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domingo, agosto 30, 2026
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Unos de Pepito

— Pepito, ¿qué signo es tu madre?

“Pues debe ser de exclamación, ¡porque pasa todo el día gritándome!”.

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*

— ¡Profe, profe! ¡Usted me recuerda al mar!

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“Ay, Pepito, ¡qué cosa dices! ¿Por qué?”.

— ¡Porque me marea!

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*

— Pepito, ¿sabes lo que es el estudio?

“Sí, mamá; el alimento de la mente”.

— ¡Exacto!

“Pero hoy estoy a dieta…”.

*

— Pepito, ¿de dónde se extrae el azúcar?

“¡Del azucarero, maestra!”.

Autor: Jaimito.

Pecas

Era un niño pecoso, tan pecoso, que un día al confesarse el cura pregunta:

— ¿Pecas, hijo?

“Sí, Padre. ¡Hasta en la planta de los pies!”.

*

¿Qué le dice un pecoso a otro pecoso?
Te gano por puntos.

Autor: Un niño cara pálida.

Máquina misteriosa

El jefe tiene un paquete de papeles frente a la nueva trituradora de documentos. Se le ve desconcertado. Observa por un lado y por el otro. En eso pasa el empleado más trucha de la empresa y, muy amablemente, le ofrece ayuda, toma el paquete de papeles, los coloca en la ranura y ¡TRRRRRRRRR! Se oye el sonido de los papeles cuando se hacen trizas.
El empleado dice al jefe:

“¿Ve qué fácil es? No tiene más chiste, jefe”.
No muy convencido, el jefe observa la máquina por todos los lados y pregunta:

“¿Y por dónde salen las fotocopias?”.

Autor: Ex empleado.

Consejo médico

Un anciano va al médico:

— Doctor, ¿puede recetarme algo para tener actividad nocturna todos los días? Que no sean esas pastillitas azules, porque tengo problemas de corazón.

“Pues no, no puedo recetarle nada”.

— Es que tengo un amigo que tiene 90 años como yo y tampoco puede tomar nada de esos medicamentos, pero dice que está muy activo todas las noches.

“¡Pues dígalo usted también!”.

Autor: Uno de 95.

25 años de casados

Una mujer en el 25 Aniversario de su matrimonio, con mucha ilusión esa noche, se viste de lencería fina, con medias, ligueros y tacones de aguja incluidos, se pinta radiante y se pone de ese perfume intenso; entra insinuante en la habitación y se planta frente a su marido, que está tumbado frente al televisor, leyendo el periódico:

“Cariño, ¿recuerdas cuando nos casamos un día como hoy, hace 25 años? Aquella noche de bodas me dijiste: Te voy a besar hasta que te llenes de arrugas. Te voy a acariciar las nalgas hasta que todo se te caiga. Te voy a amar hasta que te vuelvas loca. ¿No tienes nada que decirme hoy, 25 años después?”.

Pensativo, él la mira de arriba a abajo y le dice:

“Misión cumplida”.

Autor: Ex marido.

Pruebas a un borracho

Un borracho va en el auto dando bandazos de lado a lado, por lo que una patrulla lo detiene. Al salir del carro, el agente le informa que hará un control de alcoholemia. El borracho dice:

“No puedo, ya que tengo un asma muy grave y esto puede desencadenar un ataque”.
El policía le replica:

— Entonces le tendremos que hacer un análisis de sangre.
“Eso no va a poder ser, ya que soy hemofílico y, si una herida está abierta, puede ser que muera desangrado”.

— Entonces me tendrá que dar una muestra de orina.
“No, ya que tengo diabetes, eso podría subirme el azúcar y causarme la muerte”.

— Entonces salga del vehículo y camine en línea recta para realizarle el test de equilibrio.

“Imposible. Eso no se va a poder”.

— ¿Y por qué no?

“¡Pues porque estoy borracho!”.

Autor: Un ebrio.

Elefantes

— ¿Sabes por qué los elefantes se pintan los pies de amarillo?
“Para esconderse dentro de los frascos de mostaza”.

— ¿Has visto alguna vez un elefante en un tarro de mostaza?

“No…”.

— ¿Ves cómo funciona?

Autor: Mejor así lo dejamos.

Concurso de aves

En un concurso de aves participan un francés, un inglés y un español.

El francés lleva un halcón, le quita la capuchita y lo suelta a volar. A los pocos segundos el halcón está considerablemente alto, saca una pajita del bolsillo y la tira al aire, baja en picada alcanzando una velocidad de 120 kilómetros y logra recoger la pajita antes de que esta caiga al suelo. Le dan 8 puntos.
Ahora toca el turno al inglés, quien lleva un águila real, le quita la capucha, la suelta a volar y cuando está muy alto, saca una pajita, la parte en dos y la tira al aire; el águila baja en picada a velocidad de 160 kilómetros y recoge los dos pedazos de pajita antes de que toquen el suelo. Le otorgan 9 puntos.

Toca el turno al español, quien lleva un lorito de su casa y se le escucha gritar:

“¡Quítame ya esta porquería de la cabeza, que no veo nada!”.
Cuando lo hace, el loro se escapa a volar, cuando va muy alto, el amo saca una pajita, la parte en tres y la tira al aire; el loro baja en picada y alcanza la vertiginosa velocidad de 240 kilómetros. Cuando se va acercando al suelo, le grita al dueño español:

“¡Tira más paja, tira más paja, desgraciado, me voy a matar!”.

Autor: Un especialista en aves exóticas.

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