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lunes, mayo 25, 2026
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En 7 años, la vida en BC es 41.6% más cara

El costo de la vida en Baja California se encareció 41.6% durante los últimos siete años, según cifras del Índice Nacional de Precios al Consumidor, refirió Roberto Iván Fuentes Contreras, profesor-investigador de la Universidad Autónoma de Baja California (UABC).

De enero de 2019 a abril de 2026, la inflación en Tijuana aumentó 45.48% y en Mexicali, 37.58%. Con ello, Tijuana se mantuvo por encima del promedio nacional (41.44%), derivado del aumento de la vivienda rentada o propia; las gasolinas; los alimentos y los servicios de salud.

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El elevado costo de la vida en Tijuana ha sido sufrido por Jenifer, quien llegó hace dos años a la ciudad. En un principio, tuvo que emplearse en dos trabajos: como guardia de seguridad y promotora de una cadena de alimentos enlatados, para costear renta, alimento, servicios públicos y transporte.

“El cansancio, que el cuerpo te dice ‘ya párale’, me hizo dejar el trabajo de guardia de seguridad”. Ahora, más relajada, compra lo básico, porque “Tijuana está muy cara para vivir” y el precio de alimentos, agua y luz ha ido subiendo.

“En Tijuana los precios son más elevados que en el interior del país. Es muchísima la diferencia, el precio está muy elevado, aunque aquí está mejor el sueldo que en la Ciudad de México”, aseguró.

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Jenifer dijo que paga 3 mil 500 pesos de renta de una habitación en las inmediaciones del Pacífico. A despensa (alimentos y productos de higiene personal) destina 6 mil pesos, y en transporte otros 3 mil pesos. En gas y servicios públicos (agua y luz) gasta 800 pesos. En total, desembolsa 13 mil 300 para vivir en esta ciudad fronteriza, una gran parte de su sueldo.

Al costo de lo más básico se suman gastos como colegiaturas de educación básica desde 3 mil 500 pesos, el dinero que se le da a los menores para ir a la escuela, las cuotas de mantenimiento de fraccionamientos y el pago de telefonía móvil, entre otros gastos considerados básicos para otros hogares, “que no sería posible cubrir por una sola persona con los sueldos que hay”, dijo Laura, otra madre de familia.

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“Andamos al día, como quien dice. No hemos podido viajar y los poquitos arreglos que le hemos podido meter a la casa, es cuando te llegan las utilidades o el aguinaldo, pero con nuestro sueldo en sí no se puede”.

Si bien es cierto el salario mínimo en Baja California prácticamente se cuadriplicó al subir de 108 a 440 pesos de 2018 a 2026, y su incremento fue mucho mayor que la inflación registrada en ese periodo, una pequeña porción de la población gana un salario mínimo.

De modo que, no todos los trabajadores se han visto beneficiados por los incrementos, ya sea porque perciben más de un salario mínimo o porque tienen un trabajo en la informalidad.

“A mí me pagan lo mismo, lo que nos toca cada año. A lo mejor porque nosotros tenemos el salario un poquito más alto. Tengo ya 13 años en la empresa, es lo mismo que me van aumentando, no le noté yo una gran diferencia”, declaró Laura.

Foto: Jorge Dueñes

AUMENTA 49.6% COSTO DE VIVIENDA

Los datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) son un promedio de precios de cerca de 300 productos y servicios con una ponderación respecto a su consumo en los hogares; la cual “no es arbitraria” puesto que se recalcula cada dos años con base en la Encuesta Nacional de Ingreso y Gasto, aunque no registra diferencias de ponderación entre ciudades, explicó el investigador de la UABC, Roberto Iván Fuentes Contreras.

El servicio con más ponderación para las familias mexicanas es el costo de la vivienda. En Tijuana incrementó 49.6% el costo de vivienda rentada o propia, de enero 2019 a marzo 2026; mientras que en Mexicali fue de 37.25%. Cifras que superan a lo registrado a nivel nacional, de 20.3%, señaló.

A nivel mundial, los precios de la vivienda han ido incrementando, particularmente en zonas fronterizas. El aumento de la vivienda en Tijuana y Mexicali se debe a un mercado dual, en el que hay demandantes locales y de trabajadores transfronterizos.

Mucha gente al comparar precios de vivienda o renta en California, Estados Unidos, le resulta más atractivo comprar o rentar en Baja California, lo que también genera incentivos para aquellos que ven en el desarrollo inmobiliario un medio de inversión, apuntó.

Otro elemento que tiene que ver y está estudiándose mucho es el tema de la sobrerregulación de la vivienda en Estados Unidos, donde inclusive no se permite que en ciertas zonas haya una alta concentración y sean únicamente para viviendas unifamiliares, lo que ha hecho que la oferta de casas esté muy por debajo de la demanda, y automáticamente se eleven los precios.

Datos del Consejo Estatal de Profesionales Inmobiliarios de Baja California (CEPIBC) indican que en Tijuana las zonas más económicas para renta y venta de viviendas son: Natura, Villa Fontana, Mariano Matamoros, Valle Verde y Santa Fe, cuyos precios oscilan entre los 8 mil y 12 mil pesos mensuales para renta.

SERVCIOS MÉDICOS, CON ALZA DE HASTA 42.6%

La dinámica binacional también estaría influyendo en el costo de los servicios médicos, incluidos consultas médicas, hospitalización y medicamentos, que tuvieron un alza de 42.62% en Tijuana y de 36.47% en Mexicali en el periodo referido, indicó el especialista.

