arte abstracto. Esa exhibición no fue muy atendida en México, porque no había mucho interés en el arte abstracto, pero como eran alemanes, se hizo cierto revoltijo, pero a mí totalmente me impresionó y me puso en una situación de que el arte no es hacer una cosa bonita representando algo que existe, sino que el arte es algo que nosotros hacemos, que precisamente el proceso más simple de la cultura es la creación del arte. Ahí fue cuando empecé a tener una actitud más sólida sobre el arte abstracto”.

LA PRIMERA EXPOSICION DE GRABADO
Tras cursar tres años (1965-1968) la Licenciatura en Derecho en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), y luego de participar como oyente en la Academia de San Carlos en 1967, Luis Ituarte cambia de residencia a Guanajuato, después de permanecer dos años refugiado en Centroamérica.
“Cuando yo regreso de Centroamérica a los dos años, después que estuve de refugiado, en vez de inscribirme en la carrera de Derecho en la Universidad Nacional -porque yo estaba en la lista negra y todavía el gobierno del PRI andaba persiguiendo gente- me fui y me inscribí en la Universidad de Guanajuato, y empecé la carrera de Derecho y volví a empezar”.
En la Universidad de Guanajuato empieza su relación con el grabado, en 1972, que es también el inicio de su trayectoria como artista visual:
“Resulta que en la escuela de Derecho de la Universidad de Guanajuato había un maestro, Humberto Guevara, que empezó todos los programas culturales de la Universidad, cada semana, en un póster. Él, con grabados en linóleo, hacía las placas con las que se hacían los pósters. Esos pósters se hicieron muy famosos porque cada semana la gente nada más iba a una esquina donde había pósters y veía cuáles eran los eventos culturales de la ciudad. Guanajuato en ese tiempo era una cosa cultural increíble. Cuando el maestro Humberto Guevara se va a la Ciudad de México porque le dan una chamba allá, se queda esa plaza. Y yo andaba buscando trabajo; voy con el director de Asuntos Culturales, a ver si había trabajo: ‘Sí, pues aquí está esta vacante, aviéntate’. Yo nunca había hecho un grabado ni nada. Entonces, uno de los impresores, que era el que se encargaba de imprimir los pósters, me daba tips y me dio una serie de gurbias para hacer los grabados”.
“Por casi por un año hice los grabados para anunciar los eventos culturales”, cuenta y posteriormente muestra a este Semanario algunas fotografías de pósters con sendos grabados (con la respectiva firma en la parte inferior derecha: Ituarte 72), con fechas del 25, 29 y 30 de marzo de 1972, a través de los cuales se anuncia la XIV Feria del Libro de la Universidad de Guanajuato de ese año.
Incluso, también comparte una fotografía de un póster del Primer Festival Internacional Cervantino, organizado por la Universidad de Guanajuato en 1972: “Mi póster fue el primer póster del Festival Cervantino”, sostiene.
Tras un año de haber incursionado en el grabado, Luis Ituarte reúne las placas y sus pósters y arma su primera individual en la galería Hermenegildo Bustos de la Universidad de Guanajuato, presentada por el también artista plástico mexicano José Chávez Morado:
“Resulta que al muralista José Chávez Morado, el famoso muralista mexicano, le dan la chamba de remodelar la Alhóndiga de Granaditas, porque era un museo que estaba abandonado, estaba muy mal cuidado; le dieron la chamba y un buen presupuesto. Entonces empezó a remodelar. Él tenía dos murales ahí. Yo estuve trabajando con Chávez Morado ayudando a remodelar y recrear esos murales. Total, que cuando Chávez Morado llega a Guanajuato, muy amigo del rector de la Universidad, le hace un comentario: ‘Oye, me da mucha satisfacción ver que hay un sistema de pósters que tienen para anunciar y me encanta la obra de los grabados que se están exhibiendo ahí’. Era mi trabajo. Entonces se emocionó mucho y dice: ‘Oye, pues fíjate que estamos acomodando un lugar que antes era un lugar donde ponían animales disecados, para hacerlo una galería: la galería Hermenegildo Bustos’. La inauguración de esa galería fue con mi trabajo de los grabados y los pósters presentada por José Chávez Morado. Esa fue mi primera exposición, en 1972; eran como 15 grabados. La exposición era la placa y el grabado. O sea que en la placa cubrimos todo lo que era negro y lo de atrás tenía un color rojo que es el original del linóleo. Entonces veían las placas y luego el grabado, una placa y un grabado, una placa y un grabado”.
