Desde que existe la frontera Tijuana-San Diego, ha prevalecido el contrabando de armas. Estados Unidos de América, en su constitución política, dice que el ciudadano anglosajón, nacido o naturalizado, puede poseer armas, comprar para su legítima defensa, coleccionar, admirar, ir a las armarías y adquirir un arma según su presupuesto.
Allí el gobierno, de la Casa Blanca o de los 50 estados, lo imposibilita ver con lupa el destino final de los diversos armamentos que adquieren los gringos en las armerías.
Dice la señora presidenta Claudia Sheinbaum, que el gobierno debe hacer su parte, ¡pues no! Imposible indagar y seguir a los compradores de armas, esos se pierden, las compran, circulan por calles y se borran del expendio de donde fue la adquisición.
Es imposible frenar ese contrabando hormiga. El contrabandista se las ingenia para esos menesteres, señora presidenta: cruzan miles de autos de EE. UU. a México. El latino es astuto para el contrabando de lo ilegal.
Un día leí en Dobleplana, columna escrita por el señor Jesús Blancornelas (ZETA), sobre una pareja heterosexual que procedía de San Ysidro a Tijuana; les tocó luz roja. Llevaban en un moisés (porta bebés) a una inocente criatura (seguramente su hijo). -¿Qué traen de USA? -“¡Nada más que nuestro hijo”, dijo la pareja de esposos. Cruzaron la frontera hacia Tijuana y, bajo el bebé, entre el moisés y el niño, venían dos armas cortas de 9 milímetros.
Ese auto se perdió en el mar de vehículos de Tijuana y las esas armas llegaron a su destino. Alguien las pidió por encargo, ya sea para legítima defensa de un hogar mexicano o tiñeron de sangre una indumentaria de una víctima colateral por la burla del mexicano a los aduaneros mexicanos.
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Así que ahorita sigue ese modus contrabando. D cualquier forma pasan las armas, llegan, se cuelan, se filtran. Le meten gol a los migras mexicanos con el contrabando bélico.
A la señora Claudia Sheinbaum, lo que le queda mejor es no hablar de eso, o que eduque a su pueblo, que suba los sueldos, que abra ofertas laborales para eliminar la tentación a los que se hacen delincuentes, o que ni hable si no sabe del contrabando de armas. Así de fácil.
Mejor que baje el crimen en su patria. Ella ignora el teje y el maneje aduanal, de los engaños, de los clavos del traficante que se las ingenian en la frontera México-Estados Unidos; no nada más trafican armas, sino “fayuca”, etcétera, etcétera.
Desde que México perdió parte de territorio por mal gobierno, centralismo, corrupción, peleas de gobierno mexicano, débil ejército contra el ojiazul… por eso se perdió ese vasto territorio (mas no por traición de Santa Anna o Vender). Sí hubo una remuneración, pero fue por mal gobierno de los mexicanos de esa época.
En fin, seguirá la demanda de armas si no tenemos leyes más recias, más vigilancia aduanera por mar, aire y tierra.
Así que, señora Sheinbaum, olvídese de esta petición que pide al gobierno del capitolio, pues no se podrá.
Se mandan drogas y las ganancias llegan como armamento. Así ha sido desde Camelia la Texana hasta hoy en día.
Olvídese, señora. Usted enderece el país, para eso votaron muchos por usted; yo no. ¿Quería la presidencia? Pues órale, traiga su vara mágica.
Atentamente,
Leopoldo Durán Ramírez.
Tijuana, B.C.





