De Trez en Trez
Uno. Ver y conducir por las calles y avenidas de Tijuana causa pena y coraje al mismo tiempo.
Pena al verlas destrozadas, llenas de baches, hoyos donde alguna vez hubo algo parecido al pavimento; apenas se le saca la vuelta a un bache cuando ya caíste en otro más grande y que hace recordar a la progenitora de la autoridad en turno.
Coraje porque Tijuana y sus residentes merecen una ciudad con vialidades de calidad, útiles para desfogar el intenso tráfico vehicular y peatonal que a diario se registra; pero en cambio los gobernantes estatales y municipales (de todos los colores y sabores) prefieren gastar a lo grande en el culto personal, en su promoción en todos los medios habidos y por haber sin importarles que ya estamos hartos de verlos hasta en la sopa.
Doz. La Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) dio a conocer el lunes, que el programa de legalización de 2 millones 897 mil 839 “autos chocolate” iniciado por AMLO en 2022 y finalizado el primer día de este 2026 generó ingresos al gobierno federal por $ 7 mil 302 millones de pesos, mismos que supuestamente serían destinados a la repavimentación de carreteras y calles en diferentes estados del país.
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Al parecer, poco o nada se destinó para las calles y avenidas de Tijuana, o se hizo un trabajo deficiente con materiales de baja calidad, al aventón y solo para la foto, o de plano, el dinero se utilizó para otros fines y fue a dar a otro destino, pero no a la repavimentación de calles como tanto se cacareó.
El anterior ayuntamiento municipal encabezado en Tijuana por Monserrat Caballero presumía en 2024 el programa “Bye bye Baches”, por el cual afirmó haber “rehabilitado” 950 mil 103 mil metros cuadrados de calles. Lo cierto es que se hizo un trabajo muy malo, sin compactación debida y que con las primeras lluvias de ese año y las recientes los baches resurgieron justo donde estaban y se agregaron otros nuevos.

Al respecto, poco ayuda la Comisión Estatal de Servicios Públicos (CESPT), cuyos empleados realizan trabajos relacionados con el agua y el drenaje de la ciudad. Llegan, abren el suelo, pero tardan días, semanas y a veces meses en tapar (solo con tierra) lo que abren porque “es otra cuadrilla la que se encarga de eso.” Como diría mi casi centenaria abuela: “¡Bonita tiznadera!” Abren, pero no tapan como es debido.
Trez. Tijuana ha crecido con poca planeación y mucha improvisación, sus calles y avenidas no son las que deberían ser dada la importancia de nuestra ciudad, y si a eso le agregamos los baches, hoyos, cierre de calles de la noche a la mañana, el trafico vehicular intenso, los malos conductores irrespetuosos de señalamientos y el deficiente trabajo de gobernantes en materia de vialidades y su mantenimiento, pues ya está, los automovilistas seguiremos padeciendo y pagando las reparaciones de nuestros vehículos.
P.D. A la menor lluvia más o menos fuerte, las calles de Tijuana se convierten en toda una aventura… ¡Si existiera un “mentadademadremómetro”!
P.D.2. Parece que al gobierno municipal se le olvida que los servicios públicos deberían ser una de sus funciones principales; no andar de “inaugurador” y posando para las fotos.
Óscar Hernández Espinoza es egresado de la Facultad de Derecho por la UABC y es profesor de Cultura de la Legalidad y de Formación Cívica y Ética en Tijuana.
Correo: [email protected]





