El actor y comediante defiende la comedia como una herramienta política y de conciencia social, en un contexto donde advierte falta riesgo y sobran fórmulas. Tras su paso por Tijuana, Bonilla habló sobre su trabajo, su visión crítica del humor y la reciente polémica por el uso de su imagen en el ámbito partidista
Para Fernando Bonilla, la comedia es una característica inherente de los mexicanos, una forma de procesar la realidad que puede utilizarse como herramienta para abordar temas como la política, la conciencia social y las contradicciones que atraviesan al país.
Tras su paso por la frontera, donde agotó dos fechas consecutivas de su show de stand up “Corte de caja”, el dramaturgo, director de cine y ganador del Ariel conversó con ZETA, en un diálogo donde defendió una visión de la comedia que incomoda, cuestiona y, sobre todo, no evade lo público.
“Creo que hay un error muy peligroso en el que comúnmente caemos, que es asumir que la política es algo que les pertenece a los partidos políticos. La mayoría de las personas querríamos sólo tener una vida tranquila y feliz y no meternos en temas políticos, pero eso suele liberarle el camino a que nos gobierne la peor gente”, manifestó.
En su caso, el escenario ha sido la trinchera. Desde ahí, Bonilla no sólo ha construido personajes, sino una postura. Fundador de la compañía Puño de Tierra y director de más de una veintena de montajes, su diagnóstico sobre la comedia en México apunta menos al talento y más a las condiciones en las que se produce.
“Creo que a la comedia le falta riesgo, pero no necesariamente de quienes la hacen, sino de quienes la producen. Las plataformas y televisoras suelen ser muy conservadoras y siguen apostando por fórmulas que ya no sorprenden, cuando la comedia vive justamente de la irreverencia”, señaló.
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El actor reconoció que la comedia en el cine mexicano se ha ido desvalorizando por la misma razón.
“Es seguir buscándole y dejar de imitar, de tratar de hacer comedia gringa adaptada a México. Algunas pegarán, otras no, pero ahí es donde se va abriendo el lenguaje y van saliendo las expresiones que más trascienden. México no tiene un problema de comedia, somos una cultura que se ríe mucho y tiene expresiones muy potentes, pero muchas veces eso no recibe la vitrina que requeriría”, afirmó el comediante.
Conocido por un sentido potente de la política, Bonilla concibe cualquier expresión artística como política.
“El arte es político, porque es una expresión pública y, al ser pública, implica un posicionamiento político, aunque sea por omisión. Por eso el arte debería servir para generar cuestionamientos y diálogos, no solo para reforzar ideas con las que ya estamos de acuerdo”.
Esa postura también atraviesa su forma de escribir y presentarse. Lejos de adaptar su material a cada plaza, el actor defendió una brújula personal, incluso a riesgo de no conectar con todos.
“El error sería intentar complacer a todo el mundo. Creo que la brújula de mi comedia es explorar cosas que a mí me parecen divertidas y esperar que eso también le genere risa a otra gente”, explicó el capitalino de 41 años.
Durante su visita a Tijuana, el contraste cultural no pasó desapercibido. La ciudad, marcada por su condición fronteriza, le pareció un espacio particularmente fértil para la creación.

“Creo que Tijuana es una ciudad con una identidad muy poderosa y bastante única, muy determinada por la frontera, pero también por un flujo migratorio muy intenso que se percibe en su configuración social. Es una ciudad muy especial, con sus propios referentes y su propia manera de entenderse, o de no entenderse a sí misma. Se siente muy bullante en cuanto a creación”.
En paralelo a su trabajo en escena, Bonilla ha mantenido presencia en cine y televisión. Formó parte de la séptima temporada de “LOL: Last One Laughing”, donde se llevó la victoria con su personaje “El Diente de Oro”, una sátira del estereotipo norteño. También ha participado en producciones como “Perdidos en la noche”, de Amat Escalante, “El Norte sobre el Vacío”, “Un Extraño Enemigo” y “Technoboys”, y actualmente es protagonista de la adaptación mexicana de la serie británica “The Office”.
“Creo que el humor que más me gusta es el que tiene una dosis de incomodidad y que te lleva a cuestionarte por qué te estás riendo y de qué te estás riendo. Me interesa explorar las contradicciones individuales y colectivas de una sociedad, lo absurdo y lo ridículo que a veces somos”, aseguró el también director.
Por otro lado, Bonilla detalló que la segunda temporada de “La Oficina” aún se encuentra en proceso de escritura, por lo que no ha leído el guion ni se ha confirmado la fecha de inicio de rodaje, destacando el valor cómico de la serie como retro mexicano.
“Creo que en ese sentido, ‘La Oficina’ es un producto atípico, porque es comedia que tiene como principal objetivo hacer reír, pero al mismo tiempo ha logrado articular elementos de identidad y de cultura que no suelen verse en la pantalla. Ahí también radica mucho de su éxito: la gente siente que es una oficina habitada por personas que sí podrían estar en una oficina en México. Se siente real y eso es lo que lo hace más gracioso”.
A raíz de su participación en la serie de Prime Video, su imagen fue utilizada por el partido político Movimiento Ciudadano, hecho que el actor rechazó públicamente. Bonilla descartó, por ahora, impulsar una iniciativa ante la Asociación Nacional de Actores (ANDA).
“No lo he pensado. Creo que el propio límite que puse va a ayudar a tener este precedente. La línea es bastante clara: que la gente se apropie de algo que está hecho para que se apropie el público es algo que todos celebramos y agradecemos; pero que se utilice para fines partidistas, simplemente no”, recalcó.
“Creo que obedece justo al debate público que debemos tener. Obviamente, la serie está hecha por gente de ideologías muy distintas, que aglutina nuestro trabajo, y está bien pintar una raya. Recibí un mensaje de Movimiento Ciudadano pidiendo disculpas y el propio Máynez reconoció que fue un error de comunicación. La verdad, por mí, darle vuelta a la página”, finalizó Bonilla.






