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lunes, marzo 2, 2026
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Pecadores

Un ejecutivo, trabajando duro, sudando para ganarse la vida, ve a uno tirado en una hamaca, descansando sin hacer nada.

El ejecutivo no aguanta más y le dice:

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— ¿No sabes que la pereza es uno de los siete pecados capitales? Y el otro, sin moverse, relajado, le contesta:

— ¡La envidia también!

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Autor: Un codicioso.

 

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Pijama 2

Una mujer, ya mayor, va a visitar a su nieta, que vive con su novio.

La nietecita abre la puerta y la abuela ve que está tal cual vino al mundo, sólo que con unos años más.

La abuela le pregunta por qué está así, y ella dice:

—  Pijama 2.

En eso que aparece el futuro esposo de la nieta, también en cueros.

— Pijama 2 —le dice el novio.

Total, que la mujer se va a su casa con idea de probar el nuevo modelo…

Llega a su casa, se quita la ropa y llama a su marido.

— ¿Pero mujer, ¿qué haces? —pregunta con tono de curiosidad.

— ¡PIJAMA 2! —Responde la mujer, toda emocionada.

— Pues podrías plancharlo antes…

Autor: El marido.

 

Duda

Le dice un gallego a otro:

— Oye Paco, he comprado un condensador de protones estroboscópicos con fisionador calimastrado y lo he puesto en mi patio.

— ¡EEEEEEH! Espera un momento. ¿Qué demonios es un patio?

Autor: Un tercer gallego.

 

Un therian en terapia

— ¿Desde cuándo tiene usted la obsesión de que es un perro?

— Desde cachorro, doctor.

Autor: un joven sin broncas.

 

Solteras y casadas

— ¿Por qué las mujeres casadas son más gordas que las solteras?

— La soltera llega a la casa, ve lo que hay en el refri y se va a la cama. La casada llega a la casa, ve lo que hay en la cama y se va al refri.

Autor: Una viuda.

 

La llamada

Está una pareja en la cama, suena el teléfono y lo coge la mujer:

— ¿Si?… Ah. No te preocupes… de acuerdo, adiós.

El hombre le pregunta quién era, y la mujer le responde:

— Es mi esposo, que dice que llegará tarde porque está cenando contigo.

Autor: Sin palabras.

 

Medio ebrio

Ella: ¿Cómo es que vienes a casa medio borracho?

Él: No es mi culpa; se me acabo el dinero.

Autor: Un ebrio pobre.

 

En la barra

Un enano que no llegaba a la barra del bar, toma vuelo, salta y dice:

— Una Fanta.

Así varias veces. Finalmente, harto, da la vuelta y ve al mesero; también un enano, que estaba saltando diciendo:

— ¿De naranja o de limón?, ¿De naranja o de limón?

Autor: El cantinero muerto de risa.

 

Copas de más

— Doctor, me siento mal, todo me da vueltas, además me arde el corazón.

— Mire señora, en primer lugar, no soy doctor, soy cantinero, usted no está enferma está borracha y en tercer lugar no le arde el corazón, tiene el pecho en el cenicero.

Autor: Mejor así lo dejamos.

 

Testigo

Tocan en la puerta de una casa y sale la señora:

— ¿Si?

— Hola, ¿Quiere ser testigo de Jehová?

— Lo siento, no vi el accidente.

Autor: Un devoto.

 

Extensión equivocada

Un tío que trabaja en una empresa, agarra el teléfono y dice:

— ¡Muñeca! menéalo rapidito y súbeme un café con dos donas. ¡¡Pero ya!!.

Al otro lado del teléfono se oye una voz varonil que dice:

— ¡Idota! te equivocaste de extensión. ¿sabes con quien estás hablando? Estás hablando con el director general, ¡¡Imbécil!!

Y el otro contesta:

— ¡¡Y tú qué, explotador del infierno!! ¡¡¡Basura!!! ¿Sabes con

quien estás hablando?

El director general responde:

— ¡NO!

Y el otro contesta:

— Pues menos mal… Y cuelga.

Autor: Una recepcionista.

 

De pésame

— ¡Nunca deberías haberte muerto!

El hombre llora desconsoladamente a un hombre sobre una tumba. Al cabo de un rato se le acerca otro:

— Debe sobreponerse. Seguro que se trataba de un familiar muy querido, ¿tal vez su padre o madre?

— Ni uno ni otro. ¡Es el marido de mi mujer!

Autor: Un arrepentido.

 

Educación sexual

Este era Jaimito, que tenía al día siguiente la primera clase de educación sexual que daban en su colegio, y pregunta a su madre:

— Mamá, ¿De dónde vienen los niños?

— De las naranjas.

Jaimito extrañado se coge una y se la mete al bolsillo.

Al día siguiente llega la profesora y dice:

— Jaimito, ¿De dónde vienen los niños?

Y Jaimito entusiasmado responde metiéndose las manos en el bolsillo.

— ¿Se la saco, señorita, se la saco?

— No, no, un diez, tienes un diez.

Autor: Pepito.

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