“Las obras de Arte que han buscado la verdad profunda y nos la presentan como una fuerza viva, se apoderan de nosotros, se nos imponen, y entonces nadie, ni siquiera en las Edades por venir, podrá rechazarlas”.
-Aleksandr Solzhenitsyn, Discurso de Estocolmo.
Carmelita Contreras aprendió a leer y escribir dando catecismo en la colonia División del Norte en Mexicali (zona futbolera). Michoacana de la Yerbabuena, Santiago Tangamandapio, hasta su muerte cuidó a su familia. Las navidades y años nuevos, no faltaban los tamales y frijoles refritos con manteca. Lo más hermoso, la convivencia, escuchando las balaceras de fin de año, en el tejaban de lámina. En la División, Carmelita siempre será recordada no sólo por ser catequista, sino por ser una buena persona, que ayudaba a quien podía en la comunidad. Desgastó su salud por ayudar; siempre en silencio, ayudar. El testimonio fue su vida ordinaria, humilde.
A Carmelita dedicamos lo que aquí escribimos sobre este sufrido poeta ruso, que padeció cárceles, enfermedades, persecuciones, hambre, desprecios por encontrar y difundir la verdad.
Caminando por la Feria del Libro de la UABC, con los libreros de obras usadas y antiguas encontramos una obra biográfica repleta de fotos del Nobel de Literatura 1970, Aleksandr Solzhenitsyn. Narra él mismo: “Nací en Kislovodsk el 11 de diciembre de 1918… Mi padre murió de un accidente, durante el verano de 1918, seis meses antes de mi nacimiento. Fui criado por mi madre, taquimecanógrafa, en Rostov del Don. Allí pasé mi infancia y mi juventud y acabé mis estudios secundarios”.
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La vida de personajes como Carmelita, o el mismo Solzhenitsyn, son admirables por la fortaleza con que Dios les sostiene en el sufrimiento cotidiano ordinario. Con su propio dolor, el poeta tiene la capacidad de plasmar en el silencio y la soledad de lo que ha vivido y necesita compartir como una especie de desahogo y catarsis, sanación plena.
La inmortalidad de los escritores no es tanto lo que han escrito, sino haber escrito desde la cárcel, como los hermanos Machado, Miguel Hernández, el Cardenal Van Thuan, San Pablo, y el inolvidable Solzhenitsyn en tantas descripciones magistrales de su vida en sus libros: El Error de Occidente; Un Día en la Vida de Iván Denisovich; Hospital de Cancerosos; Círculo Rojo; y el más conocido y que casi le cuesta la vida publicarlo: Archipiélago Gulag, sus vivencias preso en Siberia y en Solovki, la ostrov (Isla) en la que siguen muriendo miles de presos de conciencia, críticos del comunismo soviético, religiosos, obispos, sacerdotes, pensadores, periodistas.
Soljenitsin murió en Rusia, tras regresar decepcionado del estilo superfluo de parte de los estadounidenses. Putin le regresó la nacionalidad que le arrebato Brézhnev. Y murió el 3 de agosto de 2008, en Moscú, distinguido por ser en el mundo, y sobre todo en Rusia, una de las Conciencias Críticas en el siglo XX.
A cambio de un álbum conmemorativo de The Beatles, intercambiamos por un libro sobre Solzhenitsyn (1974), con abundantes fotos de su vida y obra, y que al final termina con estas palabras del Nobel de Literatura 1970, sobreviviente de múltiples persecuciones, enfermedades, cárceles, y espionaje de la NKVD, y de la CIA; afortunadamente su obra sigue circulando como en la FIL UABC de Mexicali. Aquí las palabras de Solzhenitsyn (1974, Plaza & Janés Editores):
“¡Cuán fácil me resulta vivir contigo, Señor! ¡Cuán fácil me resulta creer en Ti! Cuando, en la perplejidad, mi espíritu se oculta y desfallece. Y hasta los más inteligentes no ven más allá de esta noche ni saben lo que mañana habrá que hacer. Desde lo alto Tú me envías la clara certeza de que existes y velas para que no se cierren todos los caminos del Bien. Sobre la cresta de la gloria terrenal arrojo una sorprendida mirada hacia el camino que, a través de la desesperación, me ha conducido hasta aquí, hasta este punto desde el cual puedo enviar también a todos los hombres el reflejo de Tus rayos. Y si es necesario que aún los siga reflejando, así me lo darás a entender. Pero si me falta el tiempo, será señal de que habrás asignado a otros tal misión”.
Germán Orozco Mora reside en Mexicali, B.C.






