– ¿Por qué a Fidel Castro le decían el semáforo?
– Porque primero estuvo con los rojos (rusos), después con los amarillos (chinos), y al final con los verdes (dólares).
Autor: Anónimo de la Pequeña Habana.
Bebés a domicilio
Una pareja llevaba muchos años de matrimonio y no había logrado tener familia. Tras consultar a varios médicos sin éxito, fueron a ver a un especialista muy renombrado quien, tras muchos estudios, les dijo que la única solución era que buscaran un padre sustituto.
– ¿Y qué es un padre sustituto? Preguntó la señora.
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– Es un hombre seleccionado con mucho cuidado y que hace por una sola vez, las funciones del esposo para que la mujer quede embarazada.
La señora vacila un poco, pero su marido le dice al doctor que él no tiene ningún inconveniente, con tal de ver realizada su ilusión de convertirse en padre.
Pocos días después se contrata a un joven, concertándose una cita para que al siguiente domingo por la mañana, cuando se ausente el marido de la casa, vaya y visite a la señora para cumplir su tarea. Sin embargo, sucedió que un fotógrafo de niños había sido llamado a una casa vecina para retratar a un bebé. Por azar del destino, el hombre se equivocó de domicilio llamando al de la mujer:
– Buenos días señora, vengo por lo del niño.
– Mmmm, sí, pase usted. ¿Le sirvo algo de tomar?
– No, muchas gracias; el alcohol no es bueno para mi trabajo. Lo que quisiera es comenzar cuanto antes.
– Muy bien, ¿le parece si vamos a la habitación?
– Puede ser allí, pero también me gustaría uno aquí en la sala, dos en la alfombra y otro en el jardín.
– ¿Pues cuántos van a ser? Se alarmó la señora.
– Normalmente son cinco en cada sesión, pero si la mamá coopera pueden ser más, todo depende. Dijo mientras sacaba del portafolio un álbum.
– Me gustaría que viera antes algo de lo que he hecho. Tengo una técnica muy especial y única que le ha gustado mucho a mis clientas. Por ejemplo, mire el retrato de este niño tan bonito; lo hice en un parque público, a plena luz del día. ¡Cómo se juntó la gente para verme trabajar! Esa vez me ayudaron dos amigos, porque la señora era muy exigente; con nada le podía yo dar gusto y quedar bien. Para colmo esa vez tuve que suspender el trabajo, porque llegó una ardilla y comenzó a mordisquearme el equipo.
La señora, estupefacta, escuchaba todo esto mientras el fotógrafo continuaba:
– Ahora vea estos mellizos. En esta ocasión sí que me lucí, todo lo hice en menos de cinco minutos. Llegué y ¡plaf!, dos tomas y mire que gemelos me salieron.
La señora estaba cada vez más asustada oyendo al fotógrafo que continuaba:
– Con este niño batallé un poco más, porque la mamá era muy nerviosa. Yo le dije: bien señora, usted mire al otro lado y déjeme hacer todo a mí. Ella se puso de espaldas y así pude hacer mi trabajo.
A esta altura la señora estaba al punto del desmayo. Y el fotógrafo guardando su álbum le dice:
– ¿Quiere que comencemos ya, señora?
– Cuándo usted diga.
– Está bien. Voy a por mí trípode.
– ¿Trípode? Dijo temblando la señora.
– Sí, es que usted sabe; mi aparato es muy grande y necesito un trípode para apoyarlo y estabilizarlo, porque ni con las dos manos puedo sostenerlo bien. ¿Señora? ¿Señora? ¡¡Sseñoraaaaaaaaaaa!!
Autor: Un estudiante de fotografía.
Adivinanza
Dos gallegos se encuentran en un camino.
Uno llevaba una bolsa al hombro.
– ¿Qué tienes en la bolsa? Dice el otro.
– Pollos. Responde el primero.
– Si acierto cuantos llevas, ¿puedo quedarme con uno?
– Si aciertas puedes quedarte con los dos.
– Bueno, pues… ¡Cinco!
Autor: La Pilarica.
Penitencia confusa
– ¿Qué puedo hacer con mis pecados, señor cura?
– Ora…
– Las tres y cuarto, ¿pero qué puedo hacer con mis pecados?
Autor: Un seminarista.
La casa de la abuela
Le preguntaron a un pequeño de seis años dónde vivía su abuela, y él contestó:
– Ah, vive en el aeropuerto; porque cuando la queremos ver vamos a buscarla allí. Luego, cuando se va, la llevamos de nuevo al aeropuerto.
Autor: Un nieto.