“PINTAR CON EL TAPE”
Tras radicar en Guanajuato, Cuernavaca y Canadá, en 1978 Luis Ituarte regresa temporalmente a Tijuana, estancia crucial en su vocación de artista visual y en el descubrimiento en el uso del color y el Tape para pintar.
“Como en el 78 regreso a Tijuana. Un hermano mío tenía una maquiladora y me puse a trabajar con él, hice varias cosas aquí. Mi hermano tenía un contrato con una compañía de Los Ángeles y el gerente de esa compañía se hizo muy amigo mío; compró una casa en Rosarito, en el Rancho Santini, contrató al hijo de Santini, un arquitecto muy famoso que tiene muchas casas en esa área, le dijo: ‘Quiero una casa que cuando entre no tenga que quitarme mis lentes del sol’. O sea que quería luz por todas partes, pero tenía el problema de que no podía poner obra en las paredes porque les pegaba el sol y ya sabes lo que pasa cuando les pega el sol a las obras; se estaba quejando y le dije: ‘Oye, tengo una idea: puedo hacerte unas dos o tres piezas, una la podemos poner acá’. ‘¿Y de qué se trata?’. ‘Pues mira, compramos unas láminas galvanizadas y hago yo un diseño abstracto con colores chingones y vamos a un taller de hojalatería y pintura’. En el taller yo hago un diseño y ellos lo pintan, acuérdate que la pintura de carro se conserva más al sol que cualquier otra pintura. ‘Oye, ¡qué buena idea!’. Pues que me contrata. Hacemos tres pinturas: una de ocho por diez pies, otra de ocho por cuatro y la otra de cuatro por seis”.
Recuerda que de esa época también viene su predilección por el collage que más tarde se refleja en sus pinturas matéricas, a las que incorpora tela, madera, etcétera:
“Ahí me pasé una semana con los pintores del taller; les pagaba bien por la pintura, mejor de lo que les pagaban pintando un carro. Era muy sencillo: era poner tape y pintar. Ahí aprendí la cosa de poner el tape y pintar con el tape”.

DE LAS FIGURAS GEOMÉTRIAS AL COLLAGE
Tras su primera exposición y luego de crear obras pictóricas en Rosarito, las figuras geométricas vívidas han distinguido la obra matérica de Luis Ituarte desde la década de los 80 con obras como “Siete lunas” (acrílico sobre tela, 274 x 213 centímetros, 1989), “Lunares y equis” (collage textil, textil sobre tela, 32 x 44 cm, 2016) y en la serie “Comida corrida” de 2026, donde incorpora palillos picadientes, soportes de madera para paletas e hilos de tela y de plástico.
— ¿Cuál es la búsqueda estética o discursiva en las líneas rectas y figuras geométricas en tu obra?
“Busco recursos que me permitan utilizar el color de una manera que no tenga que hacer una pintura como Matisse; admiro a Matisse tremendamente, pero no puedo hacer yo eso. O sea que no puedo utilizar mis sentimientos sobre el color en la forma que Matisse lo hace. Entonces, tengo que buscar formas sencillas de poder utilizar el color y eso es lo que hago: utilizar las formas geométricas y el uso del tape que aprendí haciendo esas pinturas en Rosarito, viendo a los carroceros utilizar el tape para hacer sus cosas”.
En esta pieza revela un ejemplo en su proceso de creación:
“Si ves estas cosas –dice señalando la obra ‘Siete lunas’, de 1989–, son pedazos de hierro que los pongo y les echo spray. Esta obra es como un collage. Lo primero que hice fue hacer las líneas; de ahí, órale, ¿cómo voy a resolver? Empezar a hacer lo demás, que tenga sentido con el color, la vibración del verde con el azul y el rojo. Los colores primarios están maestralmente utilizados aquí, modestia aparte, porque esto es una pieza exquisita. Entonces, ésa es la forma en que yo pinto: utilizando recursos que yo no puedo hacer, utilizar mi conocimiento, mis instintos del color en una forma en que sea fácil, y por eso los diseños geométricos. Lo que necesito es una regla y compás, color y tape”.
— ¿Qué buscas lograr con el uso del color fluorescente con los colores primarios y las figuras geométricas?
