La cancha se llena de júbilo, los equipos combatientes muestran la pasión inusual que el deporte produce, un deporte simple, yo diría soso, pero despierta pasiones, genera negocios, crea entusiasmo, alegría.
¿Quién no ama a un equipo y quizás hasta daría la vida? Conocemos historias de emociones largas, de planteles como el Real Madrid, el Barcelona, que no sólo cubren sus espacios nacionales, sino que son adorados internacionalmente, con fans prácticamente de todo el mundo; las historias del Guadalajara que contrasta con el América y últimamente los Tigres hacen de sus seguidores verdaderos leones en defensa de los equipos que patean una bola.
Pero esto no es mexicano o español; el futbol genera fanáticos internacionales y en cada país algunos grupos sociales, los ricos, tienen preferidos que combaten con el querido de los pobres, como es el caso de Argentina, el Boca Junior y el River Plate. También hay futbolistas héroes inolvidables como Pelé en Brasil, como Maradona y Messi en Argentina. Los millones de niños en el mundo entienden el deporte como futbol por fácil, por sencillo, porque se puede jugar de manera rudimentaria y en Estados Unidos mismo donde el basquetbol, el beisbol y el futbol americano tienen grandes espacios de popularidad, se va abriendo inexorablemente el espacio del soccer.
También, es un negocio y una empresa, la FIFA, que dicta reglas, lugares, proyecta campeonatos, castiga y premia a naciones y ahora está en México, donde ya vivimos dos veces antes el campeonato mundial de futbol y que tuvo el efecto de sanar heridas políticas importantes como el imborrable 68.
Hoy el México actual se encuentra sorteando con retos sociales y políticos, marchas por desaparecidos, manifestaciones de maestros, la presión de E.E.U.U. en su lucha contra el narcotráfico, y ¿encuentra el poder de sanación en la copa mundial?
Aunque se juegan aquí solo trece partidos, también el futbol toca espacios mundiales cuando el equipo de Irán aparece en nuestra Tijuana por efectos de la guerra entre Irán, Estados Unidos e Israel, y jugará utilizando como sede base el espacio de los Xolos, que bueno, para nosotros nos pone en el mapa.
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Si no sabes de futbol, amigo lector, eres un ignorante; si no reconoces un escudo de un equipo en una gorra, eres un ignorante, y si no amas militando al Real Madrid o te mortificas por el dolor de Brasil cuando perdió contra Alemania en el torneo de Río, no sabes futbol y no saberlo es vergonzoso, pues cualquier joven de 18 años para arriba te puede describir todos los juegos de esa serie y de otras más históricas.
Ahora los países ricos como Arabia Saudita y Dubái compran a la FIFA el derecho de que ahí se jueguen los eventos internacionales. África con la agilidad de sus jóvenes presenta dura batalla a los añosos contendientes. Europa está llena de jugadores internacionales, que salen de sus países en busca de gloria. Lo complejo de hacer un evento en tres países exige de la FIFA una organización férrea y dedicada, que marca precios a boletos, juguetes, pasajes, escudos, camisetas y todo lo comerciable. ¿Quién no desea una camiseta de su equipo favorito aunque sea “fake”? ¿Quién no se desgarra la garganta con el grito “Viva Paris Saint-Germain”, “Viva Marsella” o “Viva FC Bayern Múnich” o el “Viva Manchester United”, todos con tradiciones, todos con leyendas, todos con amorosos fanáticos, con porras incondicionales, comprometidas hasta la muerte?
Famosos los gamberros argentinos que no paran de cantar ni de bailar durante todo el juego. Si la hermandad de los pueblos se diera en las botas de un futbolista o en el balón, otro sería nuestro mundo, y si la ONU estuviera tan organizada como la FIFA, este poder superior traería armonía, paz y trabajo en conjunto.
¡Gooooooool, “Viva México”!
José Galicot es empresario radicado en Tijuana, B.C.
Correo: [email protected]





