Las palabras más divertidas, goool, las porras, la alegría, el encuentro de países, de cultura. A Tijuana le toca que venga el equipo de Irán, se portan bien los futbolistas y el público se acerca cálido, adopta al equipo y aunque descubrimos que les hicieron trampa y vimos ridículas injusticias como la injerencia del presidente de Estados Unidos, que eso no es “fair”. Vimos a un Cristiano Ronaldo disminuido, perdió ese bello ser humano al que su equipo le jugaba rudo no dándole la pelota, regateándosela; a diferencia de Messi, al que su equipo le rinde pleitesía de pasar pelota y lo cuidan. Uno, gloria de Portugal, el otro, de Argentina; Mbappé de Francia, Hakimi de Marruecos; la maravilla de Egipto Mohamed Salah; el héroe de Cabo Verde, Vozinha, que con sus despliegues deportivos nos divirtió y nos permitió admirar a países que ni siquiera conocíamos.
¡México, México, México!, está en nuestra alma, gritamos hasta enronquecernos y nos unimos a millones que desean la victoria que se terminó en los botines de Inglaterra y luego la explicación, están más grandotes, ese Gordon asombroso, daban un paso y recorría media cancha, no nos caía bien, era desagradable, queda en la boca el sabor de lo vivido, la broma y los goles vividos.
La FIFA toda poderosa dominando las canchas enfrentándose y coordinando con países un poder mundial, los billones corren en las taquillas, y en las publicidades, se habla de siete billones de dólares que van a dar a las bolsas de los suizos, y que se entregan también a los equipos. Los pueblos juegan, compiten, gritan, gozan en una armonía asombrosa, pegándole a una pequeña pelota de cuero que agredida recorre la cancha creando fortunas y famas. Dentro de cuatro años nos volveremos a encontrar. Mientras, para que no olvidemos la competencia deportiva, habrán olimpiadas donde también el hombre competirá contra el hombre, hasta la última gota de sudor, de espacio y de oxígeno. Bien por el deporte, por aquella experiencia que nació en Grecia, en Olimpia, en donde surgen héroes que dejan sus nombres imborrables para admiración de propios y extraños, y ya se perfilan los jóvenes mexicanos que harán marcas en la historia.
El deporte une, encuentra, divierte, para bien de la humanidad, paz para los pueblos y deporte para las masas.
José Galicot es empresario radicado en Tijuana, B.C.
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