“Lo mismo que quería hacer cuando hacía los grabados: que alguien viera el grabado y dijera: ‘¡Qué chingón’. ¿De qué se trata?’. Lo mismo con mi pintura: que la gente se impacte con la forma en que uso el color, porque nadie usa colores fluorescentes, entonces ven la obra y dicen: ‘Oye, ¡qué chingón esto!’, se acercan a verla, les impacta, tratan de entenderla y lo que sea que hace la gente tratando de analizar una pieza. Pero mi intención primaria es que la vean la obra. Yo quiero hacer obra que la gente la vea, forzarla a que la vea”.
EL COLOR FLUORESCENTE
Desde 1972, Luis Ituarte ha expuesto su obra en diversos espacios de Canadá, Estados Unidos, Italia y México. En obras creadas desde la década de los 80 como “Siete lunas” (acrílico sobre tela, 274 x 213 centímetros), “Aterrizaje 1” (acrílico sobre tela, 183 x 127 cm) y “Guitarra o Tololoche” (acrílico sobre tela, 91.44 x 213.36 cm), hasta piezas de la serie “Comida corrida” de 2026, que se exhibe en la galería de Artespacio Mariposa, como “Con listones”, “Huevos chairos”, “Con chile” (todas de 18 x 24 pulgadas), por ejemplo, figuran los colores primarios (rojo, amarillo y azul) en combinación con colores fluorescentes, sobre todo rosa, verde lima, naranja, fucsia, entre otros.
“La influencia que Matisse ha tenido sobre mi pintura es el color; el color es lo que me atraía. Generalmente, en las pinturas más famosas, yo empiezo a descubrir que los artistas tenían una forma de utilizar los colores primarios para hacer que sus pinturas o su obra tuviera impacto”, reconoce Ituarte. “No tengo una teoría del color, simplemente tengo un sentido de observación en el cual he creado casi la mayoría de mis obras. Soy un artista autodidacta que se descubrió a sí mismo por necesidad, como te digo, a mí el arte me lo endilgó la vida. La vida me endilgó el arte”.

— Evidentemente hay una constante en el uso del color fluorescente en tu obra, como el verde lima, rosa, fucsia, desde piezas como “Siete lunas”, de 1989, hasta en la serie de “Comida corrida”, de 2026…
“Sí, sí. Si pones estas piezas en luz negra, se salen los colores. Nunca lo he hecho, porque sería traicionar la razón por la cual uso este color: no lo uso con el efecto de hacer esta magia que sucede, sino que lo uso por la magia del color mismo como tal”, valora para justificar desde dónde viene su pasión por el fluorescente:
“En la época de los hippies, en los 70, durante ese tiempo se utilizaba mucho el color fluorescente; hacían sus diseños y le ponían luz negra, pero el problema con el color fluorescente es que es un color que le pega la luz por dos días y desaparece. Muchos artistas no usaban el color fluorescente porque decían: ‘El color fluorescente es de los hippies’. Cuando enseñé estas pinturas –dice señalando ‘Siete lunas’, de 1989– en Los Ángeles todos decían: ‘Pinche hippie, te pusiste hasta la madre’. Y no le daban ninguna importancia por el tipo de color que estaba utilizando. Después de esto, empezó a salir que todos los beach boys, toda la gente del área de Malibu, todo ese lugar donde hay muchas tiendas que venden artículos para la playa, empezaron a hacer ropa con pintura fluorescente y de repente se puso de moda otra vez el color fluorescente. Este color que yo uso es un testimonio de mi cultura mexicana, porque nosotros no le tenemos miedo al color: lo utilizamos los huicholes. El color fluorescente es un testimonio de mi mexicanidad: no tanto de mi tijuanidad, pero sí de mi mexicanidad”.
— ¿Actualmente ya no hay tantos prejuicios sobre el uso del color fluorescente?
“No, pero la gente le tiene miedo, porque el color fluorescente es muy agresivo”.
— ¿El uso del color fluorescente tiene que ver con el carácter, la personalidad, la emoción o el temperamento del artista?
“Con el temperamento, yo creo, con una actitud desafiante y agresiva. Toda mi pintura tiene una actitud desafiante y agresiva. Yo quiero que la gente se pare a ver mi obra, y para hacerla que se pare a ver mi obra la tengo que agredir, y los agredo con el color fluorescente”.





