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lunes, junio 29, 2026
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Amor a ciegas

Un médico se casó con una mujer que conoció por chats y en la primera noche de la Luna de miel, después de que él se lavara las manos para meterse en la cama, ella le dijo:

— Nunca me lo habías dicho en tus cartas, pero estoy segura que eres doctor.

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— ¿Cómo lo has adivinado?

— Por la manera en que te has lavado las manos.

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El hombre se quedó muy sorprendido. Hicieron lo que debía y al finalizar, ella le comentó:

— Eres doctor, pero también he adivinado tu especialidad: eres anestesista.

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— No lo puedo creer, ¿cómo supiste?

— Porque no me enteré de nada.

Autor: Un médico confundido.

 

El héroe

Una señora, con su marido, está comiendo en un restaurante.

En un descuido, el hombre se atraganta con tremendo bocado de carne.

La madre intenta hacerle escupir la carne golpeándole la espalda, dándole palmadas en el cuello, sacudiéndolo, sin éxito.

El esposo ya comienza a dar muestras de asfixia y la mujer, desesperada, comienza a gritar pidiendo auxilio.

Un señor se levanta de una mesa cercana, y con pasmosa tranquilidad, sin decir palabra alguna, se va directo a la zona más vulnerable de todo varón, aprieta con fuerza, y jala hacia abajo violentamente.

Automáticamente, el señor -ante el dolor irresistible- escupe el bocado, y el héroe, con la misma pasmosa tranquilidad con la que se acercó, regresa a su mesa sin decir palabra.

Al rato la señora, ya tranquilizada, se acerca para agradecerle que haya salvado la vida a su esposo, y le pregunta:

— ¿Usted es médico?

— No señora, soy funcionario del SAT. Sé perfectamente cómo sacarle a la gente lo que quiero.

Autor: Anónimo de Hacienda.

 

Chequeo de rutina

Un anciano de 95 años llega al médico para su chequeo de rutina.

El doctor le pregunta cómo se siente.

— Nunca estuve mejor —le responde—. Mi novia tiene 25 años. Ahora está embarazada y vamos a tener un hijo.

El doctor piensa por un momento y dice:

— Permítame contarle una historia: un cazador que nunca se perdía la temporada de caza salió un día tan apurado de su hogar que se confundió tomando el paraguas en vez del rifle. Cuando llegó al bosque se le apareció un gran oso. El cazador levantó el paraguas, apuntó al oso, disparó y el oso cayó fulminado.

— Imposible —exclama el anciano—. Alguien más debió haber disparado.

— A ese punto quería yo llegar —respondió el médico.

Autor: La esposa del anciano.

 

Celular perdido

Un grupo de hombres está en el gimnasio de un club y suena un celular. Uno de ellos contesta y pone el teléfono en manos libres para poder seguir levantando pesas:

— ¿Sí?

— ¿Querido, eres tú? ¡Se oye horrible!

— Hola… Hola… Hola.

— ¿Estás en el gimnasio?

— ¡Si!

— Mi amor, estoy frente al escaparate de una tienda y hay un abrigo de visón precioso. ¿Puedo comprármelo?

— ¿Y cuánto cuesta?

— Como unos 70 mil.

— ¡Bueno! Y cómprate también un bolso que haga juego, amor mío.

— Bueno… estooo… resulta que también pasé por un concesionario de automóviles y pensaba que ya es hora de cambiar el auto, así que entré y pregunté. ¿A qué no sabes qué? Resulta que tienen un BMW en oferta y es el último que les queda.

— ¿Y de cuánto es esa oferta?

— Sólo 55 mil. ¡Y es divino!

— Bueeeno… Cómpralo, pero que te lo den con todos los extras, y si sale un poco más, como situación excepcional, no me voy a enfadar.

La mujer, viendo que hoy todos sus pedidos “colaban”, decidió arriesgarse:

— Cariño. ¿Te acuerdas que te conté que mamá quería venirse a vivir con nosotros? ¿Te parece bien que la invite por un mes, a prueba, y el mes que viene lo volvemos a hablar?

— Bueeeno, está bien… Pero no me pidas nada más, ¿eh?

— Sí, sí, está bien. ¡Ay, cuanto te adoro mi amor!

— ¡Yo también te quiero! Un besito, mi amor.

Al colgar el teléfono, el hombre mira al grupo y pregunta:

— ¿Alguien sabe de quién es este celular?

Autor: Un marido infartado y en la ruina.

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