Cuando hay dos economías con nivel de desarrollo diferente y los consumidores pueden elegir entre bienes y servicios similares u homogéneos, en este caso la salud, el precio va a tender a la convergencia, es decir, bajan del otro lado de la frontera y suben de este lado.

“Entonces es lo que observamos aquí en muchos servicios que son comercializables con Estados Unidos”. Lo que no ocurre, por ejemplo, con ciertos productos, como un automóvil nuevo, ya que hay restricciones en ambos lados de la frontera que hacen más difícil su adquisición, expuso.

Los costos en salud que enfrenta la población varían desde una consulta y medicamentos en una farmacia con consultorio para una enfermedad de primer nivel gastando entre 600 y mil pesos hasta cantidades impagables para la mayoría, de miles de pesos, para obtener atención médica de segundo y tercer nivel.

Un familiar de una paciente en la Cruz Roja relató que sólo por hospitalización y medicamentos suministrados pagaron más de 200 mil pesos durante una semana. Aparte tuvieron que pagar entre 20 y 30 mil pesos por equipos y especialistas que no contaba el hospital y que requería su paciente. Para que fuera un nefrólogo a consultar a mi paciente se tuvo que pagar alrededor de 35 mil pesos, compartió.

 

ELECTRICIDAD, OTRO SERVICIO MÁS ALTO QUE EN EL RESTO DEL PAÍS

Por ponderación del INEGI, el segundo rubro en el que más gastan los hogares mexicanos es el de gasolinas, de ahí la importancia en términos de política pública y electoral, de que los precios de las gasolinas no incrementen significativamente, indicó Fuentes Contreras.

Desde enero 2019 a marzo 2026, el costo promedio de las gasolinas en Tijuana subió 35.51% y en Mexicali, 41.27%, aunque la primera se ubicó por debajo del dato nacional de 37.58%

En cuanto al costo de electricidad, en Tijuana se incrementó 34% y en Mexicali 24.6%; cifras muy por encima de la inflación registrada a nivel nacional, de 17.6%.

“Dos recibos al año sí llegan muy caros de electricidad”, mientras que el resto pago entre 400 y 450 pesos al bimestre, comentó Zulema; quien dijo que su familia destina 6 mil pesos al año para comprar gas LP.

En los últimos siete años, el costo del gas Licuado de Petróleo (LP) disminuyó -12% en Tijuana y -9.3% en Mexicali, en contraste con lo observado a nivel nacional, donde aumentó 2%, según los datos del INEGI compartidos por el investigador de la UABC.

 

ALIMENTOS SUBEN 60%

Dr. Roberto Ivan Fuentes Contreras, Foto: Cortesía

En el periodo referido, enero de 2019 a marzo de 2026, el costo promedio de los alimentos subió 60.77% en Tijuana y 60.15% en Mexicali.

La mayor parte de los alimentos pueden sustituirse, mientras que las gasolinas y la vivienda no, lo que hace que pequeñas variaciones en estos últimos impacten más a los hogares mexicanos que el alza en alimentos, dijo Fuentes Contreras.

Para cubrir la canasta alimentaria se tenía que tener un ingreso mínimo de 4 mil 381 pesos, al cuarto trimestre de 2025. En Baja California hay alrededor de 13 por ciento que está trabajando y que no le alcanza para cubrir esta canasta alimentaria, “un dato ya de por sí alarmante”, apuntó el investigador de la UABC.

La señora Zulema comentó que, por el costo de los alimentos, su familia ha tenido que limitarse a comprar nada más lo que va a cocinar. “Por ejemplo, si antes compraba dos kilos de carne, ahora compro uno. Ya se termina y compro otras cosas, no como antes, que llenaba el congelador”.

Fuentes Contreras consideró que los datos económicos “no reflejan realmente la realidad”, ya que, si bien el INEGI va a varios mercados para hacer las estimaciones de inflación, “hay muchísimos elementos que no se consideran, como las preferencias del consumidor”.  Si, por ejemplo, aquí se consume más carne de res o de puerco, la ponderación que se le va a dar es la nacional, no la local. Tampoco se consideran costos de traslado y otros elementos para poder adquirir esa canasta.

“Todos esos elementos generan una brecha de lo que los datos indican y lo que las personas viven”, y las preferencias de las personas “difícilmente” van a cambiar directamente a partir de los precios.

Sería “insensible o injusto” decirle al trabajador que cambie su consumo de algo que le genera satisfacción a otra cosa, porque es más barata y le va a alcanzar más su ingreso.

En ese sentido, el especialista consideró que las mediciones tendrían que ir hacia otras variables como el estrés financiero, el retiro laboral digno, que ayudaría a conocer poblaciones vulnerables y a tener indicadores más complejos y estrictos, en torno a una agenda de derechos.

“Estos debates nos hablan de la precarización laboral, algo que no es nuevo en nuestro país y cada vez se observa más en el mundo, que pone en riesgo lo más elemental que es la canasta de alimentos y gustos y preferencias de los hogares”, agregó el académico de la UABC.

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Autor(a)

Julieta Aragón
Julieta Aragón
Licenciada en Comunicación Social por la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) Xochimilco. Cursé la maestría de Periodismo Político en la Escuela de Periodismo Carlos Septién García y sigo en proceso de tesis. Soy reportera de ZETA desde 2017.
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