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martes, abril 9, 2024
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20 días en Mariúpol

Mstyslav Chernov es un novelista, fotoperiodista y realizador de cine sumamente talentoso, pero ante todo es un brillante corresponsal de guerra que lo ha visto todo, desde la masacre de Siria hasta la caída de Mosul y, por supuesto, la toma de Mariúpol por la federación rusa, comandada por Vladimir Putin.

Ganador del Pulitzer, del Premio a la Libertad por Deutsche Welle y el Premio Internacional Knight de Periodismo, entre tantos otros reconocimientos, este reportero ucraniano que trabaja para Associated Press y Frontline, ha hecho uno de los documentales más desgarradores e inolvidables de nuestro tiempo; por eso el Óscar de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood tenía que ser suyo y de nadie más.


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Este largometraje, brutal, comprometido y estupendamente narrado desde alguien que ve morir una ciudad, un país, se logró porque cuando Putin anunció la invasión de Ucrania, la prensa internacional se retiró, sin embargo, Chernov y su equipo decidieron quedarse en Mariúpol 20 días, acompañando a los equipos médicos que tratarían de salvar la vida de los civiles a quien el líder ruso dijo que no atacaría, y no obstante, hizo pedazos.

Un conflicto armado no empieza con explosiones, comienza con silencio, explica el autor mientras observa las tanquetas marcadas con una “Z” blanca que para los rusos es el símbolo de la guerra. Luego conocemos a una mujer que espera con terror la llegada de su hijo a casa para tomar decisiones. El periodista le dice que no se preocupe, que los ataques no serán contra la población, sino dirigidos a blancos militares.

Más adelante la encontraremos en un sótano, a salvo, aunque desgarrada por dentro. Esto es apenas el comienzo de lo que habrá de verse en la gran pantalla: doctores entre la desesperación, la urgencia de razonar, y la rabia al ver el cuerpo de una niña de 4 años que no lograron salvar. Después viene un bebé de 18 meses, un adolescente de 16 años que perdió las piernas y enseguida la vida cuando un bombazo cayó en el campo de futbol junto a su escuela mientras jugaba futbol con sus amigos, el padre de Ilya que llora desolado, y más adelante, somos testigos del cuerpo del muchacho rodar entre cadáveres a una fosa común. Chernov reconoce la sábana a rayas que fue su mortaja.


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Qué decir de la madre de 30 años, a punto de dar a luz cuando la artillería pesada destruye el pabellón de maternidad de un hospital. Chernov va a otro nosocomio y pregunta por ella, a quien filmó bañada en sangre de la cintura hacia abajo. Ahí encuentra noticias de la mujer y su bebé que no sobrevivieron: ella tenía, pues, la pelvis echa pedazos. Y justo ahí conocemos a una joven que perdió un pie en el mismo bombardeo y también está por dar a luz. Qué escenas cuando alguien vive entre tantos muertos.

El director piensa en su familia, en sus hijas que no han conocido más que la guerra. Recorre las calles cada vez más devastadas de la ciudad, recopila imágenes de mascotas muertas, de viviendas que días atrás aún existían, de padres desesperados por sus hijos, de hijas que protegen a sus padres, de personas que lo pierden todo, de los que saquean y de la policía que condena lo que considera una conducta de autodestrucción. Por qué habrán de romper las ventanas de los lugares en donde viven, de qué sirve robarse una pelota cuando ya nadie va a jugar en Mariúpol.

Esta descripción apenas resume algunos momentos de estos 20 días que registran un genocidio que continúa, al tiempo en que el mundo se salva y deja a Ucrania a su suerte. 20 días en el ocaso de Mariúpol, la ciudad que tardó 86 amaneceres en sucumbir ante la crueldad y la psicosis de Putin.

En todo momento a Chernov le preocupaba no tener señal de internet para enviar las pruebas que los medios oficiales en Rusia negaban, para que todos fuéramos testigos del exterminio. Lo logró, primero, a través de las notas periodísticas de la AP, y luego con este documental que es capaz de cambiar la percepción de una guerra y de asimilar la tragedia ucraniana porque, a fin de cuentas, eso es lo que hace el arte. ****

Punto final.- Quienes aún no hayan visto “Oppenheimmer” y “La zona de interés”, tienen dos grandes tareas pendientes.

Autor(a)

Gabriela Olivares
Gabriela Olivares
Gabriela Olivares Torres Gabriela Olivares Torres GabrielaOlivares 10 gabriela@zeta.com
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