La serie para la plataforma ViX, inspirada en el caso de Daniel Arizmendi López, conocido como “El Mochaorejas”, y estrenada a finales de enero, se adentra en uno de los capítulos más oscuros de la Ciudad de México durante la década de los noventa.
A partir de la investigación periodística de Olga Warnat, la producción reconstruye algunos de los cerca de 200 secuestros atribuidos al criminal mediante una narrativa que alterna entre el pasado y el presente. Esta estructura permite observar el fenómeno no sólo como un hecho histórico, sino como una problemática cuyas secuelas aún resuenan en la sociedad actual.
Dentro de esa historia, el actor sudcaliforniano Enoc Leaño interpreta a Luis Salas, un policía cuya cercanía con Arizmendi estuvo atravesada por conflictos de interés. El intérprete recordó que, desde su incorporación al proyecto, le surgió la inquietud sobre cómo se abordaría un tema de alta carga social.
“Mi única curiosidad era ver cómo habían abordado el tema porque es un asunto delicado. Y aparte me preocupaba un poco cómo Televisa lo iba a contar, porque al final del día piensan en rating, piensan en entretenimiento, no nada más en plantear una temática cruda. Este proyecto lo tenían muy guardado y a mí literalmente me hablaron previo al rodaje”, reveló el actor.
Desde su perspectiva, el guion opta por una estructura que permite tomar distancia del acontecimiento histórico sin desligarse de sus implicaciones sociales.
“El tratamiento del guion creo que es atractivo en la medida en que sí toca el tema, sí hace una recreación de la época, pero este elemento de flashback, que toda la historia está contada en el pasado y que tenemos un presente con esta periodista, nos permite marcar distancia. Nos permite alejarnos, pero también tener claro que hoy en día es una situación que no se ha logrado superar”, apuntó.
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La preparación del personaje también implicó un proceso introspectivo. Más que centrarse exclusivamente en el personaje, el actor vincula su trabajo con recuerdos personales.
“Pues básicamente me inspiré en el villano que hice en el 96. Porque justamente en esa época llevamos asesoría de policías judiciales reales, que nos llevaron a un par de operativos, nos enseñaron a conducir, a seguir un carro, a usar armas, y también ellos nos platicaban de sus fechorías. Muchos de ellos eran padres de familia y tenían muy clara la división; en mi casa soy el papá amoroso, etcétera, y acá es trabajo, con ese cinismo”.
Algunos de esos recuerdos se materializaron en escenas de la serie: “Uno de estos agentes nos compartió que cuando estaban torturando a alguien, decía que les daba hambre y estabas pensando en una torta. Yo jamás me hubiera imaginado eso. Lo comenté al director y por eso hay un momento donde estoy comiendo. Era la única manera de integrarlo. Para ellos la tortura e ira era un asunto cotidiano”.
“Hay un grave error de actores que tienden a justificar sus personajes, a buscarles virtudes para que no sea tan feo. En mi caso está escrito tal cual: el tipo es un negociador, está del lado equivocado de la ley y lo único que le interesa es su hija y su esposa. La gente dirá ‘maldito hipócrita’, pero ese contraste existe”, confesó Leaño.
Más allá de la trama criminal, Leaño consideró que la serie funciona como un retrato de un momento histórico que ayuda a comprender el origen de muchas de las violencias actuales.
“Quienes vivimos esa época la recordamos, y quienes no, pueden ver que hubo un México donde la violencia no comenzó recientemente. Las relaciones entre crimen organizado, política e impunidad vienen de muy atrás”.
Sobre una posible continuación, Leaño indicó que no existe información concreta. “No hay nada sobre la mesa. Al final, el público decide. Si hay consumo, habrá otra temporada; si no, quedará el registro de lo que se contó”, concluyó.






